El Papa al recibir el Premio Carlomagno
“Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno”.

El Papa Francisco recibió el Premio Carlomagno en el Vaticano. La ceremonia de premiación se llevó a cabo este viernes en la Sala Regia del Palacio Apostólico.

El Papa recibió el galardón de manos de la canciller alemana, Angela Merkel y de los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; del Parlamento europeo, Martin Schulz, y del Consejo de la Unión Europea, Donald Tusk.

El Premio Carlomagno es otorgado desde 1950 por la ciudad alemana de Aquisgrán, cuyo alcalde Marcel Philipp estuvo presente junto a numerosas personalidades, entre ellas, su Majestad el Rey de España, Felipe VI.

El Papa Francisco ha sido el segundo Pontífice en recibir este premio, tras san Juan Pablo II en 2004.

Al finalizar la celebración, el Obispo de Roma pronunció un denso discurso sobre Europa en el que animó a los presentes a aprovechar esta ocasión para desear juntos “un impulso nuevo y audaz para este amado Continente”.

“Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida”, dijo el Papa.

“Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio”, remarcó el Pontífice.

“Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano”, pidió Francisco.

“Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos -y concluyó- sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.
Homilía del Papa: 
En la esperanza cristiana, el dolor se abre a la alegría de la vida.


El cristiano no anestesia el dolor, sino que lo vive en la esperanza, de que Dios nos donará una alegría que nada nos podrá quitar. Es lo que reiteró el Papa Francisco en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Con las palabras de Jesús, en el Evangelio del día, antes de su Pasión. Cuando les asegura a sus discípulos que van a estar tristes, pero que esa tristeza se convertirá en gozo (cfr Juan 16, 20). Y el Señor emplea la imagen de la mujer, que cuando da a luz al niño, se olvida de su dolor, por la alegría de ver que ha venido un hombre al mundo (cfr Juan 16, 21).

Con Jesús, esperar en el dolor y exultar en la alegría, señaló el Papa:

«Esto es lo que hacen la alegría y la esperanza juntas, en nuestra vida, cuando estamos en la tribulación, en problemas, cuando sufrimos. No es una anestesia. El dolor es dolor, pero vivido con alegría y esperanza te abre la puerta a la alegría de un fruto nuevo. Esta imagen del Señor nos debe ayudar tanto en las dificultades. Dificultades tantas veces feas, dificultades malas que hasta nos hacen dudar de nuestra fe… Pero con la alegría y la esperanza vamos adelante, porque después de la tempestad llega un hombre nuevo, como cuando la mujer da a luz. Y Jesús nos dice que esta alegría, esta esperanza, es duradera, no pasa».

La alegría y la esperanza van juntas, subrayó también el Obispo de Roma:

«Una alegría sin esperanza es mera diversión, una alegría pasajera. Una esperanza sin alegría no es esperanza, no va más allá de un sano optimismo. La alegría y la esperanza van juntas, y ambas hacen esa explosión que la Iglesia en su liturgia casi – me permito decir la palabra – grita sin pudor: ‘¡Exulte tu Iglesia’’, exulte de alegría. Sin formalidades. Porque cuando hay alegría fuerte, no hay formalidades: es alegría».

Alegría y esperanza que no son un carnaval, son otra cosa, explicó luego el Santo Padre:

«La alegría fortalece la esperanza y la esperanza florece en la alegría. Y así vamos adelante. Pero las dos - con esa actitud que la Iglesia les quiere dar, a estas dos virtudes cristianas – indican un salir de nosotros mismos. El alegre no se encierra en sí mismo; la esperanza te lleva, es el ancla que está en la playa del cielo y te lleva a salir. Salir de nosotros mismos, con la alegría y la esperanza».

La alegría humana puede ser quitada por tantas cosas, por alguna dificultad. Pero Jesús nos quiere donar una alegría que nadie nos podrá quitar. Es duradera, aun en los momentos más oscuros, volvió a recordar el Papa. Como en la Ascensión del Señor, cuando el Señor se va y los discípulos se quedan mirando el cielo con tristeza. Y los ángeles los despiertan. Y, como narra el Evangelio de Lucas: ‘¡regresaron felices, llenos de alegría. Esa alegría de saber que nuestra humanidad ha entrado en el Cielo, por primera vez!’, exclamó el Papa.

La esperanza de vivir y de alcanzar al Señor, se vuelve una alegría que abraza a toda la Iglesia, dijo luego antes de concluir su homilía, deseando que «el Señor nos dé esta gracia, una alegría grande que sea expresión de la esperanza. Y una esperanza fuerte, que se vuelva alegría en nuestra vida. Y que el Señor custodie esta alegría y esta esperanza, así nadie nos las podrá quitar».
Sostuvo el Santo Padre
El mundo necesita fraternidad. Economía honrada, desarrollo, justicia, paz y familia

Las cooperativas promuevan la economía de la honradez, integren en el mundo desarrollo, justicia y paz, y armonicen trabajo y familia.


