Tema de la Audiencia jubilar del Papa
Piedad, manifestación de la misericordia de Dios. 

Antes de abrazar a los miles de peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro a pesar de la lluvia, Francisco pasó a saludar a los enfermos acomodados por este motivo en el aula Pablo VI. Este sábado la catequesis de la Audiencia jubilar del Papa se concentró en uno de los aspectos de la misericordia: aquel que consiste en el sentir piedad o apiadarse de todos aquellos que tienen necesidad de amor. El Obispo de Roma recordó que “la pietas es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde sin embargo indicaba un acto de sumisión a los superiores: ante todo la devoción debida a los dioses, luego el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo ancianos”. “Hoy, en cambio, notó,  debemos estar atentos a no identificar la piedad con aquel pietismo, más bien difundido, que es solo una emoción superficial y que ofende la dignidad del otro”.  El Santo Padre advirtió asimismo que la piedad no debe ser confundida tampoco  con la compasión que probamos por los animales. “Ocurre, de hecho, que a veces se pruebe este sentimiento hacia los animales, y se permanezca indiferente ante el sufrimiento de los hermanos, constató Francisco, insistiendo en que la piedad es una manifestación de la misericordia de Dios. “Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos ‘dóciles a obedecer las inspiraciones divinas’”.
No parece tan bonito el día, pero ustedes son valientes y han venido con la lluvia, gracias. Esta audiencia se realizará en dos lugares: los enfermos están en el Aula Pablo VI, por la lluvia, están más cómodos ahí  y nos siguen a través de las pantallas; y nosotros aquí. Estamos unidos, ambos, y les hago la propuesta de saludarlos con un aplauso. No es fácil aplaudir con el paraguas en la mano, ¿eh?
Entre los tantos aspectos de la misericordia, existe uno que consiste en sentir piedad o apiadarse en relación a cuantos tienen necesidad de amor. La pietas – la piedad – es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde indica el acto de someterse a los superiores: sobre todo la devoción debida a los dioses, también el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo a los ancianos. Hoy, en cambio, debemos estar atentos a no identificar la piedad con el pietismo, bastante difundido, que es solo una emoción superficial y ofende la dignidad del otro. Al mismo modo, la piedad no se debe confundir ni siquiera con la compasión que sentimos por los animales que viven con nosotros; sucede, de hecho, que a veces se siente este sentimiento hacia los animales, y se permanece indiferente ante los sufrimientos de los hermanos. Pero, cuantas veces vemos gente tan apegada a los gatos, a los perros, y después dejan sin ayuda el hambre del vecino, de la vecina… no, no ¿eh?
La piedad de la cual queremos hablar es una manifestación de la misericordia de Dios. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos «dóciles para seguir los impulsos del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1830). Tantas veces en el Evangelio se presenta el grito espontáneo que personas enfermas, endemoniadas, pobres o afligidas dirigen a Jesús: “Ten piedad” (Cfr. Mc 10,47-48; Mt 15,22; 17,15). A todos Jesús respondía con la mirada de la misericordia y el conforto de su presencia. En tales invocaciones de ayuda o pedidos de piedad, cada uno expresaba también su fe en Jesús, llamándolo “Maestro”, “Hijo de David” y “Señor”. Intuían que en Él había algo extraordinario, que les podía ayudar a salir de la condición de tristeza en la cual se encontraban. Percibían en Él el amor de Dios mismo. Y también si la gente se amontonaba, Jesús se daba cuenta de aquellas invocaciones de piedad y se apiadaba, sobre todo cuando veía personas sufrientes y heridas en su dignidad, como en el caso de la hemorroisa (Cfr. Mc 5,32). Él los llamaba a tener confianza en Él y en su Palabra (Cfr. Jn 6,48-55). Para Jesús sentir piedad equivale a compartir la tristeza de quien encuentra, pero al mismo tiempo a obrar en primera persona para transformarla en alegría.
También nosotros somos llamados a cultivar en nosotros actitudes de piedad ante tantas situaciones de la vida, quitándonos de encima la indiferencia que impide reconocer las exigencias de los hermanos que nos rodean y liberándonos de la esclavitud del bienestar material (Cfr. 1 Tim 6,3-8).
Miremos el ejemplo de la Virgen María, que cuida de cada uno de sus hijos y es para nosotros creyentes el ícono de la piedad. Dante Alighieri lo expresa en la oración a la Virgen puesta al culmen del Paraíso: «En ti misericordia, en ti bondad, en ti magnificencia, en ti se encuentra todo cuanto hay de bueno en las criaturas» (XXXIII, 19-21). Gracias.

Papa: 

Con la Madre de Jesús, en la víspera de Pentecostés
convocar al Espíritu Santo prometido por Cristo, perseverando unánimemente en la oración con María, para crecer en la fe y en la caridad.



