CARTELERA

muy pronto... COBERTURA EXCLUSIVA DESDE EL SANTUARIO DE SAN NICOLÁS

domingo, 27 de noviembre de 2016

Homilía del Papa: 
Elegir alejarse del Señor es la condenación eterna.


Elegir alejarse del Señor es la condenación eterna. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Santo Padre advirtió que no hay que dialogar jamás con el diablo, seductor y estafador, sino que hay que acercarse al último encuentro con el Señor, en el día del Juicio, con corazón humilde.
En estos dos últimos días del año litúrgico, la Iglesia lleva a cumplimiento la reflexión sobre el fin del mundo y el Pontífice aludió a este tema a partir de la primera Lectura del Apocalipsis de Juan. ¿Cómo será el Juicio Universal y el encuentro final con Jesús?
El diablo, es el seductor que nos arruina la vida, de modo que jamás hay que dialogar con él
La primera imagen del Apóstol es el juicio del “dragón, la serpiente antigua, que es el diablo”, al que el ángel venido del cielo arroja en el abismo, encadenado, “para que ya no seduzca a las naciones: porque él es el seductor, subrayó el Obispo de Roma:
“Él es mentiroso, es más, es el padre de la mentira, él genera mentiras, es un estafador. Te hace creer que si comes esta manzana serás como un Dios. Te la vende así y tú la compras, y al final te estafa, te engaña, te arruina la vida. ‘Pero, padre, ¿cómo podemos hacer nosotros para no dejarnos engañar por el diablo?’. Jesús nos enseña: jamás dialogar con el diablo. Con el diablo no se dialoga. ¿Qué hacía Jesús con el diablo? Lo expulsaba, le preguntaba el nombre pero no dialogaba”.
En efecto, también en el desierto – subrayó el Papa – Jesús “jamás usó una palabra propia porque estaba muy consciente del peligro”. “En las tres respuestas que ha dado al diablo, se ha defendido con la Palabra de Dios”, la “Palabra de la Biblia”. Por tanto, jamás dialogar con este “mentiroso” y “estafador” – reafirmó Francisco – “que busca nuestra ruina” y que por esta razón “será arrojado al abismo”.
En la página del Apocalipsis aparecen después las almas de los mártires, los “humildes” – observó el Papa Bergoglio –  que han testimoniado a Jesucristo y no han adorado al diablo y a sus secuaces, “el dinero, la mundanidad, la vanidad”, dando la vida por esto.
La condenación es lejanía de Dios, no una sala de tortura
El Señor juzgará a grandes y pequeños por sus obras, se lee también en el Apocalipsis, y los condenados son arrojados en el “lago de fuego”. Francisco se detuvo a considerar esta “segunda muerte” diciendo:
“La condenación eterna no es una sala de tortura, ésta es una descripción de esta segunda muerte: es una muerte. Y aquellos que no serán recibidos en el Reino de Dios es porque no se han acercado al Señor. Son aquellos que siempre han ido por su camino, alejándose del Señor y pasan ante el Señor y se alejan solos. Es la condenación eterna, es este alejarse continuamente de Dios. Es el dolor cada vez más grande, un corazón insatisfecho, un corazón que ha sido hecho para encontrar a Dios, pero por la soberbia, por estar seguro de sí mismo se aleja de Dios”.
Lejanía para siempre del “Dios que da la felicidad”, del “Dios que nos quiere mucho”, éste es el “fuego” – reafirmó el Sucesor de Pedro –  éste es “el camino de la condenación eterna”. Pero la última imagen del Apocalipsis abre a la esperanza, al igual que Francisco.
Abrir el corazón a Jesús con humildad da la salvación
Si “abrimos nuestros corazones”, como nos pide Jesús,  y no vamos por nuestro camino, tendremos “la alegría y la salvación”. “Cielo y tierra nuevos” de los que se narra en la primera Lectura. Por tanto, dejarse “acariciar” y “perdonar” por Jesús, sin el orgullo, sino con la esperanza, fue su invitación final:
“La esperanza que abre los corazones al encuentro con Jesús. Esto nos espera: el encuentro con Jesús. ¡Es bello, es muy bello! Y Él sólo nos pide que seamos humildes y que digamos: ‘Señor. Bastará aquella palabra y Él hará el resto”.
Papa Francisco
Santa Misa en honor de Nuestra Señora de Guadalupe


