Francisco visita la Pontificia Academia eclesiástica 

 Encuentro familiar





Un encuentro muy bonito, intenso y familiar, el que la Pontificia Academia eclesiástica vivió el 12 de mayo con el Papa Francisco, en un clima de sencillez y confianza; un signo concreto de la especial cercanía y atención que el Sucesor de Pedro tiene con esta comunidad en la que se forman sacerdotes que ejercerán su ministerio en las representaciones pontificias diseminadas en todo el mundo. El Pontífice, en efecto, quiso visitar la Academia de forma privada, compartiendo toda la tarde del jueves 12 de mayo con la comunidad, formada este año por 33 sacerdotes, provenientes de 14 países diversos. El Papa Francisco no pronunció un discurso oficial, sino que quiso responder a las numerosas preguntas que le dirigieron los alumnos, ofreciendo elementos de reflexión para el ministerio para el cual se están preparando. El Santo Padre, refiriéndose al servicio diplomático de la Santa Sede, destacó del mismo su belleza y utilidad para la vida de la Iglesia, así como las dificultades y desafíos que comporta. A quien preguntaba qué se espera de quienes viven su ministerio en las representaciones pontificias, el Papa Francisco habló de tres elementos fundamentales: una diplomacia inteligente hecha de arte y caridad, que construya puentes con las culturas, las sociedades y los Gobiernos, haciendo presente a la Iglesia y dando voz al Evangelio; una dimensión pastoral del ministerio; la capacidad de ofrecer algo al Señor en la penitencia, centrando la propia vida sacerdotal en lo que es esencial. Hablando a los jóvenes sacerdotes recordó la necesidad de una reforma personal y eclesial, que parta de la dimensión espiritual a fin de que ella impregne cada uno de los aspectos de nuestra vida. En el encuentro, el Pontífice se centró luego en otros temas actuales, como el compromiso ecuménico, el fundamentalismo religioso, la relación entre misericordia y justicia, la situación europea y la reconciliación como misión de la Iglesia.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.