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lunes, 17 de octubre de 2016

Papa: los nuevos Santos 
vencieron la paz con la oración siguiendo a Jesús
(RV).- José Sánchez del Río, Manuel González García, José Gabriel del Rosario – ‘el cura Brochero’- , Salomón Leclerq, Alfonso María Fusco, Luis Pavoni e Isabel de la Santísima Trinidad alcanzaron la meta de la santidad afianzados «en la promesa de Jesús en el Evangelio: Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche» (cfr. Lc 18,7). Lo dijo el Papa Francisco en su homilía, en la Santa Misa con el rito de canonización de los siete nuevos Santos de la Iglesia universal.
Con las lecturas del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, centradas en la oración, el Obispo de Roma hizo hincapié en que «ellos han alcanzado la meta, han adquirido un corazón generoso fiel, gracias a la oración: han orado con todas sus fuerzas, han luchado y han vencido».
«Es el estilo de vida espiritual que nos pide la Iglesia: no para vencer la guerra sino para vencer la paz», destacó el Papa, recordando que «hay que orar siempre sin desanimarse», (Lc, 18,1) «como Jesús nos enseña también en el Evangelio de hoy».  Ante el cansancio que todos podemos sentir, el Santo Padre recordó que «no estamos solos».
«Somos miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, cuyos brazos se levantan al cielo día y noche gracias a la presencia de Cristo resucitado y de su Espíritu Santo. Y sólo en la Iglesia y gracias a la oración de la Iglesia podemos permanecer firmes en la fe y en el testimonio», volvió a reiterar el Santo Padre, poniendo de relieve que «orar no es refugiarse en un mundo ideal, no es evadir a una falsa quietud».
Recordando a los nuevos santos, que «combatieron con la oración la buena batalla de la fe y del amor» y «por ello han permanecido firmes en la fe con el corazón generoso y fiel», el Papa Francisco concluyó su homilía con el anhelo de que, «con su ejemplo y su intercesión, Dios nos conceda también a nosotros ser hombres y mujeres de oración; gritar día y noche a Dios, sin cansarnos; dejar que el Espíritu Santo ore en nosotros, y orar sosteniéndonos unos a otros para permanecer con los brazos levantados, hasta que triunfe la Misericordia Divina».
(CdM – RV)

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