También este año, y por tercer año consecutivo, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la Basílica Vaticana el día 12 de diciembre en honor de Nuestra Señora de Guadalupe.
Tal como informa la Pontificia Comisión para América Latina, el Santo Padre hizo llegar a la CAL a través de su Presidente, el Cardenal Marc Ouellet, su deseo de presidir nuevamente esta festividad en el día en que millones de católicos en todo el mundo rinden honor a quien es Patrona de América y de las Filipinas. "La Eucaristía se celebrará a las 18.00 y estará precedida del rezo del Santo Rosario a las 17.15 y del tradicional ingreso de banderas en representación de los diversos países que son devotos de la Virgen. Se prevé una participación masiva de fieles, especialmente provenientes de las comunidades latinoamericanas y de las Filipinas en Roma, y de numerosos Cardenales, Obispos, religiosos, religiosas, miembros de la Curia Romana y del cuerpo diplomático".
La Comisión para América prosigue el comunicado de prensa recordando al Papa Emérito Benedicto XVI, quien en 2011 aceptara celebrar por primera vez esta Fiesta en la Basílica de San Pedro. "En aquella ocasión la Misa fue acompañada por los cantos de la Misa Criolla, del compositor argentino Ariel Ramírez, interpretada por jóvenes del Coro Musica Nova", mientras que tres años después, también el Papa Francisco, "expresó su deseo de celebrar nuevamente la Eucaristía en honor de 'la morenita', y en dicha ocasión un grupo de músicos venidos de argentina, con el apoyo de la Presidencia de dicho país, interpretaron nuevamente la Misa Criolla junto al coro juvenil "Musica Nova", dirigidos esta vez por el hijo del compositor Ariel Ramírez, quien vino especialmente para la ocasión, considerando que se cumplían 50 años desde que dicha Misa fuera interpretada en el Vaticano en presencia del Papa Pablo VI".
Tras rememorar la Santa Misa en honor de la Virgen de Guadalupe en 2015, en la cual el pontífice anunció su visita apostólica a México, la CAL manifiesta su alegría por la noticia de la celebración del Santo Padre de este año, la cual "se suma a la dicha por la reciente canonización de dos nuevos Santos para América Latina, la del sacerdote argentino José Gabriel del Rosario, el "cura Brochero", y la del joven mártir mesicano José Sánchez del Río".
"En esta oportunidad la Santa Misa será acompañada por algunos cantos litúrgicos muy antiguos, compuestos en lenguas indígenas, entre ellos un bellísimo himno dedicado a la Virgen de Guadalupe compuesto en 'nahuatl', la lengua del 'Nican Mopohua', que contiene el relato de las apariciones de Nuestra Señora al indio San Juan Diego, así como otras piezas antiguas en quechua, mapuche y guaraní. El Coro de la Capilla Sixtina, oficial de las celebraciones pontificias en la Basílica, se combinará con la participación del Coro Latinoamericano, dirigido por el Maestro Eduardo Notrica".

sábado, 19 de noviembre de 2016


Homilía del Papa:
pedir la gracia de la pobreza cristiana


La gente no perdona a un sacerdote apegado al dinero y el Señor nos da la gracia de la pobreza cristiana. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. En esta ocasión participaron en la Celebración Eucarística los secretarios de los Nuncios Apostólicos, presentes en la Ciudad del Vaticano con motivo del Jubileo de los colaboradores de las representaciones pontificias, que ha organizado la Secretaría de Estado.
En el Evangelio del día Jesús echa a los mercaderes del Templo que han transformado la Casa de Dios, un lugar de oración, en una “guarida de ladrones”. “El Señor – explicó el Santo Padre – nos hace comprender dónde está la semilla del anticristo, la semilla del enemigo, la semilla que arruina su Reino”: El apego al dinero.
“El corazón apegado al dinero es un corazón idólatra”. El Papa Bergoglio recordó que Jesús dice que “no es posible servir a dos señores, a dos patrones”, a Dios y al dinero. Y añadió que el dinero es “el anti-Señor”, si bien podemos elegir:
“El Señor Dios, la casa del Señor Dios que es casa de oración. El encuentro con el Señor, con el Dios del amor. Y el señor-dinero, que entra en la casa de Dios, siempre trata de entrar. Y estos que cambiaban el dinero o vendían cosas, alquilaban aquellos puestos, ¡eh!: a los sacerdotes… a los sacerdotes les alquilaban, después enteraba el dinero. Éste es ‘el señor’ que puede arruinar nuestra vida y nos puede conducir a que terminemos mal nuestra vida, incluso sin felicidad, sin la alegría de servir al verdadero Señor, que es el único capaz de darnos la verdadera alegría”.
Se trata de “una elección personal” – dijo también el Papa –. De ahí su pregunta a los presentes: “¿Cómo es su actitud con el dinero? ¿Están apegados al dinero?”:
“El pueblo de Dios tiene una gran intuición, tanto para aceptar, en el hecho de canonizar como en el de condenar – porque el pueblo de Dios tiene capacidad de condenar – perdona tantas debilidades, tantos pecados a los sacerdotes; pero hay dos que no puede perdonar: el apego al dinero, cuando ve al sacerdote apegado al dinero, no perdona eso, o el maltrato a la gente, cuando el sacerdote maltrata a los fieles: esto el pueblo de Dios no puede digerirlo, y no lo perdona. Las otras cosas, las otras debilidades, los otros pecados… sí, no están bien, pero pobre hombre, está solo, es esto… y trata de justificar. Pero la condena no es tan fuerte y definitiva: el pueblo de Dios ha sabido comprender esto. El estado de señor que tiene el dinero y lleva a un sacerdote a ser patrón de una empresa o príncipe, o podemos ir hacia arriba…”.

