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Dolor del Papa Francisco
Se manifiesta su pesar ante las víctimas del accidente aéreo en Colombia.
“Pido fortaleza y un pronto restablecimiento para los heridos, ánimo y consolación para todos los afligidos por esta tragedia”, son las palabras de consuelo del Papa Francisco luego del trágico accidente aéreo ocurrido en Colombia, la noche del pasado lunes, en el que un avión se estrelló y murieron más de 70 personas. En el avión, procedente de Santa Cruz (Bolivia) viajaba el equipo brasileño del Chapecoense que este miércoles iba a disputar la final de la Copa Sudamericana con el Atlético Nacional de Medellín.
En un telegrama, firmado por el Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Pietro Parolin, y enviado al Cardenal Sergio Da Rocha, Arzobispo de Brasilia y Presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, el Santo Padre manifiesta su “consternación por la trágica noticia del accidente aéreo en Colombia, que ha causado numerosas víctimas”. Asimismo, el Papa Francisco pide al Arzobispo de Brasilia que, “transmita sus condolencias y participación en el dolor” por los fallecidos. Además, el Pontífice “los encomienda a Dios Padre de misericordia”, y pide “fortaleza y un pronto restablecimiento para los heridos, ánimo y consolación para todos los afligidos por esta tragedia” y, envía a cuantos están sufriendo su bendición apostólica.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)

TRANSMICIÓN EN VIVO DESDE EL ESTADIO 
NUESTRO MÁS SENTIDO PÉSAME A NUESTROS HERMANOS DE BRASIL Y A TODAS SUS FAMILIAS ORAMOS Y REZAMOS POR USTEDES. 
El tweet del Papa: 
“Recordamos hoy al Beato Charles de Foucauld"


“Hoy recordamos al Beato Charles de Foucauld, quien decía: la fe es ver a Jesús en cada ser humano”, lo escribe está mañana el Papa Francisco en su cuenta oficial de twitter @Pontifex, en el día en el que se recuerda el Centenario del asesinato del Beato francés, ocurrido en Argelia, el 1 de diciembre de 1916.

Asimismo, durante la celebración de la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta, el Pontífice recordó la figura de este hombre que siguiendo a Jesús, ha querido ser un Evangelio viviente. Era “un hombre – dijo el Papa – que ha vencido muchas resistencias y ha dado un testimonio que ha hecho bien a la Iglesia. Pidamos que nos bendiga desde el cielo y nos ayude a caminar sobre sus hormas de pobreza, contemplación y servicio a los pobres”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)
Pide el Papa al Congreso mundial de Pastoral para estudiantes internacionales
Impulsen un mundo más humano y de paz. 

