EN UN PERIODO OSCURO DE ARGENTINA, LA IGLESIA INTENTA DAR UN POCO DE LUZ PARA LLEGAR A LA VERDAD.

Una de las críticas más fuertes hacia la iglesia en Argentina, era que no se abrían los archivos Vaticanos de la época de la dictadura Militar. El Santo Padre Francisco, en una desición histórica, ha dado indicaciones precisas para poner a disposición, toda la información que tenga la iglesia de la etapa más oscura de la historia Argentina. La decisión viene en un momento especial; El anuncio se dió ayer por el Padre Lombardi Director de prensa del Estado Vaticano, siendo hoy 24 el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.


Este miércoles el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi S.I., respondiendo  a las preguntas de algunos periodistas ha precisado que como se había dicho hace tiempo el Papa Francisco ha manifestado la intención de abrir a la consulta los archivos vaticanos relativos al período de la dictadura en Argentina (1976-1983). Esto supone, naturalmente, la catalogación del material. Esa tarea procede regularmente y se prevé que pueda ser completada en los próximos meses, después de lo cual se podrán estudiar los tiempos y las condiciones para su consulta, de acuerdo con la Conferencia Episcopal Argentina. Ya, además, ha informado el Padre Lombardi, se intenta responder a las solicitudes específicas en materia de cuestiones particulares de carácter judicial (rogatorias) o humanitarias.

REFERENCIAS HISTÓRICAS 
La Masacre de San Patricio, los asesinatos de los obispos de La Rioja, Enrique Angelelli, y de San Nicolás, Carlos Ponce de León, y del padre Carlos Mugica, y los sacerdotes conocidos como "mártires de El Chamical", son algunos ejemplos de la persecución del gobierno militar a aquellos religiosos católicos que trabajaban para la gente humilde.
Diversos sectores señalan, que la jerarquía de la Iglesia católica fue cómplice del régimen militar, y se habla de una minoría llamados los “curas rojos” o comunistas que luchó contra las atrocidades que se cometieron. Si bien no se descarta el posible apoyo de algunos sectores de la iglesia  a violaciones de los derechos humanos, hay que decir que un amplio sector de la iglesia trabajó en silencio para apoyar a las víctimas, tratando de salvar vidas haciéndolos escapar en el silencio. Otro sector eligió una participación activa y frontal, a través de manifestaciones, cartas y homilías públicas contra el accionar represivo, las denuncias al exterior y el acompañamiento a los familiares de desaparecidos.
Según el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, al menos dieciocho sacerdotes fueron asesinados, o figuran como desaparecidos, otros diez curas estuvieron presos en la dictadura; treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención y luego liberados; once seminaristas fueron asesinados o figuran como desaparecidos y se cree que son más de medio centenar los católicos laicos víctimas de la represión ilegal.
El primer religioso asesinado fue el padre Carlos Mugica quien fue ametrallado el 11 de mayo de 1974 en esta Ciudad, todavía durante el gobierno de Estela Martinez de Perón, y cuando la Triple A realizaba la persecución para eliminar a la “guerrilla”.
Ya bajo la dictadura militar, las primeras víctimas de la Iglesia aparecieron en la provincia de La Rioja. El 18 de julio de 1976, el párroco francés Gabriel Longueville y el sacerdote Carlos de Dios Murias fueron secuestrados en la parroquia El Salvador, de El Chamical, y sus cuerpos fusilados, con los ojos vendados, aparecieron en un descampado al sur de la ciudad. Hoy el sitio se denomina "Los Mártires" y un oratorio honra sus memorias.
El ex titular del tercer cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, es uno de los principales imputados en la causa por el asesinato de los sacerdotes Murias y Longueville. Un accidente automovilístico confuso, se cobra la vida del obispo de La Rioja monseñor Enrique Angelelli, ocurrida el 4 de agosto también de 1976. Angelelli viajaba a Buenos Aires en una camioneta con la denuncia sobre el secuestro y homicidio de los dos sacerdotes. El obispo riojano no desconocía su situación, por lo que en más de una oportunidad puso a disposición de las más altas autoridades eclesiástica su renuncia.
“Es hora de que la Iglesia de Cristo en la Argentina discierna a nivel nacional nuestra misión y no guarde silencio ante hechos graves que se vienen sucediendo”, decía Angelelli en una carta a su confidente, Monseñor Zaspe, en abril de 1976. Y agregaba: “O nos respaldamos en serio o que se busque otro pastor para esta diócesis”.
Los religiosos palotinos Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, fueron asesinados en la madrugada del 4 de julio de 1976 por un grupo de tareas que ingresó por la fuerza a la iglesia de San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano. Los religiosos fueron sorprendidos mientras dormían, atados y golpeados y luego ejecutados por la espalda. Unas horas más tarde, un hombre que cada domingo tocaba el órgano durante la misa halló los cadáveres acribillados -algunos habían recibido más de 60 balazos- junto a la leyenda "Esto les pasa por envenenar la mente de la juventud". La conocida como "Masacre de San Patricio" nunca fue esclarecida, aunque algunos testigos coincidieron en que los autores pertenecían a un grupo de tareas de la ESMA, el principal centro de detención y torturas de la dictadura.
En tanto, monseñor Carlos Ponce de León, obispo de San Nicolás de los Arroyos, también fue asesinado en un supuesto accidente el 11 de julio de 1977. Aquel día se dirigía a la Capital Federal para entregar a la nunciatura documentación relativa a la represión ilegal implementada en la provincia de Santa Fe.
La documentación desapareció luego del supuesto accidente y según el relato de un colaborador del obispo, en una reunión luego del entierro de Angelelli, Ponce de León había comentado: “Ahora me toca a mí”.
Uno de los casos que tomó más trascendencia a nivel internacional fue el de las monjas francesas de las Misiones Extranjeras, Alice Domon y Léonie Duquet, cuya desaparición ocurrió en diciembre de 1977, junto a denominado grupo de la Iglesia de la Santa Cruz que integraban las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Por la desaparición de las Domon y Duquet, antes de que se anularan las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en la Argentina, la Justicia francesa condenó a cadena perpetua al represor de la Armada Alfredo Astiz, quien por estos crímenes hoy sí es juzgado en nuestro país.
Seguro mucho dirá la documentación que aporte el Vaticano sobre todos estos temas que hieren y duelen a cada miembro del pueblo Argentino. Todo asesinato es injusto, toda tortura es un atentado al amor de Cristo. Estimamos que la Santa Madre iglesia quiere hacer un aporte para esclarecer la verdad de esta etapa de la historia y para hacer un discernimiento de sus propios actos.