El Pontífice recordó a los “terafín”, los ídolos que Raquel, la esposa de Jacob, tenía escondidos:

“Es triste ver a un sacerdote que llega al final de su vida, está en agonía, está en coma y los sobrinos como buitres allí, viendo qué pueden aferrar. Denle este deleite al Señor: un verdadero examen de conciencia. ‘Señor, Tú eres mi Señor ¿o esto – como Raquel – este ‘terafín’ escondido en mi corazón, este ídolo del dinero?’. Y sean valerosos, sean valientes. Hagan elecciones. Dinero suficiente, lo que tiene un trabajador honrado, el ahorro suficiente, lo que tienen un trabajador honrado. Pero el interés no es lícito, esto es una idolatría. Que el Señor nos dé hoy a todos nosotros la gracia de la pobreza cristiana”.
“Que el Señor – concluyó diciendo el Papa – nos dé la gracia de esta pobreza de obrero, de aquellos que trabajan y ganan lo justo y no pretenden más”.
El Papa a Caritas:
Brille la caridad y la justicia en el mundo.

Testimonien el ministerio de la caridad con coraje evangélico, impulsen la acogida de los migrantes, la paz entre los pueblos y los creyentes.



Es «fundamental» la misión de las Caritas nacionales así como su papel específico en la Iglesia, señaló el Papa Francisco - en un discurso que entregó - al recibir a los miembros del Consejo de Representación y al personal de Caritas Internacional, encabezados por su Presidente, el Cardenal Antonio Tagle.
Haciendo hincapié en que «no son agencias sociales, sino organismos eclesiales que comparten la misión de la Iglesia» y en que están llamados, según sus estatutos, a «asistir al Papa y a los Obispos en su ministerio de la caridad» (art.14), el Papa Francisco, evocando a San Juan Pablo II, reiteró que «las urgencias sociales de hoy» requieren que se ponga en marcha una «nueva fantasía de la caridad» (Novo milenio ineunte, 50):
«Ella se vuelve concreta no sólo en la eficacia de las ayudas brindadas, sino sobre todo en la capacidad de hacerse prójimo, acompañando a los más necesitados con la actitud fraterna del compartir. Se trata de hacer resplandecer la caridad y la justicia en el mundo, a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia, implicando a los mismos pobres, para que sean los verdaderos protagonistas de su desarrollo».
El Papa agradeció, también en nombre de la Iglesia, la misión de Caritas y destacó que, con el poder del Evangelio, podemos ayudar a cambiar y mejorar el mundo: el hambre y la pobreza «no son una fatalidad»:
«Les agradezco tanto, en nombre de toda la Iglesia, por lo que hacen por los últimos. Los aliento a proseguir en esta misión, que hace sentir a la Iglesia como verdadera compañera de viaje, cercana al corazón y a las esperanzas de los hombres y de las mujeres de este mundo. Sigan llevando el mensaje del Evangelio de la alegría, sobre todo a los marginados, pero también a los que tienen el poder de cambiar las cosas, porque es posible cambiar. La pobreza, el hambre, las enfermedades, la opresión no son una fatalidad y no pueden representar situaciones permanentes. Con fiando en el poder del Evangelio, podemos contribuir verdaderamente a cambiar las cosas o al menos a mejorarlas. Podemos reafirmar la dignidad de cuantos esperan una señal de nuestro amor y proteger y construir juntos ‘nuestra casa común’».
Asimismo, en las palabras del Papa, un especial aliento a Caritas Internacional en lo que se refiere al tema de las migraciones, invitando a perseverar en «el coraje evangélico, a rechazar todo lo que humilla al hombre y toda forma de explotación que lo degrada», e impulsando la paz:
«Me alegra mucho saber que Caritas Internacional llevará adelante una campaña sobre el tema de la migración. Espero que esta bella iniciativa abra los corazones de tantos a la acogida de los refugiados y de los migrantes, para que realmente puedan sentirse "en casa" en nuestras comunidades. Impulsen con esmero y renovado compromiso los procesos de desarrollo y los caminos de la paz en los países de los que estos hermanos y hermanas huyen o dejan buscando un futuro mejor».
Impulsen la paz para toda la humanidad, luchen contra la pobreza y aprendan de los pobres, fue también la exhortación del Obispo de Roma:
«Sean artesanos de paz y de reconciliación entre los pueblos, entre las comunidades, entre los creyentes. Pongan en marcha todas sus energías, su compromiso, para trabajar en sinergia con las otras comunidades de fe, que como ustedes, centran su atención en la dignidad de la persona. Luchen contra la pobreza y, al mismo tiempo, aprendan de los pobres. Déjense inspirar y guiar por su vida sencilla y esencial, por sus valores, por su sentido de solidaridad y su compartir, su capacidad de levantarse en las dificultades, y, sobre todo, por su experiencia vivida del Cristo sufriente, Él que es el único Señor y Salvador. Aprendan, por lo tanto también de su vida de oración y de su confianza en Dios»

