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Director de la Oficina de Prensa 

Proyecto del viaje del Papa a México

(RV).- El proyecto de un viaje apostólico del Papa Francisco a México “comienza a ser concreto”, tal como lo afirma el padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y de nuestra emisora Radio Vaticano, al responder a una pregunta sobre este tema.
El Papa – afirmó el Padre Lombardi  – “desea ir a México, como bien sabemos, porque lo ha dicho él mismo en diversas ocasiones. Hay un proyecto para realizar este viaje el año próximo y para este proyecto –  subrayó nuestro Director General –  ya se comenzaron a dar pasos concretos”. 
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Homilía del Papa:
En la memoria de Dios los malvados no tienen nombre.
(RV).- Dios jamás abandona a los justos, mientras quienes siembran el mal son como desconocidos, de los cuales el cielo no recuerda su nombre. Es la enseñanza que el Papa Francisco ofreció en su homilía inspirándose en las lecturas del día de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Una madre coraje, marido, tres hijos, menos de 40 años y un tumor “de esos feos” que la clava a la cama. “¿Por qué?”. Una mujer anciana, persona con la oración en el corazón y con un hijo asesinado por la mafia. “¿Por qué?”.
¿Por qué el bien de los malvados?
La voz del Papa desde el altar de Santa Marta amplifica la gran pregunta que como una cuchilla corta los pensamientos de tanta gente, cuya fe convencida, enraizada, es puesta a dura prueba por los dramas de la vida. ¿Por qué sucede esto, “qué ventaja hemos recibido – fue el grito que Francisco retomó de la lectura del Profeta Malaquías – por haber observado” los mandamientos de Dios, mientras los “soberbios” aun “haciendo el mal, se multiplican y, aun provocando a Dios, permanecen impunes?”:
“¿Cuántas veces vemos esta realidad en gente mala, en gente que hace el mal y que parece que en la vida le vaya bien: son felices, tienen todo lo que quieren, a ellos no les falta nada? ¿Por qué Señor? Es uno de los tantos porqués… ¿Por qué a éste que es un descarado al que no le importa nada, ni de Dios ni de los demás, que es una persona injusta, incluso mala, le va bien todo en su vida, tiene todo lo que quiere y nosotros que queremos hacer el bien tenemos tantos problemas?”.
El Señor vela sobre los justos
El Papa ofreció la respuesta con el Salmo del día, que proclama “bienaventurado” al hombre “que no entra en el consejo de los malvados” y que “encuentra su alegría” en la “ley del Señor”. Y explicó:
“Ahora no vemos los frutos de esta gente que sufre, de esta gente que carga la cruz, como de aquel Viernes Santo y de aquel Sábato Santo no se verán los frutos del hijo de Dios Crucificado, de sus sufrimientos. Y todo lo que hará, saldrá bien. ¿Y qué cosa dice el Salmo sobre los malvados, sobre aquellos de quienes pensamos que les va todo bien? ‘No así, no así los malvados, como cascarilla que el viento dispersa. Porque el Señor vela por el camino de los justos, mientras el camino de los malvados cae en ruina’”.
Sólo un adjetivo
Una ruina que Francisco subrayó citando la parábola evangélica de Lázaro, símbolo de una miseria sin salvación, puesto que mientras goza, le negaba las migajas que caían de su mesa:
“Es curioso que de aquel hombre no se dice su nombre. Es sólo un adjetivo: es un rico. De los malvados, en el Libro de la Memoria de Dios, no hay nombre: es un malvado, es un estafador, es un explotador… No tienen nombre, sólo tienen adjetivos. En cambio, todos aquellos que tratan de caminar por la senda del Señor, estarán con su Hijo, que tiene nombre: Jesús Salvador. Pero un nombre difícil de comprender, incluso inexplicable por la prueba de la cruz y por todo aquello que Él ha sufrido por nosotros”.
Radio Vaticano (RV)

