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LOS EMPLEADOS Y EL SANTO PADRE

Saludos Navideños entre el Papa y empleados del Vaticano


(RV).- Con gran alegría, el Papa Francisco dio su cordial bienvenida a los empleados del Vaticano y a sus familiares con motivo del encuentro para el intercambio de felicitaciones navideñas.
«¡Les deseo a todos que sus corazones estén llenos de misericordia, llenos de la gracia del Jubileo que Jesús viene a reencender en nosotros!»
«Un hermoso momento en familia», porque es la ocasión para reunirnos todos juntos, también con sus familiares, esposas y esposos, hijos, padres, que a menudo son abuelos… destacó el Santo Padre
«En primer lugar, quiero agradecer con ustedes al Señor por todos sus dones», dijo el Papa, destacando que en realidad «el verdadero regalo de Navidad que nos da el Padre es Jesús», «su Hijo hecho hombre y nacido de la Virgen María».
Acción de gracias a Dios por el trabajo y oración y compromiso por los desempleados y las injusticias laborales en todo el mundo
Invitando asimismo a dar gracias a Dios por el don del trabajo y alentando a rezar por todos los que no tienen empleo en Italia y en todo el mundo y por las tristes realidades del subempleo y de la explotación laboral, el Sucesor de Pedro recordó, con el Evangelio y la Doctrina social de la Iglesia, la importancia de impulsar la tutela de los derechos laborales:
«Y hoy queremos agradecer a Dios ante todo por el don del trabajo. El trabajo es importantísimo, tanto para la misma persona que trabaja, como para su familia. Y, mientras agradecemos, oremos por las personas y sus familias que - en Italia y en todo el mundo - no tienen trabajo, o que, tantas veces, tienen trabajos no dignos, mal pagados, dañinos para la salud… Siempre tenemos que agradecer a Dios por el trabajo. Y debemos comprometernos, cada uno con su propia responsabilidad, en hacer que el trabajo sea digno, que respete a la persona y a la familia, que sea justo. Y aquí en el Vaticano tenemos un motivo más para hacerlo, tenemos el Evangelio y debemos seguir las directrices de la Doctrina social de la Iglesia.
Aquí en el Vaticano yo no quiero trabajos que no estén en esta senda. Nada de trabajo en negro, nada de subterfugios».
En este contexto, el Papa Francisco quiso expresar su gratitud personal a todos y a cada uno de los que trabajan en el Vaticano:
«Por mi parte, hoy quiero agradecerles por su trabajo. Agradezco a cada uno de ustedes, a cada uno, por el empeño que pone cada día en el desarrollo de su trabajo, intentando hacerlo bien, aunque a veces no se sienta bien o tenga preocupaciones familiares… Una cosa linda del Vaticano es que, al ser una realidad muy pequeña, se logra percibir en su conjunto, con las diversas tareas que forman el conjunto, y cada una es importante».
«Este año que hemos vivido ha sido un año especial: ha sido el Año Santo de la Misericordia».

El Papa destacó que la Navidad nos recuerda la gracia del Jubileo vivido juntos y la misericordia derramada por el Señor, gracia que no terminó con el Año Santo:
«¡No! Esta gracia está dentro de nosotros, para que la hagamos fructificar en la vida de cada día, tanto en familia, como en el trabajo, por doquier. La Navidad nos la recuerda: ‘La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña… a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad’ (Tt 2, 11-12), así dice San Pablo. La ‘gracia de Dios’ ‘se ha manifestado’ en Jesús, Él es el Amor de Dios encarnado, por obra del Espíritu Santo. Y este mismo Espíritu lo hemos recibido todos en el Bautismo y en la Confirmación; pero debemos invocarlo cada día, despertar la acción del Espíritu en nosotros, para vivir en este mundo – también este pequeño mundo del Vaticano – ‘con sobriedad, justicia y paz’.
Antes de su bendición e invocando para todos el amparo de la Virgen María, el Papa reiteró su agradecimiento y pidió llevar su saludo especial a los niños y a los ancianos, con una oración también por los enfermos.

LA TRANSMISIÓN DARÁ INICIO A LAS 17:25hs

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.