(RV).- El que tiene el «don de estudiar tiene también la responsabilidad de estar al servicio del bien de la humanidad», señaló el Papa exhortando a los que enseñan y a los agentes pastorales a «formar jóvenes sedientos de verdad y no de poder», que «vivan la misericordia y la caridad, pilares fundamentales para una sociedad más sana».
Al recibir a los participantes en el IV Congreso mundial de Pastoral para los estudiantes internacionales - organizado por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes - que culminó con este encuentro con el Obispo de Roma, el Santo Padre reflexionó sobre el tema que han estado tratando: «La Evangelii Gaudium del Papa Francisco y los desafíos morales en el mundo de los estudiantes internacionales hacia una sociedad más sana».
Con su alegría y cordial bienvenida, el aliento del Papa a los jóvenes estudiantes ante los numerosos desafíos de nuestro tiempo, que «se pueden superar con la ayuda de Dios» y la «voluntad sincera de hacer el bien», escuchando la «voz del Espíritu de Cristo»:
«A la concepción moderna del intelectual, comprometido en la realización de sí mismo y en la búsqueda de reconocimientos personales, a menudo sin tener en cuenta al prójimo, es necesario contraponer un modelo más solidario, que se esmere por el bien común y por la paz. Sólo así el mundo intelectual se vuelve capaz de construir una sociedad más sana. El que tiene el don de poder estudiar tiene también una responsabilidad de servicio por el bien de la humanidad».
El Papa Francisco recordó que las escuelas y las universidades son lugar privilegiado para la consolidación de conciencias sensibles hacia un desarrollo más solidario y un compromiso de evangelización de forma interdisciplinar e integrada (cfr. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 134).
Y ésta fue su exhortación:
«Los exhorto a ustedes, profesores y agentes pastorales a infundir en los jóvenes el amor al Evangelio, el anhelo de vivirlo concretamente y de anunciarlo a los demás. Es importante que el periodo transcurrido en el exterior se vuelva una ocasión de crecimiento humano y cultural para los estudiantes y que sea para ello un punto de partida para volver a su país de origen para dar una contribución cualificada y también con un impulso interior para transmitir la alegría de la Buena Noticia. Es necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en los valores (cfr. Ibid 64). De este modo, se forman jóvenes sedientos de verdad y no de poder, listos para defender los valores y para vivir la misericordia y la caridad, pilares fundamentales para una sociedad más sana».
Tras poner en guardia contra la globalización de la indiferencia, que nos hace incapaces de compadecernos ante el grito de dolor de los demás, el Papa hizo hincapié en su invitación a custodiarnos los unos a los otros, sin olvidar la creación:
«Ustedes los estudiantes, pasando algún tiempo lejos de sus países, en familias y contextos diferentes, pueden desarrollar una importante capacidad de adaptación aprendiendo a ser custodios de los demás como hermanos y de la creación como casa común. Ello es decisivo para hacer que el mundo se vuelva más humano. Los caminos formativos pueden acompañar y orientar a los jóvenes estudiantes en esta dirección. Y lo pueden hacer con la frescura de la actualidad y la audacia del Evangelio, para formar nuevos evangelizadores listos para contagiar al mundo con la alegría de Cristo, hasta los confines de la tierra».
Evocando a Juan Pablo II, el Papa Francisco renovó su invitación:
«Queridos jóvenes, a San Juan Pablo II le gustaba llamarlos ‘centinelas de la mañana’. Los aliento a serlo cada día, con la mirada dirigida a Cristo y a la historia. Así lograrán anunciar la salvación de Jesús y llevar su luz a un mundo, demasiado a menudo oscurecido por las tinieblas de la indiferencia, del egoísmo y de la guerra. Los encomiendo a la maternal protección de María Santísima nuestra Madre. Los bendigo a ustedes, sus estudios, su amistad y su compromiso misionero. Y por favor, no se olviden de rezar por mí».

Mensaje del Papa a Bartolomé I en la fiesta de San Andrés: 
Signos visibles de los lazos que ya nos unen

(RV).- En la fiesta de San Andrés, Patrono de la Iglesia de Constantinopla, el Papa Francisco dirigió un mensaje al hermano Bartolomé I que junto a todo el Patriarcado hoy celebra a su santo Patrono. Como cada año, también en esta ocasión una delegación de la Santa Sede, encabezada por el Cardenal Kurt Koch, se encuentra en Estambul por la Fiesta del Patriarcado Ecuménico. Una visita que el Patriarcado devuelve cada 29 de junio enviando a Roma una delegación por la Fiesta de los Santos Patronos Pedro y Pablo. En el mensaje transmitido al Patriarca, Francisco recuerda la importancia de este intercambio de delegaciones que es “un signo visible de los vínculos profundos” que ya unen a las dos Iglesias y que “es también expresión de nuestro anhelo de una comunión cada vez más profunda, hasta el día en que, si Dios quiere, podamos testimoniar nuestro amor el uno por el otro compartiendo la misma mesa eucarística”. El Pontífice señala que en el camino hacia esta meta, están sostenidos por la intercesión de estos santos patronos y por los mártires de toda toda época.