CARLOS MUGICA 
  







Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe (Buenos Aires, Argentina, 7 de octubre de 1930 - 11 de mayo de 1974) fue un sacerdote y profesor argentino vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de la Argentina de las décadas de 1960 y 1970.
El apostolado de Mugica se caracterizó por su «opción preferencial por los pobres». La mayor parte de su labor comunitaria tuvo lugar en la Villa 31 de Retiro, donde fundó la parroquia Cristo Obrero.
Carlos Mugica murió asesinado a balazos, después de celebrar misa en la iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro.
Mugica tomó una postura crítica hacia la organización guerrillera Montoneros, en un creciente distanciamiento con su cúpula dirigente. El 7 de diciembre de 1973, expresó públicamente en una misa : «Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados.»
Como respuesta, la revista Militancia (número 38, página 48),

órgano oficioso de Montoneros, condenó a Carlos Mugica el 28 de marzo de 1974, 43 días antes de su asesinato. En la sección titulada «Cárcel del Pueblo», en la que regularmente se denunciaba a los «enemigos de la Revolución», se leía que Carlos Mugica trataba «de ser al mismo tiempo un conservador progresista, un oligarca popular, un cura humilde y bien publicitado, un revolucionario y defensor del Sistema», para concluir: «Por todo lo expuesto, quede Carlos Mugica preso en la Cárcel del Pueblo [...]».La sola aparición en dicha sección, implicaba una velada amenaza de muerte por parte de esa organización armada.
Según Duarte, Mugica había calificado a Montoneros como la nueva burocracia porque le quitó al pueblo la alegría del triunfo y que muchos montoneros son el antipueblo y que debido a sus palabras muchos jóvenes abandonaron el movimiento.
Debido a su "opción por los pobres" concretada en una activa militancia social y por su independencia política recibió críticas de todos los sectores; amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de matarlo.
El 11 de mayo de 1974 fue emboscado cuando se disponía a subir a su auto Renault 4 azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano de la calle Zelada 4771 en el barrio porteño de Villa Luro donde acababa de celebrar misa. Falleció poco después, en el hospital Juan F. Salaberry del vecino barrio de Mataderos.
En los días posteriores se plantearon dos hipótesis acerca de quiénes habían ejecutado el crimen. Algunas versiones, que según Martín De Biase marcaban la tendencia mayoritaria en ese momento, señalaban a la organización Montoneros y se apoyaban en las diferencias políticas entre ellos. La organización difundió de inmediato un comunicado, publicado en los periódicos del 13 de mayo de 1974, en el cual reconocía que había tales diferencias pero negaba la autoría del hecho e imputaba el mismo a "las bandas armadas de derecha". Desde las páginas de medios de prensa enrolados en la posición de José López Rega, ministro de Bienestar Social, se insistió en esa versión y poco después el propio ministro bautizaba un barrio recién construido en Ciudadela con el nombre Presbítero Carlos Mugica. También Antonio Cafiero afirmó que Mugica fue asesinado por Montoneros.
Con el tiempo, la opinión mayoritaria se inclinó por imputar el crimen a la organización de derecha Alianza Anticomunista Argentina(La Triple A), orientada por el ministro José López Rega. Algunos sindican a Rodolfo Eduardo Almirón, vinculado a la Triple A, como el autor material del crimen. Según versiones de testigos, el autor fue un individuo con bigotes: se sindicó a Rodolfo Eduardo Almirón, cabecilla de dicha organización. Mugica fue baleado con una ametralladora Ingram MAC-10. Los proyectiles le afectaron abdomen y tórax; trasladado al hospital, falleció a los pocos minutos. Ese modelo de arma era el utilizado en atentados por la Triple A. Según Miguel Bonasso, al conocerse la muerte del dirigente peronista, Arturo Sampay le dijo:
«[...] el asesinato del padre Mugica es la respuesta de Perón al retiro de ustedes en la Plaza. Es una operación maquiavélica, destinada a que los militantes de la Tendencia se maten entre sí. Demasiado inteligente para que se le haya ocurrido al animal de López Rega.»
El 12 de julio de 2012 el juez Norberto Oyarbide emitió una declaración en la que hizo público que «Rodolfo Eduardo Almirón fue el autor inmediato del homicidio de Carlos Francisco Sergio Mugica, en el marco del accionar delictivo de la Triple A». Justificó su decisión a fin de «declarar la verdad de lo que aconteció, y así brindar una respuesta a los familiares de la víctima y a la sociedad». En ese expediente resultaron centrales los testimonios de Carlos Capelli y Helena Goñi, amigos y colaboradores de Carlos Mugica.La investigación relativa al asesinato de Carlos Mugica integra una megacausa sobre los delitos presuntamente cometidos por la Triple A, imprescriptibles por haber sido declarados de "lesa humanidad". La causa estuvo en etapa de instrucción desde su reapertura en 2006, y en ella actúa como querellante la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Rodolfo Eduardo Almirón, sindicado como el autor material del asesinato de Mugica y jefe operativo de la Triple A, fue extraditado desde España y murió en la Argentina en 2009, tras haber pasado detenido en prisión un breve lapso y ser beneficiado con el arresto domiciliario.
Con todo, las opiniones de diferentes historiadores y periodistas sobre los alcances de las responsabilidades en el crimen de Carlos Mugica distan de ser unánimes. Mientras Felipe Pigna, Eduardo Anguita y Martín Caparrós se posicionaron a favor de la tesis que sostiene una responsabilidad plena de la Alianza Anticomunista Argentina, Ceferino Reato y Marcelo Larraquy manifestaron sus reservas al respecto al sugerir que la organización Montoneros podría haber tenido algún tipo de vínculo con el hecho. Ricardo Capelli dijo en el programa de Felipe Pigna de Radio Nacional 18/5/2014 que al llegar a la capilla de San Francisco Solano con Mugica, para dar misa, advirtió la presencia de Rodolfo Almirón - mano derecha de López Rega. Al salir, luego de dar la misa, se dirigían al auto Renault 4L para retirarse y alguien llama al padre Mugica. Este se vuelve. Los demás siguen caminando. Se escucha un fuerte insulto de Mugica ante algo que ve y a continuación el tableteo del arma con que le dispararon. Los disparon le llegan a Capelli. Uno le golpea en el hombro y lo tira. Al caer ve que Mugica está herido, deslizándose contra la pared hasta quedar sentado y ve claramente a Rodolfo Almirón con el arma en la mano. Es el arma que les disparó a ambos: Mugica y el propio Ricardo Capelli. Los que iban con el grupo del cura los cargan en el auto, que con 5 ocupantes no tenía fuerza para tomar mucha velocidad y lo llevan para ser atendido por médicos. (Fuente: Radio Nacional Argentina - Programa: Historias de Nuestra Historia - 18/5/2014)
Juan Manuel Duarte escribió que, más allá de quienes oficiaron como autores materiales del crimen, entre fines de 1973 y principios de 1974 Carlos Mugica recibió ataques, tanto de las filas de Montoneros como de los esbirros de José López Rega —líder de la Alianza Anticomunista Argentina—, «en una especie de pacto tácito». En efecto, las publicaciones cercanas a estos dos grupos opuestos (Militancia y El caudillo) recriminaron al sacerdote su origen —ya que no provenía de las villas sino de una familia de clase alta—, su exposición mediática y su influencia entre los pobres y los jóvenes. Las respuestas de Mugica parecieron irritarles más todavía: el sacerdote señaló que los hermanos villeros jamás le habían cuestionado que hubiera crecido en Recoleta y que solo sus críticos lo veían como un problema.

