El Papa en la Vigilia de oración de los que tienen necesidad de consuelo
La oración es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento



La tarde del jueves 5 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor, el Santo Padre Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la Vigilia de oración para todos aquellos que tienen necesidad de consuelo. La vigilia inició con tres intensos testimonios intercalados por lecturas bíblicas, y el encendido cada vez de una vela ante el relicario de la Virgen de las lágrimas de Siracusa, expuesto especialmente a la veneración de los fieles. En su alocución el Papa Francisco aseguró que el poder del amor transforma el sufrimiento en la certeza de la victoria de Cristo, y de la nuestra con él, y en la esperanza de que un día estaremos juntos de nuevo y contemplaremos para siempre el rostro de la Santa Trinidad.

El Obispo de Roma subrayó asimismo el hecho de que todos tenemos necesidad de la misericordia, del consuelo que viene del Señor. “Todos lo necesitamos; es nuestra pobreza, pero también nuestra grandeza: invocar el consuelo de Dios, que con su ternura viene a secar las lágrimas de nuestros ojos”.

“Si Dios ha llorado también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende, reflexionó luego el Santo Padre, indicando el llanto de Jesús como el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de nuestros hermanos. “Ese llanto enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas. En el momento del desconcierto, de la conmoción y del llanto, brota en el corazón de Cristo la oración al Padre”, aseguró el Papa, señalando a la oración como la verdadera medicina para nuestro sufrimiento.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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