El Obispo de Roma se refiere además al mensaje de compromiso por el logro de la unidad, confirmado por el Gran y Santo Concilio celebrado en junio pasado en Creta, que define “fuente de verdadero estímulo” para los católicos.

En el mensaje, el Papa expresa asimismo su reconocimiento a Bartolomé I que “nunca se ha cansado de apoyar las iniciativas que fomentan el encuentro y el diálogo” a pesar de las dificultades existentes para la unidad. Y recordando la historia de las relaciones entre los cristianos, marcada por conflictos que han dejado una profunda impresión en la memoria de algunos que se aferran a las actitudes del pasado, el Papa indica “la oración, las buenas obras comunes y el diálogo” para superar “la división y acercarnos unos a otros”.

“Gracias al proceso de diálogo - evidencia Francisco - en las últimas décadas los católicos y los ortodoxos han empezado a reconocerse como hermanos y hermanas, a valorar mutuamente los dones y juntos han proclamado el Evangelio, han servido a la humanidad y la causa de la paz, han promovido la dignidad del ser humano y el valor inestimable de la familia, han cuidado de los más necesitados, así como de la creación, nuestro hogar común. Una comprensión recíproca a la que ha contribuido - agrega el Papa - el diálogo teológico llevado a cabo por la Comisión Internacional Conjunta así como el reciente documento "Sinodalidad y Primacía en el Primer Milenio. Hacia un entendimiento común al servicio de la unidad de la Iglesia".

Francisco reconoce que quedan muchas preguntas, pero considera que “esta reflexión compartida sobre la relación entre sinodalidad y primacía en el primer milenio puede ofrecer un fundamento seguro para discernir las maneras en que se puede ejercer la primacía en la Iglesia cuando finalmente se reconcilien todos los cristianos de Oriente y Occidente”.

Finalmente, el Santo Padre recuerda “con gran cariño” el reciente encuentro con el Patriarca en Asís, así como con otros cristianos y representantes de tradiciones religiosas “reunidos para lanzar un llamamiento unitario por la paz en todo el mundo". “Una feliz oportunidad para profundizar nuestra amistad, asevera el Papa, que se expresa en una visión compartida de las grandes cuestiones que afectan la vida de la Iglesia y de toda la sociedad”.

Catequesis del Papa:

“Oremos todos como una misma familia”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con la catequesis de hoy concluimos el ciclo dedicado a la misericordia. Pero la misericordia debe continuar, ¡eh!, las catequesis terminan. Agradezcamos al Señor por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza.
La última obra de misericordia espiritual pide rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. A esta podemos unir también la última obra de misericordia corporal que invita a enterrar a los muertos. Puede parecer una petición extraña esta última; en cambio, en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos de día y de noche siembran temor y víctimas inocentes, esta obra es tristemente actual. La Biblia tiene un hermoso ejemplo al respecto: aquel del viejo Tobías, quien, arriesgando su propia vida, sepultaba a los muertos no obstante la prohibición del rey (Cfr. Tob 1,17-19; 2,2-4). También hoy existen algunos que arriesgan la vida para dar sepultura a las pobres víctimas de las guerras. Por lo tanto, esta obra de misericordia corporal no es ajena a nuestra existencia cotidiana. Y nos hace pensar a lo que sucede el Viernes Santo, cuando la Virgen María, con Juan y algunas mujeres estaban ante la cruz de Jesús. Después de su muerte, fue José de Arimatea, un hombre rico, miembro del Sanedrín pero convertido en discípulo de Jesús, y ofreció para él un sepulcro nuevo, escavado en la roca. Fue personalmente donde Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús: una verdadera obra de misericordia hecha con gran valentía (Cfr. Mt 27,57-60). Para los cristianos, la sepultura es un acto de piedad, pero también un acto de gran fe. Depositamos en la tumba el cuerpo de nuestros seres queridos, con la esperanza de su resurrección (Cfr. 1 Cor 15,1-34). Es este un rito que perdura muy fuerte y apreciado en nuestro pueblo, y que encuentra repercusiones especiales en este mes de noviembre dedicado en particular al recuerdo y a la oración por los difuntos.
Rogar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor por habérnoslos donado y por su amor y su amistad. La Iglesia ruega por los difuntos en modo particular durante la Santa Misa. Dice el sacerdote: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz» (Canon romano). Un recuerdo simple, eficaz, lleno de significado, porque encomienda a nuestros seres queridos a la misericordia de Dios. Oremos con esperanza cristiana que estén con Él en el paraíso, en la espera de encontrarnos juntos en ese misterio de amor que no comprendemos, pero que sabemos que es verdad porque es una promesa que Jesús ha hecho. Todos resucitaremos y todos permaneceremos por siempre con Jesús, con Él.
El recuerdo de los fieles difuntos no debe hacernos olvidar también de rogar por los vivos, que junto a nosotros cada día enfrentan las pruebas de la vida. La necesidad de esta oración es todavía más evidente si la ponemos a la luz de la profesión de fe que dice: «Creo en la comunión de los santos». Es el misterio que expresa la belleza de la misericordia que Jesús nos ha revelado. La comunión de los santos, de hecho, indica que todos estamos inmersos en la vida de Dios y vivimos en su amor. Todos, vivos y difuntos, estamos en la comunión, es decir, unidos todos, ¿no?, como una unión; unidos en la comunidad de cuantos han recibido el Bautismo, y de aquellos que se han nutrido del Cuerpo de Cristo y forman parte de la gran familia de Dios. Todos somos de la misma familia, unidos. Y por esto oramos los unos por los otros.
¡Cuántos modos diversos existen para orar por nuestro prójimo! Son todos válidos y aceptados por Dios si son hechos con el corazón. Pienso en modo particular en las mamás y en los papás que bendicen a sus hijos en la mañana y en la noche – todavía existe esta costumbre en algunas familias, bendecir al hijo es una oración; pienso en la oración por las personas enfermas, cuando vamos a visitarlos y oramos por ellos; en la intercesión silenciosa, a veces con las lágrimas, en tantas situaciones difíciles, orar por estas situaciones difíciles. Ayer ha venido a Misa en Santa Marta un buen hombre, un empresario. Pero debía cerrar su fábrica porque no podía y lloraba este hombre, joven, lloraba y decía: “Yo no puedo dejar sin trabajo a más de 50 familias. Yo podría declarar la bancarrota de la empresa, yo me voy a casa con mi dinero, pero mi corazón llorará toda la vida por estas 50 familias”. ¡Este es un buen cristiano! Ora con las obras, ora: ha venido a misa a orar para que el Señor le dé una salida, no solo para él, él lo tenía: el fracaso. No, no por él: por las 50 familias. Este es un hombre que sabe orar, con el corazón y con los hechos, sabe orar por el prójimo. Es una situación difícil. Y no busca la vía de salida más fácil: “Que ellos vean”, no. Este es un cristiano. Me ha hecho mucho bien escucharlo, mucho bien. Y tal vez existen muchos así, hoy, en este momento en el cual tanta gente sufre por la falta de trabajo; pienso también en el agradecimiento por una bella noticia que se refiere a un amigo, un pariente, un compañero… “ìGracias, Señor, por esta cosa bella!, también esto es orar por los demás, así. Agradecer al Señor cuando las cosas son hermosas.  A veces, como dice San Pablo, «no sabemos orar como es debido; pero es el Espíritu que intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26). Es el Espíritu que ora dentro de nosotros. Abramos, pues, nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo, escrutando los deseos que están en lo más profundo, los pueda purificar y llevar a cumplimiento. De todos modos, por nosotros y por los demás, pidamos siempre que se haga la voluntad de Dios, como en el Padre Nuestro, porque su voluntad es seguramente el bien más grande, el bien de un Padre que no nos abandona jamás: orar y dejar que el Espíritu Santo ore por nosotros. Y esto es bello en la vida: ora agradeciendo, alabando a Dios, pidiendo algo, llorando cuando hay alguna dificultad, como aquel hombre, muchas cosas. Pero siempre el corazón abierto al Espíritu porque ora por nosotros, con nosotros y por nosotros.
Concluyendo estas catequesis sobre la misericordia, comprometámonos a orar los unos por los otros para que las obras de misericordia corporales y espirituales se conviertan siempre más en el estilo de nuestra vida. Las catequesis, como he dicho al inicio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Homilía del Papa: 
Elegir alejarse del Señor es la condenación eterna.