El Legado de Mugica


Cartel de bienvenida a la Villa 31, en el que se homenajea al sacerdote al denominarla «Padre Mugica».

Carlos Mugica es considerado por sus seguidores como un ejemplo de coherencia entre las ideas y la acción, y de fortaleza de fe, la cual trabajaba en forma constante, instando a quienes le rodeaban a no claudicar e insistir en la oración y la entrega a Dios. En palabras del libro Padre Mugica, una vida para el pueblo:
En poco más de 13 años de labor sacerdotal, había llegado a ser ampliamente conocido en la país. Su asesinato conmovió profundamente. Miles de personas desfilaron ante su féretro, primero en la parroquia de San Francisco Solano y después en la capilla de Cristo Obrero en la Villa de Retiro. Una impresionante multitud, que reunía exponentes de todas las clases sociales, pero especialmente a los pobres de las «villas miseria», lo acompañó por más de 50 cuadras hasta la Recoleta, en una manifestación de fe con tal profundo sentido religioso y popular que no se tiene memoria, en nuestra ciudad, de otra similar.
El 9 de octubre de 1999 los restos de Carlos Mugica se trasladaron desde el cementerio de la Recoleta hasta la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro, donde descansan actualmente. El traslado hasta ese sitio, donde el sacerdote había desplegado su mayor actividad como «cura villero», había sido sugerido por el Equipo de Sacerdotes para las Villas de la Arquidiócesis de Buenos Aires, y fue encabezado por el entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio.


ORACIÓN DEL PADRE MUGICA

Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas, de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
Señor, perdóname por decirles 'no solo de pan vive el hombre' y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.