(RV).- En la audiencia general de los sábados del Jubileo de la Misericordia, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco invitó a contemplar el modelo de la Virgen María, icono de la piedad, aprendiendo de la Madre de Dios a amar al Señor y al prójimo.
En sus exhortaciones a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo - que a pesar de la intensa lluvia, acudieron a la cita jubilar, en la Plaza de San Pedro - el Obispo de Roma hizo hincapié en la importante y tierna presencia materna de la Virgen, en nuestras vidas, así como fue en Cenáculo, con los ruegos de María implorando que el don del Espíritu Santo Consolador abra e ilumine nuestros corazones:
«A través de la intercesión de la Virgen María, estamos invitados, en la víspera de Pentecostés a sacudir nuestra indiferencia, que a veces nos impide ver las necesidades de nuestros hermanos y liberarnos de la esclavitud de los bienes materiales.
En esta víspera de Pentecostés, queremos unirnos espiritualmente con la Virgen María y los apóstoles reunidos en oración en espera del Espíritu Santo. El Paráclito nos ayude a crecer en la fe y en la caridad para ser testimonios de la verdadera piedad.
Mañana celebraremos la Solemnidad de Pentecostés. Pidamos al Espíritu Santo que llene nuestros corazones. Abrámoslos a su acción. San Pablo nos recuerda que es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefables. Pidámosle que sostenga nuestra oración y nuestras acciones, que las ilumine con su luz, que las haga conformes a la voluntad de Dios».
El mes mariano y el Rosario, no podían faltar en las palabras del Papa
«Este mes de María nos invita a multiplicar cotidianamente los actos de devoción e imitación de la Madre de Dios. ¡Recen el Rosario cada día! ¡Dejen que la Virgen Madre posea su corazón, encomendándole lo que son y tienen! Y Dios será todo en todos»
En su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco recordó que la audiencia general coincidió con la memoria litúrgica de San Matías - que completó el número doce de los Apóstoles, después de la Ascensión del Señor, cuando los mismos junto con María y varios discípulos, se dedicaron a la oración y a esperar la venida del Espíritu Santo:
«Hoy es la fiesta de San Matías, el último apóstol que entró entre los Doce. Que su vigor espiritual estimule en ustedes, queridos jóvenes - en especial a los alumnos del Sagrado Corazón y Pablo VI de Roma – a ser coherentes con su fe. Que su entrega a Cristo Resucitado los sostenga a ustedes, queridos enfermos, en los momentos de mayor dificultad. Que su mediación misionera les recuerde a ustedes, queridos recién casados, que el amor es el cimiento insustituible de la familia»
Economía equitativa e inclusiva
La lucha contra la pobreza es sobre todo un problema moral.
2016-05-13 L’Osservatore Romano


La economía «de la exclusión y de la inequidad» produce un número siempre en aumento «de desheredados y de personas descartadas así como improductivas e inútiles». Al denunciarlo el Papa Francisco invocó «nuevos modelos de progreso» no orientados exclusivamente al beneficio y al bienestar: modelos —explicó al recibir el viernes 13 de mayo a los participantes en la conferencia internacional de la fundación «Centesimus annus pro Pontifice»— «más directamente orientados al bien común, a la inclusión y al desarrollo integral, al aumento de trabajo y a la inversión en los recursos humanos».
En su discurso el Pontífice trató algunas cuestiones de gran actualidad. Expresó su preocupación por la crisis de los refugiados, «cuyas proporciones están creciendo cada día», y recordó las «desgarradoras experiencias de sufrimiento humano, especialmente de familias y niños», de las cuales fue testigo en Lesbos. Para Francisco, «además del inmediato y práctico aspecto de proporcionar ayuda material a estos hermanos y hermanas nuestros», la comunidad internacional debe «encontrar respuestas políticas, sociales y económicas a largo plazo a problemáticas que superan los límites nacionales y continentales y afectan a toda la familia humana».
Recordando luego que «la lucha contra la pobreza no es sólo un problema económico, sino sobre todo un problema moral», el Papa denunció las consecuencias de la falta de trabajo para las familias y sobre todo para los jóvenes. «Los porcentajes de desocupación juvenil —afirmó al respecto— son un escándalo que no sólo requiere ser afrontado ante todo en términos económicos, sino que se debe afrontar también, y no menos urgentemente, como una enfermedad social, desde el momento que a nuestra juventud se le roba la esperanza y se derrochan sus grandes recursos de energía, creatividad e intuición».

