EL PAPAME SIENTO CERCANO A LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO
(RV).- “Manifiesto mi cercanía, mi oración, mi bendición a toda la gente de Norcia y Valnerina”, con esta palabras el Papa Francisco expresó su cercanía con las poblaciones afectadas por el terremoto en la zona central de Italia. Hablando telefónicamente con el Arzobispo de Spoleto-Norcia, Mons. Renato Boccardo, la tarde del miércoles 2 de noviembre, el Santo Padre manifestó su preocupación por toda la gente de esta región. “He seguido desde Escandinavia – afirmó el Papa – esta ulterior tragedia de tu gente y desde allá he orado por ustedes”. 
Estoy entristecido, dijo el Pontífice, por el patrimonio de fe que se ha perdido; mientras que Mons. Boccardo informó al Papa sobre la situación de las personas que han sido afectadas por los movimientos sísmicos de los últimos días, sobre las dificultades que tienen que afrontar y el miedo de las personas que se han quedado sin casa ni seguridad. Por su parte, el Obispo de Roma alentó al Prelado a acompañar a la gente en estos difíciles momentos. “Se necesita animar a la gente, sostenerla – señaló el Pontífice – para que miren con optimismo el mañana” y los exhortó diciendo: “Estén cerca de la gente, no les hagan perder la esperanza”, la esperanza para continuar viviendo en sus tierras.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.