MONSEÑOR ANGELELLI


Enrique Angelelli (Córdoba18 de julio de 1923– La Rioja4 de agosto de 1976), cuyo nombre completo era Enrique Ángel Angelelli Carletti, fue un obispo católico argentino. Fue padre conciliar en el Concilio Vaticano II, durante el cual apoyó públicamente las posiciones renovadoras. Fue designado obispo de la diócesis de La Rioja (Dioecesis Rioiensis) el 3 de julio de1968. La diócesis incrementó significativamente el número de sus sacerdotes y de parroquias durante su ministerio episcopal. Caracterizado por su fuerte compromiso social, formó parte del grupo de obispos que se enfrentó a la dictadura militar iniciada en la Argentina en 1976, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. De su muerte, acaecida en ese mismo año y presentada por las autoridades militares como accidente automovilístico, se sospechó que se trataba de un asesinato encubierto hasta que el 4 de julio de 2014, transcurridos casi 38 años, Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella fueron condenados a cadena perpetua por el crimen. El 4 de agosto de 2006, al cumplirse 30 años de su muerte, el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Jorge Bergoglio, luego papa Francisco, había señalado en una homilía en la catedral de La Rioja que monseñor Enrique Angelelli «recibía pedradas por predicar el Evangelio y derramó su sangre por ello».

El 12 de febrero de 1976, el vicario de la diócesis de La Rioja y dos miembros de un movimiento de activistas sociales fueron detenidos por los militares. El 24 de marzo tuvo lugar el golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón y a todos los gobernadores del país, incluyendo Carlos Menem de La Rioja. Angelleli peticionó al coronel del ejército Osvaldo Pérez Battaglia, nuevo interventor de La Rioja, para obtener información sobre el vicario y el paradero de los activistas. Al no obtener respuesta, viajó a Córdoba para hablar con Luciano Benjamín Menéndez, por entonces comandante del Tercer Cuerpo de ejército. Menéndez advirtió amenazante a Angelelli: "Es usted quien tiene que tener cuidado.

MATEN AL CURA COMUNISTA 

El 4 de agosto de 1976, el cuerpo del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, fue encontrado al costado de la ruta 38, camino a la capital provincial. La camioneta furgón en la que viajaba dio varias vueltas antes de que saliera expulsado. Su acompañante, el entonces vicario episcopal, Arturo Pinto, sufrió numerosos golpes y perdió la conciencia, pero salvó su vida. Cuando la policía encontró el cuerpo de Angelelli, estaba llamativamente dispuesto sobre la tierra. Ambos religiosos regresaban de Chamical, donde unos quince días antes habían sido secuestrados, torturados y brutalmente asesinados los jóvenes sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. El obispo había oficiado la misa del entierro el 22 de julio y en la camioneta llevaba una valija con documentos recogidos para esclarecer estos crímenes.
Enrique Angelelli nació en 1923, en Córdoba. A los 26 años fue ordenado sacerdote y once años más tarde, obispo. En 1968, le fue asignada la diócesis de La Rioja. Allí, desarrolló con notorio entusiasmo su apuesta por los votos sociales del Concilio Vaticano II. Con su estilo llano y de estrecha relación con el empobrecido poblador de aquella provincia, estimuló y apoyó la organización de las empleadas domésticas, de los trabajadores mineros y agrícolas. Sus misas dominicales llegaron a ser transmitidas por radio hacia todos los rincones de la provincia. Pero en una Argentina en la que se agudizaban los conflictos sociales, pronto encontró la enemistad del clero integralista y conservador del país, de los dirigentes de las Fuerzas Armadas y de los sectores poderosos de La Rioja. Apenas producido el golpe del 24 de marzo de 1976, sus emisiones radiales fueron prohibidas. En varias oportunidades, sus misas debieron ser canceladas por la prepotencia de los grupos de poder local.
Al día siguiente de su muerte, el diario El Sol de La Rioja, tituló: “Murió Angelelli en un accidente”. Esta misma opinión fue la que mantuvieron por años la Dictadura y el Episcopado argentino. Pero su acompañante, Arturo Pinto, aseguró ante el Tribunal que abrió la causa en 1983 para investigar la muerte del obispo, que un Peugeot 404 maniobró bruscamente delante de ellos, provocando el vuelco de la camioneta en la que viajaban. Lo último que dijo recordar fue el ruido de una explosión. El 19 de junio de 1986, el juez Aldo Morales estableció que se trató de “un homicidio fríamente premeditado”. Las “leyes de la impunidad” en los 90 provocaron la caída de la causa. Pero la anulación de aquellas leyes, en 2005, permitió su reapertura. En 2010, Pinto y varios actores más se constituyeron en nuevos querellantes y solicitaron la imputación de catorce militares y policías, encabezados por el ex dictador Jorge Rafael Videla, el entonces comandante del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y el interventor de La Rioja, coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia. El 4 julio de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja consideró delitos de lesa humanidad el homicidio del obispo y el intento de asesinato del ex sacerdote Arturo Pinto y condenó por ellos a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella a prisión perpetua y cárcel común.