Viernes de la Misericordia
El Papa visita enfermos mentales cerca de Roma

 La tarde del 13 de mayo, en el marco de la iniciativa jubilar “Viernes de la Misericordia”, el Papa Francisco dejó el Vaticano para visitar sorpresivamente la comunidad' "Il Chicco" (El Grano), en Ciampino, cerca de Roma. Se trata de una asociación que pertenece a la gran familia de L'Arche (El Arca) fundada por Jean Vanier en 1964, que se encuentra presente en más de 30 países de los cinco continentes, y que junto a la asociación "Fe y Luz" se dedica a las personas más vulnerables y marginadas de la sociedad. La romana comunidad Il Chicco es la primera realizada en Italia. Fue fundada en 1981 y actualmente atiende a 18 personas con grave minusvalía mental.

Francisco visita la Pontificia Academia eclesiástica 

 Encuentro familiar





Un encuentro muy bonito, intenso y familiar, el que la Pontificia Academia eclesiástica vivió el 12 de mayo con el Papa Francisco, en un clima de sencillez y confianza; un signo concreto de la especial cercanía y atención que el Sucesor de Pedro tiene con esta comunidad en la que se forman sacerdotes que ejercerán su ministerio en las representaciones pontificias diseminadas en todo el mundo. El Pontífice, en efecto, quiso visitar la Academia de forma privada, compartiendo toda la tarde del jueves 12 de mayo con la comunidad, formada este año por 33 sacerdotes, provenientes de 14 países diversos. El Papa Francisco no pronunció un discurso oficial, sino que quiso responder a las numerosas preguntas que le dirigieron los alumnos, ofreciendo elementos de reflexión para el ministerio para el cual se están preparando. El Santo Padre, refiriéndose al servicio diplomático de la Santa Sede, destacó del mismo su belleza y utilidad para la vida de la Iglesia, así como las dificultades y desafíos que comporta. A quien preguntaba qué se espera de quienes viven su ministerio en las representaciones pontificias, el Papa Francisco habló de tres elementos fundamentales: una diplomacia inteligente hecha de arte y caridad, que construya puentes con las culturas, las sociedades y los Gobiernos, haciendo presente a la Iglesia y dando voz al Evangelio; una dimensión pastoral del ministerio; la capacidad de ofrecer algo al Señor en la penitencia, centrando la propia vida sacerdotal en lo que es esencial. Hablando a los jóvenes sacerdotes recordó la necesidad de una reforma personal y eclesial, que parta de la dimensión espiritual a fin de que ella impregne cada uno de los aspectos de nuestra vida. En el encuentro, el Pontífice se centró luego en otros temas actuales, como el compromiso ecuménico, el fundamentalismo religioso, la relación entre misericordia y justicia, la situación europea y la reconciliación como misión de la Iglesia.

Conclusión del viaje del secretario de Estado a los Países bálticos - Pregunta fundamental

2016-05-13 L’Osservatore Romano
Contó con una dimensión pastoral y religiosa el último día del viaje oficial del secretario de Estado a los Países Bálticos. El viernes 13 de mayo el cardenal Pietro Parolin concluyó su visita en Letonia —los días anteriores había estado también en Lituania y en Estonia— reuniéndose en Riga con el clero y el episcopado locales, y también con los líderes de las diversas comunidades cristianas.


Un sacerdote nunca debe «ceder a la tentación del propio interés, del beneficio o del carrerismo» ni buscar «vivir sólo según el propio juicio» sin «abrir el corazón y la mente» a Jesús. Es esta la recomendación final que el purpurado, el viernes por la mañana, dirigió a los futuros sacerdotes durante la misa celebrada en el seminario de Riga. Quien se prepara para el presbiterado, dijo, debe saber «mirar de frente sus propias debilidades» y aprender a «encomendarse totalmente a Jesús». Fundamental, como lo es para toda vocación, es responder a una pregunta bien precisa: «¿Me amas?».
La reflexión del purpurado, comentando el Evangelio del día tomado de Juan (21, 15-19), partió precisamente de la pregunta que le hizo tres veces Jesús resucitado a Simón Pedro y de la triple respuesta del apóstol. «Hay una lección importante para todos en este intercambio» dijo el cardenal, porque también nosotros «queremos seguir» al maestro, pero también nosotros como Pedro «a veces presumimos demasiado de nuestras capacidades y de nuestras fuerzas»: quisiéramos, es decir, seguir a Jesús, pero «con nuestras condiciones». La enseñanza, en cambio, consiste en que «debemos morir a nosotros mismos para entrar en una calidad de vida distinta, que comporta un modo nuevo de pensar y de obrar».
Al término de la misa, antes de dirigirse al aeropuerto para el regreso a Roma, el cardenal Parolin mantuvo un coloquio con el episcopado local y, sucesivamente, participó en un encuentro ecuménico.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.