martes, 8 de noviembre de 2016

 XXXI Conferencia Internacional 
del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios
“Las patologías raras y olvidadas”
(RV).- “Para una cultura de la salud acogedora y solidaria al servicio de las personas aquejadas de patologías raras y olvidadas”, es el tema  de la XXXI Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios (Pastoral de la Salud) que tendrá lugar en el Aula Nueva del Sínodo del Vaticano, del 10 al 12 de noviembre.
La Conferencia fue presentada esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede y han intervenido en el acto Mons. Jean-Marie Mupendawatu y el Rev.do Padre Augusto Chendi, M.I. respectivamente Secretario y Subsecretario  del Consejo  Pontificio para los Agentes Sanitarios, Pastoral de la Salud; además, el doctor Marco Tartaglia, Responsable del Sector de investigación de Enfermedades raras y de Enfermedades genéticas del Hospital Pediátrico “Bambino Gesù” de  Roma y el doctor Claudio Giustozzi, Secretario nacional de la asociación cultural italiana “Giuseppe Dossetti: i Valori-Sviluppo e Tutela dei Diritti” ONLUS.
Los ponentes han explicado que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016), “una enfermedad se considera rara cuando afecta a una persona  de cada 2000 o menos”. Son definidas así entre 5000 y 8000 patologías, de las cuales  el 80% de las cuales son de origen genético, con un alto peligro de muerte para el paciente. Se estima que unos 400 millones de personas se ven afectadas por ellas.
La OMS también calcula en más de mil millones las  personas que sufren de enfermedades “olvidadas”, de los cuales casi la mitad son niños. La mayoría de ellas son de origen infeccioso, y están difundidas en las zonas geográficas con clima tropical donde la población no tiene acceso al agua potable,  el saneamiento es deficiente,   las  viviendas están en malas condiciones  y el acceso a los servicios de salud  escasea o no existe; en definitiva, en “situaciones de pobreza que causan graves problemas sanitarios a las personas más  pobres del mundo”. Este escenario plantea un gran reto desde el punto de vista tanto  epidemiológico, clínico y científico  como cultural y socio-político y supone una llamada a la asunción de responsabilidades y compromisos globales por parte de todos los actores interesados..
“La Iglesia, que en el curso de sus dos mil años de atención por el mundo de los enfermos, ha sentido siempre que el servicio a los que sufren es parte integrante de su misión – ha afirmado Mons. Mupendawu – se propone, con la organización de esta conferencia, ponerse al servicio de los que sufren este tipo de enfermedades, dando respuestas de  carácter educativo, cultural y pastoral a este desafío. El cuidado y tratamiento de los pacientes en general, y de los que sufren de enfermedades raras y olvidadas, en particular, son una ineludible obra de  misericordia corporal evangélica. Esta urgencia pastoral, con especial atención a los operadores y a los que ‘toman decisiones’ sanitarias  encuentra en la visión eclesial del Papa Francisco un nuevo impulso, como lo demuestran las diversas iniciativas  promovidas  durante el Jubileo de la Misericordia”.
La Conferencia, en la que toman parte 320 personas procedentes de más de 50 países, se articula en tres temas claves que constituyen también una pedagogía: Reformar, para tomar el pulso al estado de las cosas tanto en materia científica como de la atención clínica: Curar mejor con un enfoque acogedor y solidario la vida del enfermo; Defender el ambiente en que vive el ser humano.
Mons. Mupendawu  repitió las palabras del Santo Padre que figuran en el programa de la Conferencia: “El Papa considera que para la Iglesia en este momento histórico es prioritario  colocarse en una dinámica de salida para atestiguar concretamente la Misericordia Divina haciéndose hospital de campo para los descartados que viven en cualquier periferia existencial, socio-económica, sanitaria, ambiental o geográfica en todo el mundo”.
Entre las iniciativas que forman parte de la Conferencia están el  Encuentro de las Instituciones Sanitarias Católicas Europeas y una exposición fotográfica sobre las enfermedades raras y olvidadas en el hall de entrada frente al Aula Pablo VI a partir del jueves 10 de noviembre.