El caso del Obispo de La Rioja Monseñor Enrique Angelelli, y de los sacerdotes de Chamical Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias.
El 18 de julio de 1976, fueron alevosamente asesinados, luego de ser secuestrados por quienes se identificaron como miembros de la Policía Federal, los sacerdotes P. Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, en la localidad de Chamical (La Rioja) donde realizaban su apostolado. A la mañana siguiente a este crimen, hombres encapuchados fueron a buscar al párroco de Sanogasta, pero éste se había ido por recomendación del Obispo Monseñor Enrique Angelelli. Cuando el laico que los atendió les dijo que el párroco no estaba, lo acribillaron.
El 4 de agosto, 17 días después del asesinato de aquellos sacerdotes, falleció Monseñor Enrique Angelelli, Obispo de la Diócesis de La Rioja, supuestamente en un “accidente automovilístico”. Las pruebas o presunciones de que fue atentado, se acumularon de manera abrumadora.
El Obispo acababa de dejar Chamical, donde había celebrado una misa y pronunciado una homilía en la que denunciaba aquellos asesinatos. El Obispo manejaba una camioneta, y el padre Arturo Pinto, que lo acompañaba, recuerda que apenas dejaron Chamical comenzó a seguirlos un automóvil; el Obispo aceleró pero entonces apareció otro coche y a la altura de Punta de los Llanos los encerraron hasta hacer volcar la camioneta.
El cuerpo del Obispo quedó tirado en el suelo durante seis horas, la camioneta desapareció y la única lesión que presentaba el cadáver de Monseñor Angelelli fue la nuca destrozada tal como si lo hubiesen molido a golpes. La carpeta que llevaba el Obispo jamás pudo ser encontrada.
“No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción alguna, clases sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres”. Estas fueron palabras pronunciadas por Monseñor Angelelli al asumir la conducción del Obispado de La Rioja en 1968.
Había realizado sus estudios sacerdotales en Roma, especializándose en Derecho Canónico; fundó en Córdoba la Juventud Obrera Católica y fue asesor de la Juventud Universitaria Católica.
“El dicente, en este sentido, quiere agregar que uno o dos días después de ocurrido el suceso, los papeles que portaba el Obispo Angelelli en el momento de su fallecimiento llegaron a la casa de Gobierno dirigidos al Ministro Harguindeguy, en una carpeta remitida desde la Guarnición Militar Salta, con expresa indicación de que se trataba de documentación confidencial. Este hecho llamó la atención del declarante, ya que los citados papeles no fueron entregados a la causa judicial, como tampoco entregados a los allegados a Monseñor Angelelli.
”Todas estas circunstancias motivaron que el dicente se decidiera a fotocopiar parte de esa documentación, que estaba integrada por correspondencia intercambiada entre el Obispo de La Rioja y el Arzobispo de Santa Fe, Monseñor Vicente Zaspe, referida a la persecución que sufrían señores de la Iglesia Católica por su actividad social, un cuaderno de notas y otros papeles. La documentación fue entregada al General Harguindeguy... Quiere aclarar el dicente que prestó especial atención al hecho por la forma estrictamente «secreta» que se dio a la existencia de esta carpeta. Añade que no tiene conocimiento del destino posterior de la misma, puesto que el General Harguindeguy manejaba en forma personal todos los hechos referentes a la Iglesia”. (Declaración de Peregrino Fernández prestada ante el grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas de Personas de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas).“...Durante uno de los interrogatorios, el Capitán Marcó y el Capitán Goenaga me dijeron que el Obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, el Psiquiatra Raúl Fuentes y Alipio Paoletti iban a ser muertos... antes del mes; Angelelli murió en circunstancias que aún se investigan. Fuentes se encuentra desaparecido desde fines de 1976 y Alipio Paoletti fue buscado intensamente... en agosto del mismo año; debido a las condiciones físicas en que había quedado por las torturas, fue trasladado al Hospital Presidente Plaza. Estando allí fue ingresado una noche el cadáver de Angelelli para realizarle una serie de autopsias; quienes me custodiaban, miembros de la Policía de la Provincia, aludiendo a la muerte del Obispo, manifestaban cosas como: «eso le tenía que pasar a ese cura comunista hijo de...”. (Testimonio de Plutarco Antonio Scheller, Legajo N° 4952).

MONSEÑOR PONCE DE LEÓN 

OBISPO DE SAN NICOLÁS ASESINADO

Carlos Horacio Ponce de León (Navarro, 17 de marzo de 1914 – Ramallo, 11 de julio de 1977) fue obispo católico de la diócesis de San Nicolás de los Arroyos (provincia de Buenos Aires).Fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1938. El 9 de junio de 1962 fue nombrado obispo auxiliar de Salta (provincia de Salta). El 28 de abril de 1966 fue nombrado obispo de San Nicolás. Fue ordenado formalmente obispo el 18 de junio de 1966, a los 52 años.Ponce de León fue obispo de San Nicolás durante 11 años.Ponce de León tuvo un importante rol episcopal durante el régimen dictatorial del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que había irrumpido en 1976, y ocultamente y a sangre y fuego desarrolló violencia extrema estatal, siendo uno de los muy pocos miembros de la jerarquía de la iglesia católica de Argentina en criticar sus abusos y crímenes sobre los derechos humanos, tales como el asesinato del obispo Enrique Angelelli por una «fuerza de tareas militar» en 1976.A partir del 24 de marzo de 1976 recibía a los familiares de los desaparecidos. Recibía a cada una de las familias que le fueron a pedir que intercediera para saber el paradero de sus hijos. Cuando algunos sacerdotes le cuestionaron el tema de por qué se quedaba, contestaba: «¿Por qué me voy a ir, si no estoy haciendo nada malo?».



El 11 de julio de 1977, Ponce de León se dirigía desde San Nicolás hacia la Ciudad de Buenos Aires por la ruta nacional n.º 9 en un automóvil Renault 4S, yendo entre otros asuntos a visitar a un seminarista internado en Buenos Aires. A 11 km de San Nicolás, en el km 212 (un km antes de la salida al pueblo de Sánchez), una camioneta Ford F100 que viajaba en sentido contrario hizo una maniobra para esquivar a un ómnibus estacionado. En medio de la lluvia, la camioneta hizo un trompo y se pasó a la vía por donde venía el automóvil del obispo, con el que chocó frontalmente. Ponce de León falleció de una hemorragia cerebral, sin fracturas de huesos.
En el accidente, Ponce de León estaba acompañado por el seminarista Víctor Oscar Martínez (1958–), en ese entonces de 19 años, de quien era tutor, que estaba realizando el servicio militar obligatorio en la Prefectura Naval de San Nicolás, y a quien ―gracias al pedido del obispo― se le permitía fungir como escolta del obispo. Martínez resultó con heridas de mediana gravedad y fue internado en San Nicolás.