Elegir alejarse del Señor es la condenación eterna. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre advirtió que no hay que dialogar jamás con el diablo, seductor y estafador, sino que hay que acercarse al último encuentro con el Señor, en el día del Juicio, con corazón humilde.
En estos dos últimos días del año litúrgico, la Iglesia lleva a cumplimiento la reflexión sobre el fin del mundo y el Pontífice aludió a este tema a partir de la primera Lectura del Apocalipsis de Juan. ¿Cómo será el Juicio Universal y el encuentro final con Jesús?
El diablo, es el seductor que nos arruina la vida, de modo que jamás hay que dialogar con él
La primera imagen del Apóstol es el juicio del “dragón, la serpiente antigua, que es el diablo”, al que el ángel venido del cielo arroja en el abismo, encadenado, “para que ya no seduzca a las naciones: porque él es el seductor, subrayó el Obispo de Roma:
“Él es mentiroso, es más, es el padre de la mentira, él genera mentiras, es un estafador. Te hace creer que si comes esta manzana serás como un Dios. Te la vende así y tú la compras, y al final te estafa, te engaña, te arruina la vida. ‘Pero, padre, ¿cómo podemos hacer nosotros para no dejarnos engañar por el diablo?’. Jesús nos enseña: jamás dialogar con el diablo. Con el diablo no se dialoga. ¿Qué hacía Jesús con el diablo? Lo expulsaba, le preguntaba el nombre pero no dialogaba”.
En efecto, también en el desierto – subrayó el Papa – Jesús “jamás usó una palabra propia porque estaba muy consciente del peligro”. “En las tres respuestas que ha dado al diablo, se ha defendido con la Palabra de Dios”, la “Palabra de la Biblia”. Por tanto, jamás dialogar con este “mentiroso” y “estafador” – reafirmó Francisco – “que busca nuestra ruina” y que por esta razón “será arrojado al abismo”.
En la página del Apocalipsis aparecen después las almas de los mártires, los “humildes” – observó el Papa Bergoglio –  que han testimoniado a Jesucristo y no han adorado al diablo y a sus secuaces, “el dinero, la mundanidad, la vanidad”, dando la vida por esto.
La condenación es lejanía de Dios, no una sala de tortura
El Señor juzgará a grandes y pequeños por sus obras, se lee también en el Apocalipsis, y los condenados son arrojados en el “lago de fuego”. Francisco se detuvo a considerar esta “segunda muerte” diciendo:
“La condenación eterna no es una sala de tortura, ésta es una descripción de esta segunda muerte: es una muerte. Y aquellos que no serán recibidos en el Reino de Dios es porque no se han acercado al Señor. Son aquellos que siempre han ido por su camino, alejándose del Señor y pasan ante el Señor y se alejan solos. Es la condenación eterna, es este alejarse continuamente de Dios. Es el dolor cada vez más grande, un corazón insatisfecho, un corazón que ha sido hecho para encontrar a Dios, pero por la soberbia, por estar seguro de sí mismo se aleja de Dios”.
Lejanía para siempre del “Dios que da la felicidad”, del “Dios que nos quiere mucho”, éste es el “fuego” – reafirmó el Sucesor de Pedro –  éste es “el camino de la condenación eterna”. Pero la última imagen del Apocalipsis abre a la esperanza, al igual que Francisco.
Abrir el corazón a Jesús con humildad da la salvación
Si “abrimos nuestros corazones”, como nos pide Jesús,  y no vamos por nuestro camino, tendremos “la alegría y la salvación”. “Cielo y tierra nuevos” de los que se narra en la primera Lectura. Por tanto, dejarse “acariciar” y “perdonar” por Jesús, sin el orgullo, sino con la esperanza, fue su invitación final:
“La esperanza que abre los corazones al encuentro con Jesús. Esto nos espera: el encuentro con Jesús. ¡Es bello, es muy bello! Y Él sólo nos pide que seamos humildes y que digamos: ‘Señor. Bastará aquella palabra y Él hará el resto”.
Papa Francisco
Santa Misa en honor de Nuestra Señora de Guadalupe