El Papa a los Reclusos durante su Jubileo: 
"Que vuestra esperanza se encienda"

(RV).- El Papa Francisco celebró la Santa Misa durante el Jubileo de los Reclusos, el primer domingo de noviembre en la Basílica Vaticana, en la que participaron más de mil fieles entre detenidos, familiares, personal penitenciario y voluntarios del sector carcelario. El Santo Padre en una larga y emotiva homilía incidió en diferentes términos como la condena, la libertad, el perdón, la esperanza, la fe, la rehabilitación, el arrepentimiento y por su puesto la misericordia. “Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el «respiro» de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie. Nuestro corazón siempre espera el bien; se lo debemos a la misericordia con la que Dios nos sale al encuentro sin abandonarnos jamás”, aseguró el Obispo de Roma citando a san Agustín.

Francisco advirtió que “todos somos pecadores” y muchas veces, “prisioneros sin darnos cuenta”, sobre todo cuando permanecemos encerrados en prejuicios, en falsos bienestares o en esquemas ideológicos, “en realidad no se hace otra cosa que estar entre las estrechas paredes de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad”.

Y hablando de la importancia de la fe y de cómo “es capaz de mover montañas”, recordó que “sólo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas” y que cuando se responde a la violencia con el perdón, “allí también el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el corazón de quien se ha equivocado”. De esta forma - entre las víctimas y entre los culpables- “Dios suscita auténticos testimonios y obreros de la misericordia”.