Después de la finalización de la dictadura militar, Martínez se presentó en junio de 1984 a declarar ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) donde acusó al teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant ―procesado en varias causas de desaparición forzada de personas― de ordenar la muerte del obispo.
En 2006 ―en el marco de la causa que se lleva adelante en el Juzgado Federal N.º 2, donde se analiza la muerte del obispo Ponce de León―, Víctor Martínez declaró que el obispo transportaba una carpeta acerca de casos de violaciones a los derechos humanos en la región norte de Buenos Aires, que habría sido la causa del asesinato, según se dice llevaba información del asesinato de los sacerdotes Palotinos. También detalló que una persona vestida de militar remató al malherido obispo con uno o varios golpes de FAL, rompiéndole sonoramente los huesos del tórax.
Estos dichos fueron refutados en mayo de 2009, en que se exhumaron los restos del obispo: seis profesionales reconocidos coincidieron en que «32 años después de su muerte, los huesos del cadáver del obispo Ponce de León ―tanto cráneo como tórax― se encontraban indemnes e intactos». Esa misma pericia determinó que la muerte de Ponce de León fue una hemorragia cerebral «siendo el mecanismo más probable de producción el de desaceleración durante la colisión vehicular».
En el año 2008, cuando el fiscal federal Juan Patricio Murray se enteró de que el cadáver del obispo había sido sacado de su mausoleo en la Catedral de San Nicolás, pidió un análisis de ADN para certificar que el cuerpo dentro del ataúd no hubiera sido suplantado. El juez Villafuerte Ruzo suspendió esa nueva exhumación.

Finalmente se realizó el análisis de ADN. El Servicio de Huellas Digitales y Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires comparó esta muestra con la de tres sobrinos del obispo (hijos de su hermano y de su hermana). En abril de 2011 se emitió el informe final ―con la firma de su director, Dr. Daniel Corach― que concluyó que el cadáver es efectivamente del obispo Ponce de León.

El juez federal Carlos Villafuerte Ruzo (en San Nicolás) comparó las declaraciones de Víctor Oscar Martínez ante la CONADEP (donde dijo que había estado secuestrado un año en un «sitio desconocido» desde julio de 1977 hasta junio de 1978, durante el Mundial de Fútbol), ante el Juzgado Federal N.º 2 (donde declaró que estuvo secuestrado tres meses en la Prefectura Naval de San Nicolás hasta el 15 de septiembre de 1977, fecha que coincide con la finalización de su periodo de servicio militar obligatorio), y otras contradicciones ante varios medios de comunicación nicoleños. Posteriormente decretó el procesamiento de Víctor Oscar Martínez por considerarlo prima facie autor penalmente responsable del delito de falso testimonio agravado (en concurso real) y estafa contra la administración pública (en grado de tentativa). Le trabó embargo por 50.000 pesos, pero le otorgó el beneficio de la exención de prisión.

Víctor Oscar Martínez inició una querella contra Villafuerte Ruzo por persecución religiosa (Víctor Oscar Martínez lidera un grupo religioso hinduista en Chile). En enero de 2011, su abogada hizo una presentación de juicio político contra el juez ante el Consejo de la Magistratura. El 24 de marzo de 2011 ―en el marco de los actos en Plaza de Mayo por el aniversario del sangriento golpe de Estado de 1976― un grupo de simpatizantes colgó una bandera con la consigna «juicio político al juez Villafuerte Ruzo».

El 21 de abril de 2011, Víctor Oscar Martínez dijo haber sido víctima de un secuestro de tres días de duración.
Y A DONDE ESTÁ EL CORONEL?...

Hostigamiento
Durante la primera asamblea plenaria del Episcopado posterior al golpe, en mayo de 1976, Ponce de León había informado del hostigamiento y las humillaciones a que era sometido y fue uno de los que más insistió en la necesidad de un pronunciamiento público firme, cosa que el Episcopado rechazó pero el gobierno supo. El asesinato de los palotinos de San Patricio lo golpeó más que a nadie, porque estaba relacionado con varias de las víctimas. El sacerdote Alfie Kelly era su confesor y amigo. El seminarista Salvador Barbeito era íntimo amigo de uno de los sacerdotes de San Nicolás, José Aramburu, con quien había cursado el seminario. Otros palotinos daban clases en el seminario nicoleño. Ponce de León decidió dispersar a los seminaristas de su diócesis porque temía que fueran los siguientes.

El dueño de casa

El primer informe posterior al golpe que firmó el jefe del área 132 y del Batallón de Ingenieros de Combate 101, teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant, calificó a Ponce de León como “enemigo acérrimo de monseñor Bonamín” y dijo que dirigía al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo que, a su vez, había copado la diócesis. El obispo llegó a Ramallo durante un gran operativo militar frente a la parroquia y se abrió paso entre los soldados. Saint Amant se sorprendió al verlo sentado frente al escritorio de la casa parroquial:

–¿Qué hace usted aquí?

–¿Qué hace usted? Yo soy el dueño de casa.

–¡Qué servicio de informaciones tienen! –se fastidió el militar, que lo trataba como si fuera el jefe de un Ejército enemigo.

