iniciativa jubilar en Roma
“Un tren hacia la vida” 


(RV).- Un tren de vapor de los años treinta ha llevado al Vaticano a centenares de personas para vivir el Jubileo y atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
Se trata de la iniciativa jubilar “un tren hacia la vida” en la que participaron este sábado alrededor de 500 personas, entre ellas, los “peregrinos de la salud” que fueron huéspedes enfermos de toda Italia con sus familias que viven en casas de acogida porque reciben tratamientos en diferentes institutos sanitarios.
Los peregrinos viajaron de la Estación de trenes romana Termini hacia el Vaticano en un tren compuesto por 6 vagones llevados por una locomotora de 1918 y a su llegada fueron recibidos por el presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, el cardenal Gianfranco Ravasi.
Tras atravesar la Puerta Santa y rezar en la Basílica de San Pedro, los visitantes pudieron recorrer también los Jardines vaticanos y después participaron en el fórum ‘Si el mundo salvará la belleza’.
“Un tren hacia la vida” fue promovido por la asociación italiana CasAmica onlus en la que participaron diferentes instituciones, entre ellas, el hospital pediátrico Bambino Gesù y la Universidad Campus Biomédico de Roma.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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