te dejamos el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

El mensaje que la Palabra de Dios quiere comunicarnos hoy es ciertamente de esperanza.
Uno de los siete hermanos condenados a muerte por el rey Antíoco Epífanes dice: «Dios mismo nos resucitará» (2M 7,14). Estas palabras manifiestan la fe de aquellos mártires que, no obstante los sufrimientos y las torturas, tienen la fuerza para mirar más allá. Una fe que, mientras reconoce en Dios la fuente de la esperanza, muestra el deseo de alcanzar una vida nueva.
Del mismo modo, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús con una respuesta simple pero perfecta elimina toda la casuística banal que los saduceos le habían presentado. Su expresión: «No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos» (Lc 20,38), revela el verdadero rostro del Padre, que desea sólo la vida de todos sus hijos. La esperanza de renacer a una vida nueva, por tanto, es lo que estamos llamados a asumir para ser fieles a la enseñanza de Jesús.
La esperanza es don de Dios. Está ubicada en lo más profundo del corazón de cada persona para que pueda iluminar con su luz el presente, muchas veces turbado y ofuscado por tantas situaciones que conllevan tristeza y dolor. Tenemos necesidad de fortalecer cada vez más las raíces de nuestra esperanza, para que puedan dar fruto. En primer lugar, la certeza de la presencia y de la compasión de Dios, no obstante el mal que hemos cometido. No existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación.
Hoy celebramos el Jubileo de la Misericordia para vosotros y con vosotros, hermanos y hermanas reclusos. Y es con esta expresión de amor de Dios, la misericordia, que sentimos la necesidad de confrontarnos. Ciertamente, la falta de respeto por la ley conlleva la condena, y la privación de libertad es la forma más dura de descontar una pena, porque toca la persona en su núcleo más íntimo. Y todavía así, la esperanza no puede perderse. Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el «respiro» de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie. Nuestro corazón siempre espera el bien; se lo debemos a la misericordia con la que Dios nos sale al encuentro sin abandonarnos jamás (cf. san Agustín, Sermo 254,1).
En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo habla de Dios como del «Dios de la esperanza» (Rm 15,13). Es como si nos quisiera decir que también Dios espera; y por paradójico que pueda parecer, es así: Dios espera. Su misericordia no lo deja tranquilo. Es como el Padre de la parábola, que espera siempre el regreso del hijo que se ha equivocado (cf. Lc 15,11-32). No existe tregua ni reposo para Dios hasta que no ha encontrado la oveja descarriada (cf. Lc 15,5). Por tanto, si Dios espera, entonces la esperanza no se le puede quitar a nadie, porque es la fuerza para seguir adelante; la tensión hacia el futuro para transformar la vida; el estímulo para el mañana, de modo que el amor con el que, a pesar de todo, nos ama, pueda ser un nuevo camino… En definitiva, la esperanza es la prueba interior de la fuerza de la misericordia de Dios, que nos pide mirar hacia adelante y vencer la atracción hacia el mal y el pecado con la fe y la confianza en él.
Queridos reclusos, es el día de vuestro Jubileo. Que hoy, ante el Señor, vuestra esperanza se encienda. El Jubileo, por su misma naturaleza, lleva consigo el anuncio de la liberación (cf. Lv 25,39-46). No depende de mí poderla conceder, pero suscitar el deseo de la verdadera libertad en cada uno de vosotros es una tarea a la que la Iglesia no puede renunciar. A veces, una cierta hipocresía lleva a ver sólo en vosotros personas que se han equivocado, para las que el único camino es la cárcel. No se piensa en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitación. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta. Cuando se permanece encerrados en los propios prejuicios, o se es esclavo de los ídolos de un falso bienestar, cuando uno se mueve dentro de esquemas ideológicos o absolutiza leyes de mercado que aplastan a las personas, en realidad no se hace otra cosa que estar entre las estrechas paredes de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad. Y señalar con el dedo a quien se ha equivocado no puede ser una excusa para esconder las propias contradicciones.
Sabemos que ante Dios nadie puede considerarse justo (cf. Rm 2,1-11). Pero nadie puede vivir sin la certeza de encontrar el perdón. El ladrón arrepentido, crucificado junto a Jesús, lo ha acompañado en el paraíso (cf. Lc 23,43). Ninguno de vosotros, por tanto, se encierre en el pasado. La historia pasada, aunque lo quisiéramos, no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que inicia hoy, y que mira al futuro, está todavía sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo capítulo de la vida. No caigamos en la tentación de pensar que no podemos ser perdonados. Ante cualquier cosa, pequeña o grande, que nos reproche el corazón, sólo debemos poner nuestra confianza en su misericordia, pues «Dios es mayor que nuestro corazón» (1Jn 3,20).
La fe, incluso si es pequeña como un grano de mostaza, es capaz de mover montañas (cf. Mt 17,20). Cuantas veces la fuerza de la fe ha permitido pronunciar la palabra perdón en condiciones humanamente imposibles. Personas que han padecido violencias y abusos en sí mismas o en sus seres queridos o en sus bienes. Sólo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas. Y donde se responde a la violencia con el perdón, allí también el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el corazón de quien se ha equivocado. Y así, entre las víctimas y entre los culpables, Dios suscita auténticos testimonios y obreros de la misericordia.
Hoy veneramos a la Virgen María en esta imagen que la representa como una Madre que tiene en sus brazos a Jesús con una cadena rota, las cadenas de la esclavitud y de la prisión. Que ella dirija a cada uno de vosotros su mirada materna, haga surgir de vuestro corazón la fuerza de la esperanza para vivir una vida nueva y digna en plena libertad y en el servicio del prójimo.



¡La resurrección es el fundamento de la fe cristiana!

(RV).- Antes de rezar el Ángelus del primer domingo de noviembre, el Papa Francisco recordó que tras la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los fieles difuntos, la Liturgia sigue invitando a reflexionar sobre el misterio de la resurrección de los muertos.

De hecho – dijo – el Evangelio del día presenta a Jesús que se confronta con los saduceos incrédulos que tratan de tenderle una trampa para ridiculizar la resurrección, presentándole el caso paradójico de una mujer que tras haber tenido siete maridos, hermanos entre sí y ya fallecidos, y que le preguntan ¿de quién será esposa? en el más allá.

Jesús no cae en la trampa – prosiguió Francisco – y reafirma la verdad de la resurrección, explicando que la existencia después de la muerte será diversa de la de la tierra. Él hace comprender a sus interlocutores que no es posible aplicar las categorías de este mundo a las realidades que van más allá y que son más grandes de lo que vemos en esta vida.