El obispo le exigió un inventario de todo lo que requisaron, incluyendo un mimeógrafo. Esos inventarios eran la especialidad del sargento Suárez. Ponce de León había ordenado a sus sacerdotes que no pernoctaran solos en sus parroquias, que trataran de dormir en casas de los fieles, de modo que siempre hubiera alguien que pudiera avisar. Poco antes de la Semana Santa de 1976, Ponce de León visitó a Saint Amant para reclamar la libertad de ocho sacerdotes de distintas parroquias que habían sido detenidos y estaban alojados en los cuarteles de San Nicolás.
–Yo me quedo detenido también hasta que los liberen –dijo el obispo.
–Usted ya está detenido, lo tenemos bien controlado y tiene que venir a informar de cada cosa que haga –respondió el militar.
–Si tengo ocho parroquias sin sacerdote, voy a suspender la celebración de Semana Santa –le comunicó Ponce de León.
Saint Amant liberó a los ocho sacerdotes frente al Obispado y sin ninguna explicación. Ponce de León nunca cumplió con la intimación de presentarse al cuartel.

Inteligencia militar

El informe de Saint Amant sobre Ponce de León afirma que en San Nicolás los grupos más importantes de Montoneros salieron de la “Iglesia” (comillas en el fabuloso original) y con deliberada despreocupación por los matices anuncia que “hablaremos indistintamente de Juventud Peronista, de Montoneros y de Peronismo Auténtico”. No se trataba sólo de hablar.
La indiferenciación se extiende luego también al ERP y “a los hechos guerrilleros de Villa Constitución”, como llamaba a la organización sindical de los trabajadores al margen de la conducción de la UOM. Coincidía con él Ricardo Balbín, presidente de la Unión Cívica Radical (UCR). Poco ducho en el arte de la metáfora y obsesionado con los sacerdotes tercermundistas, Saint Amant informó que “esos pastores son lobos vestidos de ovejas”. Como estaba en juego el “Ser o no ser de laPatria” había que atacar al enemigo en todos los frentes porque “se vale indistintamente de la pornografía, del liberalismo, del capitalismo, de los medios de comunicación, del freudismo, de los partidos políticos, de la pobreza, de la explotación de las injusticias, de la UNESCO, de la declaración de los derechos humanos, etc”. Los tres motivos por los que, según el jefe del área, esos sacerdotes no hacían definiciones subversivas públicas y explícitas, equivalen a un reconocimiento de que no practicaban ninguna actividad armada ni simpatizaban con la guerrilla:
a. miedo (hasta hace poco han creído que por ser sacerdotes no les pasaría nada. Ahora tienen miedo).
b. astucia.
c. en parte por a. y por b., en otros casos porque consideran a los guerrilleros tal vez como desubicados porque entienden que el proceso de marxistización (‘socialización’) debe nacer del pueblo y los guerrilleros lo quieren imponer a la fuerza. PERO NUNCA POR CONVICCIONES ANTIMARXISTAS. Esto debe quedar bien claro”.

“Fuerza enemiga”
Saint Amant vaticina que, en alianza con partidos políticos, el resentimiento peronista, los grupos marxistas no destruidos “y los infaltables idiotas útiles, tontos y democráticos que pidan elecciones”, la Iglesia será “la principal fuerza enemiga”. Por ello propuso operar sobre Ponce de León. Según la doctrina católica, escribió, el obispo es sucesor directo de los Apóstoles, la unión con la Iglesia se hace mediante la unión al obispo y fuera de la Iglesia no hay salvación. Los católicos que se cuestionan la actuación del obispo “piensan que ponen en juego su salvación eterna”. Por eso “hace falta lucidez intelectual y cierto coraje para entender que un obispo es traidor a la Iglesia, y para obrar sin el respeto que la doctrina enseña para con el sacerdote cuando éste está destruyendo su Patria y su fe”. No sería posible tener éxito en la lucha contra la subversión “si no se erradican los males expresados”, decía.
En San Nicolás estaban organizados los Legionarios de Cristo Rey, a quienes el obispo acusaba de vinculaciones con el arzobispo cismático francés Marcel Lefébvre y había un núcleo integrista de Tradición, Familia y Propiedad. Entre esos laicos que llegaron a denunciar a Ponce de León ante la Nunciatura estaba Héctor Hernández, hermano de un sacerdote. Para manifestar su hostilidad hacia el obispo, Hernández llegó a leer un libro en forma ostensible mientras Ponce de León pronunciaba una homilía. Hernández era colaborador habitual de la revista integrista Mikael, que editaba el Arzobispado de Paraná a cargo del vicario general castrense Adolfo Tortolo y dirigía el sacerdote Alberto Ezcurra Uriburu, fundador de la Guardia Restauradora Nacionalista. Junto con el informe de Saint Amant, el archivo de la Cancillería guarda el esquema manuscrito en el que se inspiró, con las líneas internas, los nombres y las alcahueterías sobre los sacerdotes de San Nicolás. Está escrito con una letra elegante, parecida a la del laico Hernández, quien entonces era abogado de Somisa y hoy es defensor oficial en los Tribunales Federales de San Nicolás.
Según Saint Amant, Ponce de León, “vive atemorizado” y en sus sermones dice que recibe permanentes amenazas. Los colaboradores del obispo dicen que las amenazas las formulaba Saint Amant, quien lo llamaba “obispo rojo”. Cuando Ponce de León intercedió por varias personas desaparecidas, el militar le respondió:
–Sí. Yo los detengo. ¿Y qué? Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted, y a usted todavía no puedo porque es obispo.