«Les hablo como a amigos», dijo el Papa Francisco en su vídeo mensaje, con motivo de la 39 Asamblea nacional de la Confederación italiana de Cooperativas, reunida en Roma el 4 y 5 de mayo. Poco más de un año después del encuentro, en el Vaticano, el Santo Padre reiteró sus exhortaciones de ese 28 de febrero, ante «el drama, a menudo la tragedia, de los migrantes, el terrorismo sin confines y el estancamiento de la economía mundial».

Y exhortando a que «sigan siendo el motor que impulsa la parte más de débil de la sociedad civil, sobre todo fundando empresas para dar empleos», destacó asimismo la importancia de «sostener, facilitar y alentar la vida de las familias»:

«Con la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, he indicado una perspectiva de alegría y responsabilidad, pero las personas y las familias no se deben dejar solas, hay que armonizar trabajo y familia».

Renovando el anhelo de que las cooperativas persigan siempre el bien común, el Papa subrayó una vez más la necesidad que tiene este mundo nuestro de solidaridad y fraternidad, impulsadas de forma especial por la fe:

«No es sólo un capital de confianza, es más: es fraternidad, es el recurso que más necesita hoy el mundo. Ustedes son también testimonio de cómo la fe anima un compromiso concreto en la historia humana y sostiene motivaciones generosas, que pueden mejorar las cosas. Ésta es una misión que deben vivir y compartir con los demás».

Las cooperativas no suelen ser mayoría en la economía de un país, pero no son la parte menos importante, señaló también el Obispo de Roma Y antes de concluir su mensaje, recordando el Jubileo de la Misericordia, les reiteró que, además de producir rentas, como hacen otras empresas, tienen, en su misión, otras tareas de gran valor:

«Tienen también la tarea de hacer funcionar la subsidiariedad, de concretizar la solidaridad, de liberar la dignidad y las capacidades de las personas y, lo repito, de producir fraternidad.

Tengan siempre presente su misión por entero. Estamos en el Año Santo de la Misericordia. La misericordia es, ante todo, aquella omnipotente del Señor, pero la misericordia se expresa también a través de las mujeres y de los hombres. Les deseo que su compromiso en las cooperativas sea también expresión de la misericordia. Gracias».
El Papa en la Vigilia de oración de los que tienen necesidad de consuelo
La oración es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento



La tarde del jueves 5 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor, el Santo Padre Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la Vigilia de oración para todos aquellos que tienen necesidad de consuelo. La vigilia inició con tres intensos testimonios intercalados por lecturas bíblicas, y el encendido cada vez de una vela ante el relicario de la Virgen de las lágrimas de Siracusa, expuesto especialmente a la veneración de los fieles. En su alocución el Papa Francisco aseguró que el poder del amor transforma el sufrimiento en la certeza de la victoria de Cristo, y de la nuestra con él, y en la esperanza de que un día estaremos juntos de nuevo y contemplaremos para siempre el rostro de la Santa Trinidad.

El Obispo de Roma subrayó asimismo el hecho de que todos tenemos necesidad de la misericordia, del consuelo que viene del Señor. “Todos lo necesitamos; es nuestra pobreza, pero también nuestra grandeza: invocar el consuelo de Dios, que con su ternura viene a secar las lágrimas de nuestros ojos”.

“Si Dios ha llorado también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende, reflexionó luego el Santo Padre, indicando el llanto de Jesús como el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de nuestros hermanos. “Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas. En el momento del desconcierto, de la conmoción y del llanto, brota en el corazón de Cristo la oración al Padre”, aseguró el Papa, señalando a la oración como la verdadera medicina para nuestro sufrimiento.


Catequesis del Papa.
«Dios no descarta a nadie».


La misericordia de Dios que no se resigna a perder a nadie en la primera catequesis del Papa Francisco del mes de mayo. Al inicio del mes mariano, y siguiendo con las series de catequesis que explican cómo Jesús ha llevado la misericordia hasta su pleno cumplimiento, el pontífice desarrolló su reflexión a partir de la parábola del Buen Pastor.