El Señor – añadió el Santo Padre – explica que en este mundo vivimos de realidades provisorias, que terminan, mientras después de la resurrección, la muerte ya no será nuestro horizonte y viviremos las relaciones humanas en la dimensión de Dios y de modo transfigurado. A la vez que destacó que también el matrimonio resplandecerá, transformado, en la comunión gloriosa de los santos en el Paraíso.

Tras recordar que la salvación traída por Jesús es para cada uno de nosotros y que la vida de los resucitados será semejante a la de los ángeles, el Obispo de Roma afirmó que la resurrección no es sólo el hecho de resurgir después de la muerte, sino un nuevo tipo de vida que ya experimentamos hoy. De ahí que haya reafirmado que si no existiera la referencia al Paraíso y a la vida eterna, el cristianismo se reduciría a una ética, a una filosofía de vida.

Y antes de rezar a la Madre de Dios, pidió a la Virgen María, Reina del cielo y de la tierra, que nos confirme en la esperanza de la resurrección y que nos ayude a hacer fructificar en obras buenas la palabra que su Hijo ha sembrado en nuestros corazones.

viernes, 4 de noviembre de 2016



Audiencia a los participantes en el Encuentro Mundial de los Movimiento Populares.


Transmisión en vivo y directo de la Santa Misa del Jubileo de los encarcelados.
  


 Papa Francisco a obispos Franceses
Abran caminos de esperanza y misericordia

(RV).- Ayuden a los conciudadanos franceses a “reforzar la esperanza y a buscar el bien común”: lo escribe el Papa Francisco en un mensaje, firmado por el Secretario de Estado Pietro Parolin, a los participantes en la Plenaria de los obispos franceses, reunidos en estos días en Lourdes.
El Santo Padre recuerda que el país vive en un contexto “aun marcado” por los graves atentados que lo asolaron y en la perspectiva de una importante convocación electoral. Y a pocos días de la clausura del Jubileo de la Misericordia, “pide al Señor que ayude a los obispos a abrir nuevos caminos para que los años venideros estén impregnados de misericordia, para ir al encuentro de cada uno ofreciéndole el amor y la ternura de Dios”.
En el mensaje el Papa recuerda asimismo los 60 años de la “Misión Obrera” e invita a “tener el coraje de llegar a todas las periferias que tienen necesidad del Evangelio”.

Papa Francisco: 

 Éste es el tiempo de la Fraternidad


(RV).- El primer jueves de noviembre, la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano se convirtió – en el contexto del Año Jubilar – en el escenario del encuentro del Santo Padre Francisco con casi doscientos miembros pertenecientes a diversas religiones – cristianos, judíos, musulmanes, budistas e hinduistas, entre otros – todos ellos comprometidos en el ámbito de las obras de caridad y misericordia.
Llamándolos “queridos amigos”, el Papa Bergoglio les dio su cordial bienvenida, manifestando su satisfacción por este encuentro que les permitió reflexionar juntos sobre el tema de la misericordia. Y añadió que este misterio de la misericordia no debe celebrarse sólo con palabras, sino sobre todo, con las obras, con un estilo de vida que sea realmente misericordioso, hecho de amor desinteresado, servicio fraterno y participación sincera.
Estilo que – dijo – la Iglesia desea asumir y al que están llamadas también las demás religiones para ser – especialmente en nuestro tiempo – mensajeras de paz y artífices de comunión, para contrarrestar a quienes alimentan choques, divisiones y cerrazones, puesto que éste es el tiempo de la fraternidad.
De ahí que Francisco haya manifestado la importancia de buscar el encuentro entre nosotros, un encuentro que, sin sincretismos conciliadores, nos haga más abiertos al diálogo, elimine toda forma de cerrazón y desprecio, rechazando cualquier forma de violencia y discriminación, tal como él mismo ha escrito en la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario, Misericordiae Vultus, (n. 23), del 11 de abril del año 2015.
Después de destacar que el tema de la misericordia es familiar a numerosas tradiciones religiosas y culturales, donde la compasión y la no-violencia son esenciales; el Pontífice enumeró una serie de actitudes que bien pueden considerarse obras de misericordia corporales y espirituales, aludiendo también al drama del mal.

