Conclusión del viaje del secretario de Estado a los Países bálticos - Pregunta fundamental

2016-05-13 L’Osservatore Romano
Contó con una dimensión pastoral y religiosa el último día del viaje oficial del secretario de Estado a los Países Bálticos. El viernes 13 de mayo el cardenal Pietro Parolin concluyó su visita en Letonia —los días anteriores había estado también en Lituania y en Estonia— reuniéndose en Riga con el clero y el episcopado locales, y también con los líderes de las diversas comunidades cristianas.


Un sacerdote nunca debe «ceder a la tentación del propio interés, del beneficio o del carrerismo» ni buscar «vivir sólo según el propio juicio» sin «abrir el corazón y la mente» a Jesús. Es esta la recomendación final que el purpurado, el viernes por la mañana, dirigió a los futuros sacerdotes durante la misa celebrada en el seminario de Riga. Quien se prepara para el presbiterado, dijo, debe saber «mirar de frente sus propias debilidades» y aprender a «encomendarse totalmente a Jesús». Fundamental, como lo es para toda vocación, es responder a una pregunta bien precisa: «¿Me amas?».
La reflexión del purpurado, comentando el Evangelio del día tomado de Juan (21, 15-19), partió precisamente de la pregunta que le hizo tres veces Jesús resucitado a Simón Pedro y de la triple respuesta del apóstol. «Hay una lección importante para todos en este intercambio» dijo el cardenal, porque también nosotros «queremos seguir» al maestro, pero también nosotros como Pedro «a veces presumimos demasiado de nuestras capacidades y de nuestras fuerzas»: quisiéramos, es decir, seguir a Jesús, pero «con nuestras condiciones». La enseñanza, en cambio, consiste en que «debemos morir a nosotros mismos para entrar en una calidad de vida distinta, que comporta un modo nuevo de pensar y de obrar».
Al término de la misa, antes de dirigirse al aeropuerto para el regreso a Roma, el cardenal Parolin mantuvo un coloquio con el episcopado local y, sucesivamente, participó en un encuentro ecuménico.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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