'Todos conocemos la imagen del Buen Pastor que se carga sobre las espaldas a la oveja perdida', 'ícono que desde siempre representa el cuidado de Jesús hacia los pecadores y la misericordia de Dios que no se resigna a perder a nadie', dijo el Santo Padre en la catequesis impartida en italiano. La parábola es narrada por Jesús para hacer comprender que su cercanía a los pecadores no debe escandalizar, sino que por el contrario, provocar en todos una seria reflexión sobre cómo vivimos nuestra fe: “Delante de los Fariseos que se escandalizaban de su relación con los pecadores, -dijo el Papa hablando en español -, Jesús les propone esta paradoja: «¿Quién de vosotros, si se le pierde una oveja, sería capaz de dejar a las noventa y nueve en el desierto para ir a buscarla? Fíjense que no dice que las deja en el redil, en un lugar seguro, sino en el desierto, sin agua, sin comida, a merced de las fieras y ladrones. No parece sensato, y sin embargo así hace el buen Pastor. No se preocupa de poner a salvo primero al resto del rebaño, sino que va de inmediato en busca de la oveja perdida y la lleva a casa sobre sus hombros”.

Dios no descarta a nadie porque es todo amor y misericordia

El pontífice señaló que la enseñanza que el Señor nos quiere dar, es que “ninguna oveja se puede perder”. ¿Por qué? Porque el Señor no se resigna al hecho que ni siquiera un apersona se pueda perder: “¡Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte!”. “Dios no descarta ninguna persona; Dios ama a todos, busca a todos… ¡a todos!”:

“Muchas veces también nosotros nos escandalizarnos de esta actitud aparentemente inconsciente del Señor, pero hay una razón para este modo de actuar. No podemos exigir al Señor que permanezca con nosotros, olvidándose del otro; nadie puede sujetarlo, frenar su amor por todos. Si queremos “tenerle”, debemos seguirlo, seguirlo allí donde se encuentra la oveja descarriada, si nos movemos con él, también nosotros haremos fiesta al encontrarla y volver juntos a casa”.

«Alégrense conmigo» (v.6)
Reflexionar a menudo sobre esta parábola, pensando también en el “buen ladrón”, fue el consejo de Francisco finalizando la catequesis en italiano, porque en la visión de Jesús “nadie está definitivamente perdido”, sino que son “ovejas que van reencontradas”. La perspectiva del Señor es, pues, “dinámica, abierta, estimulante y creativa”, y nos empuja a salir en la búsqueda para emprender un camino de fraternidad. “Cada uno de nosotros - concluyó - es esa oveja que el Señor lleno de misericordia ha querido cargar sobre sus hombros para llevarla a casa y, al mismo tiempo, cada uno hemos sido llamados a recoger junto al Buen Pastor a toda la grey, para participar todos de su alegría. Que Dios los bendiga”.

Con María, Misioneros del amor de Cristo.

Exhortación del Papa a peregrinos del mundo




En sus palabras de aliento y bienvenida a numerosos peregrinos de tantas partes del mundo, en la audiencia general del miércoles de la sexta semana de Pascua y la primera del mes mariano de mayo, del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco hizo hincapié en que estar en las manos de la Virgen María es estar «en buenas manos» y en que «Jesús es el único verdadero Pastor, que nos da vida en abundancia»:

«Él nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su Palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.

Jesús nunca nos deja solos. Ésa es la expresión fundamental de su misericordia. Que la presencia del Señor en sus vidas los haga cada vez más alegres misioneros del amor de Cristo.»

Reiterando su invitación a desarrollar cada vez más el impulso misionero, que mueve a salir al encuentro de los demás, para manifestar a todos la misericordia de Dios, el Obispo de Roma deseó a todos que su peregrinación jubilar sea rica de copiosos frutos espirituales. Y que, cruzando con fe la Puerta Santa, obtengan la indulgencia también para sus seres queridos que han fallecido.

En el mes de mayo, el mes dedicado a la Madre de Dios, dirigiéndose a los peregrinos de Polonia, el Sucesor de Pedro recordó la celebración de la Virgen Reina de esta nación, su admirable ayuda, amparo e intercesión por la paz y la libertad de fe. Y se unió la oración de los polacos, junto con su bendición:

«Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. Ayer, en su país han celebrado a la Bienaventurada Virgen María, Reina de Polonia. La colecta de la Santa Misa de esta Solemnidad nos recuerda que Dios ha dado a su nación, en María Virgen, una admirable ayuda y protección, con el fin de que, gracias a su intercesión, la fe gozara de libertad continua y que su patria se desarrollara en la paz. Uniéndome a esta oración, bendigo de corazón a Polonia y a cada uno de ustedes».

Y no podía faltar la devoción a la Virgen María en su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:

«Queridos jóvenes, cultiven la devoción a la Madre de Dios con el rezo cotidiano del Rosario; queridos enfermos, sientan la cercanía de María de Nazaret, en especial en la hora de cruz; y ustedes, queridos recién casados, récenle para que nunca falte en su hogar el amor y el respeto recíproco».
2016-05-04 Radio Vaticana

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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