Sin embargo el Obispo de Roma recordó que la misericordia también se extiende al mundo que nos circunda, a nuestra casa común, que estamos llamados a custodiar y preservar del consumo desenfrenado y voraz. Por esta razón afirmó que es necesario educar a la sobriedad y al respeto, a un modo de vivir más sencillo y ordenado, utilizando los recursos de la creación, con sabiduría y moderación, pensando en la entera humanidad y en las generaciones futuras, y no sólo en los intereses propios.
Antes de despedirse, el Sucesor de Pedro indicó la vía maestra común que resumió con una serie de afirmaciones, comenzando por el hecho de que se condenen de modo claro las actitudes inicuas que profanan el nombre de Dios y contaminan la búsqueda religiosa del hombre.
Que en cambio se favorezcan por doquier el encuentro pacífico entre los creyentes y una real libertad religiosa. En esto nuestra responsabilidad frente a Dios, a la humanidad y al futuro, es grande y requiere todo esfuerzo, sin ninguna simulación. Es una llamada que nos implica, un camino que hay que recorrer juntos por el bien de todos, con esperanza. Que las religiones sean regazos de vida, que lleven la ternura misericordiosa de Dios a la humanidad herida y necesitada; y que sean puertas de esperanza, que ayuden a atravesar los muros levantados por el orgullo y el miedo.

(María Fernanda Bernasconi - RV).



EL PAPAME SIENTO CERCANO A LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO
(RV).- “Manifiesto mi cercanía, mi oración, mi bendición a toda la gente de Norcia y Valnerina”, con esta palabras el Papa Francisco expresó su cercanía con las poblaciones afectadas por el terremoto en la zona central de Italia. Hablando telefónicamente con el Arzobispo de Spoleto-Norcia, Mons. Renato Boccardo, la tarde del miércoles 2 de noviembre, el Santo Padre manifestó su preocupación por toda la gente de esta región. “He seguido desde Escandinavia – afirmó el Papa – esta ulterior tragedia de tu gente y desde allá he orado por ustedes”. 
Estoy entristecido, dijo el Pontífice, por el patrimonio de fe que se ha perdido; mientras que Mons. Boccardo informó al Papa sobre la situación de las personas que han sido afectadas por los movimientos sísmicos de los últimos días, sobre las dificultades que tienen que afrontar y el miedo de las personas que se han quedado sin casa ni seguridad. Por su parte, el Obispo de Roma alentó al Prelado a acompañar a la gente en estos difíciles momentos. “Se necesita animar a la gente, sostenerla – señaló el Pontífice – para que miren con optimismo el mañana” y los exhortó diciendo: “Estén cerca de la gente, no les hagan perder la esperanza”, la esperanza para continuar viviendo en sus tierras.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS SANTOS


(RV).- “La conmemoración de los difuntos tiene un doble sentido: de tristeza, porque nos recuerda a los nuestros que se fueron y nos recuerda también el futuro, la muerte. Pero en esta tristeza traemos flores en signo de esperanza, puedo decir también de fiesta, pero más adelante, no ahora": fueron las palabras del Papa Francisco durante la homilía en el cementerio romano de Prima Porta, en la conmemoración de los Fieles Difuntos.
“Y la tristeza se mezcla con la esperanza – explicó el Pontífice – , es lo que sentimos hoy en esta celebración”. Porque “nosotros también recorreremos este camino, con la flor de la esperanza de la resurrección”. “El primero en recorrer este camino ha sido Jesús – recordó – nosotros recorremos el camino que Él hizo. Él nos ha abierto la puerta de la esperanza, la puerta para entrar al lugar en donde contemplaremos a Dios”.
“Hoy estamos llamados a recordar a todos, también a aquellos que nadie recuerda: las víctimas de las guerras y de las violencias, tantos pequeños del mundo aplastados por el hambre y por la miseria", decía el Papa en el Ángelus del 2 de noviembre de dos años atrás.
Una vez más hoy, Francisco, antes de dirigirse por la tarde al cementerio romano de Prima Porta para celebrar la Santa Misa en conmemoración de todos los Fieles Difuntos, ha invitado a través de un tweet a detenernos “con fe ante las tumbas de nuestros seres queridos, rezando también por los difuntos que nadie recuerda”.
En el día de dolor y de oración para las personas de todo el mundo que recuerdan a sus seres queridos, el Obispo de Roma aseguró también en el 2014 que “el recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios, son testimonio de una confiada esperanza, radicada en la certeza que la muerte no es la última palabra sobre el destino humano, porque el hombre está destinado a una vida sin límites, que tiene su raíz y su cumplimiento en Dios”.
Esta tarde, al finalizar la celebración en el cementerio de Prima Porta, el Santo Padre se dirigirá a las Grutas Vaticanas, donde transcurrirá, de modo privado, un momento de oración por los Sumos Pontífices difuntos.
(MCM-RV)

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