También este año, y por tercer año consecutivo, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la Basílica Vaticana el día 12 de diciembre en honor de Nuestra Señora de Guadalupe.
Tal como informa la Pontificia Comisión para América Latina, el Santo Padre hizo llegar a la CAL a través de su Presidente, el Cardenal Marc Ouellet, su deseo de presidir nuevamente esta festividad en el día en que millones de católicos en todo el mundo rinden honor a quien es Patrona de América y de las Filipinas. "La Eucaristía se celebrará a las 18.00 y estará precedida del rezo del Santo Rosario a las 17.15 y del tradicional ingreso de banderas en representación de los diversos países que son devotos de la Virgen. Se prevé una participación masiva de fieles, especialmente provenientes de las comunidades latinoamericanas y de las Filipinas en Roma, y de numerosos Cardenales, Obispos, religiosos, religiosas, miembros de la Curia Romana y del cuerpo diplomático".
La Comisión para América prosigue el comunicado de prensa recordando al Papa Emérito Benedicto XVI, quien en 2011 aceptara celebrar por primera vez esta Fiesta en la Basílica de San Pedro. "En aquella ocasión la Misa fue acompañada por los cantos de la Misa Criolla, del compositor argentino Ariel Ramírez, interpretada por jóvenes del Coro Musica Nova", mientras que tres años después, también el Papa Francisco, "expresó su deseo de celebrar nuevamente la Eucaristía en honor de 'la morenita', y en dicha ocasión un grupo de músicos venidos de argentina, con el apoyo de la Presidencia de dicho país, interpretaron nuevamente la Misa Criolla junto al coro juvenil "Musica Nova", dirigidos esta vez por el hijo del compositor Ariel Ramírez, quien vino especialmente para la ocasión, considerando que se cumplían 50 años desde que dicha Misa fuera interpretada en el Vaticano en presencia del Papa Pablo VI".
Tras rememorar la Santa Misa en honor de la Virgen de Guadalupe en 2015, en la cual el pontífice anunció su visita apostólica a México, la CAL manifiesta su alegría por la noticia de la celebración del Santo Padre de este año, la cual "se suma a la dicha por la reciente canonización de dos nuevos Santos para América Latina, la del sacerdote argentino José Gabriel del Rosario, el "cura Brochero", y la del joven mártir mesicano José Sánchez del Río".
"En esta oportunidad la Santa Misa será acompañada por algunos cantos litúrgicos muy antiguos, compuestos en lenguas indígenas, entre ellos un bellísimo himno dedicado a la Virgen de Guadalupe compuesto en 'nahuatl', la lengua del 'Nican Mopohua', que contiene el relato de las apariciones de Nuestra Señora al indio San Juan Diego, así como otras piezas antiguas en quechua, mapuche y guaraní. El Coro de la Capilla Sixtina, oficial de las celebraciones pontificias en la Basílica, se combinará con la participación del Coro Latinoamericano, dirigido por el Maestro Eduardo Notrica".

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.