Las amenazas al obispo llegaban primero por carta y por teléfono, pero luego pasaron a ser personales, con insultos en la calle cuando salía a caminar. Una de esas cartas decía: “Antes fue Angelelli, ahora te toca a vos”. Otra anunciaba: “Preparate porque en julio se te acaba”. En ambas lafirma era el dibujo de un ataúd. Sus colaboradores más próximos sentían que Ponce de León estaba “cercado, tenía los teléfonos controlados”.

El choque

Dos oficiales de policía llegaron al sanatorio de Buenos Aires donde estaba internado el seminarista nicoleño Nicolás Gómez. Querían saber quién era su obispo, si vendría a visitarlo, y cuándo. Gómez y su padre respondieron que Ponce de León les había prometido que vendría la mañana del lunes 11. Tenía también otros motivos para el viaje. Había preparado una carpeta para la Nunciatura Apostólica con datos sobre secuestros y torturas en San Nicolás y Villa Constitución. Uno de sus sacerdotes afirma que era una carpeta azul con el título “Asesinato de los padres y seminaristas palotinos”. Con esa documentación salió a la ruta, acompañado por el laico Víctor Oscar Martínez, de 19 años, quien cumplía con el servicio militar obligatorio en la Prefectura de San Nicolás. El obispo era su tutor judicial desde que el muchacho tenía doce años. A las 6.40 de la mañana, cuando aun no había amanecido, el auto Renault 4 del Obispado fue embestido en la ruta 9 por una pick-up. Atendido en primer momento en Ramallo, Ponce de León fue trasladado a la clínica San Nicolás en “coma profundo, con fractura y hundimiento de cráneo” según la instrucción policial.

PALABRAS DE SU SOBRINA

Marisa Ponce de León sobrina del Obispo: “Cuando nos avisaron del accidente, mi papá dijo: A Carlos lo mataron”

 (Diario el Norte San Nicolás 2014)

En el Auditorio de la Casa del Acuerdo, y como cubriera oportunamente nuestro medio, se llevó a cabo el panel “Ponce de León y la persecución a los cristianos en la dictadura”. Participaron del mismo los panelistas Marisa Ponce de León, sobrina del Obispo de San Nicolás, Eduardo Julio Schiel, abogado querellante de la familia Ponce de León, ex-preso político e integrante de la CoNaDeP en 1984, Marcos Gabriel Vanzini, profesor de Historia de la Iglesia en el Centro de Estudios Salesianos de Buenos Aires (CESBA) y el secretario letrado de la Procuración General Juan Patricio Murray, impulsor de la causa judicial que investiga la muerte del obispo.
En dialogo con nuestro medio, Marisa Ponce de León, recordó la figura de su tío y lo que se vivió durante esa triste época: “Se cumplieron 37 años del fallecimiento de mi tío y he venido a acompañar este reconocimiento y mantener activa la memoria. La causa está en marcha para que la verdad se vuelva justicia. Yo debí aportar a la causa, relatando todo lo que hemos vivido como familia, de la manera en que compartimos las amenazas que estuvo recibiendo. Asimismo tengo material escrito también de la censura que él recibía con su correspondencia para poder develar la verdad.”

Vivir con miedo
Con respecto a los recuerdos que tiene de su tío, explicó: “Tengo los mejores recuerdos de mi tío, momentos imborrables. Yo pase toda mi infancia y adolescencia con él. Justamente me estaba reconociendo en algunas fotos de cuando era niña y que están en la exposición de Ponce De León. Era una persona muy solidaria, querida. Varias veces él fue a mi casa para avisarnos de las amenazas que recibía. Él y mi padre después de la muerte de mi otro tío quedaron muy unidos. Se hablaba mucho del tema en la mesa. Siempre le decía a mi padre que tuviera cuidado con nosotros, mucho resguardo. Durante mucho tiempo estuvimos un poco ocultos, no solo por el miedo que llevaba esto sino por las diversas situaciones que vivíamos tanto mis primos como yo. Era un clima tensionante, feo. Es impresionante como cambia la rutina de una familia, como debe manejarse en determinados momentos. La bronca no era por el miedo a lo que va a pasar sino por lo injusto del origen de ese temor.”

A Carlos lo mataron”
Acerca de cuál fue la reacción de la familia apenas les informaron de la muerte del Obispo y las causas de la misma comentó: “No creímos cuando nos dijeron que fue un accidente. Las palabras exactas de mi papá fueron: a Carlos lo mataron, cuando el oficial de policía llevo un telegrama para darnos la noticia. Ni bien golpearon las manos, porque teníamos una tranquera, mi papá se levantó de la cama y dijo: a Carlos lo mataron, sin saber que venían a anunciar eso.”
Y agregó: “Paso demasiado tiempo para que se busque la justicia. Es una lástima que tanto mi padre como su hermana que falleció mucho tiempo después no hayan podido ver que esto se ponía en marcha, lo que es un gran pesar para nosotros porque quedamos los sobrinos pero ellos merecían una respuesta en su momento. Lo que nos pone bien es que hay un reconocimiento a lo que fue Ponce de León y su actividad pastoral, tanto por su nombre y su memoria.”

Misa
En la Catedral se llevó a cabo la misa con la presencia del Cardenal Primado de Argentina, Arzobispo Mario Aurelio Poli, del obispo de Güaleguaychú y presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, monseñor Jorge Lozano, y el obispo de San Nicolás de los Arroyos monseñor Héctor Sabatino Cardelli, y numerosos sacerdotes y religiosas.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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