20 frases de Santos y Beatos que te harán amar más el Santo Rosario

REDACCIÓN CENTRAL, 07 Oct. 15 / 01:03 pm (ACI).- Desde que se empezó a propagar la devoción al Santo Rosario, por pedido de la Virgen María en el siglo XIII, muchos santos y beatos a lo largo de los tiempos han tenido una profunda devoción a esta oración mariana y ayudado a su difusión. Aquí 20 frases de aquellos que crecieron en santidad con el rezo del Rosario:
1.- “Si quieren que la paz reine en sus familias y en su Patria, recen todos los días el Rosario con todos los suyos”. San Pío X.
2.- “Rezar mi Rosario es mi más dulce ocupación y una verdadera alegría, porque sé que mientras lo rezo estoy hablando con la más amable y generosa de las madres”. San Francisco de Sales.
3.- “Hacer saber a todos que sean devotos del Santísimo Rosario, en el que se contiene la vida, pasión y muerte de nuestro Redentor”. San José de Calasanz.
4.- “La práctica del Santo Rosario es grande, sublime y divina. El cielo nos la ha dado para convertir a los pecadores más endurecidos y a los herejes más obstinados” San Luis María Grignion de Montfort.
5.- “Si queremos aliviar a las benditas almas del purgatorio, procuremos rogar por ellas a la Santísima Virgen, aplicando por ellas de modo especial el Santo Rosario que les servirá de gran alivio”. San Alfonso María de Ligorio.
6.- “Las mejores conquistas de almas que he logrado, las he conseguido por medio del rezo devoto del Santo Rosario”. San Antonio María Claret.
7.- “Con esta arma le he quitado muchas almas al diablo”. San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars).
8.- “Sobre la devoción de la Virgen y el rezo del Rosario se basa toda mi obra educativa. Preferiría renunciar a cualquier otra cosa, antes que al Rosario”.San Juan Bosco.
9.- “Con el Rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen. Mientras el Rosario sea rezado, Dios no puede abandonar al mundo, pues esta oración es muy poderosa sobre su Corazón”. Santa Teresita del Niño Jesús (Teresita de Lisieux).
10.- “El rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor”. Beato Pablo VI.
11.- “Ojalá sepas y quieras tú sembrar en todo el mundo la paz y la alegría, con esta admirable devoción mariana”. San Josemaría Escrivá.
12.- “El Rosario es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a modo de mística corona”. San Juan XXIII.
13.- “El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo”. San Juan Pablo II.
14.- “Aférrate al Rosario como las hojas de la hiedra se aferran al árbol; porque sin nuestra Señora no podemos permanecer”. Beata Madre Teresa de Calcuta.
15.- “¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!”. San Pío de Pietrelcina.
16.- “Denme mis armas: la cruz, la corona del rosario de la Santísima Virgen y las reglas de la Compañía. Estas son mis tres prendas más amadas; con ellas moriré contento”. San Juan Berchmans.
17.- “Un cristiano sin Rosario, es un soldado sin armas”. San Miguel Febres(Santo Hermano Miguel).
18.- “Al desgranar el Rosario, suplicad a la Reina del Mundo por la santidad de la familia”. Beato Álvaro del Portillo.
19.- “Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto”. Beato Bartolomé Longo.
20.- “Estás viendo el fruto que he conseguido con la predicación del Santo Rosario; haz lo mismo, tú y todos los que aman a María, para de ese modo atraer todos los pueblos al pleno conocimiento de las virtudes”. Santo Domingo de Guzmán.
Primera congregación general: 
El Sínodo es la Iglesia que camina junta.
(RV).- “El Sínodo es un momento especial de gracia para la vida de la Iglesia, en el marco de los 50 años de la conclusión del Concilio Vaticano II, de la celebración de los 50 años de la Institución del Sínodo de los Obispos y de la inminente celebración del Año de la Misericordia”, lo dijo el Secretario General de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, el Cardenal Lorenzo Baldisseri.
Este lunes 5 de octubre, se dio inicio a la Primera Congregación General de la Asamblea de los Obispos dedicada al tema de “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. Después de la intervención del Papa Francisco, quien recordó que “el Sínodo no es un convenio o un parlatorio, un parlamento o un senado donde uno se pone de acuerdo”. “El Sínodo es – afirmó el Pontífice – una expresión eclesial, es decir, es la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios, es la Iglesia que se interroga sobre su fidelidad al depósito de la fe, que para ella no representa un museo que contemplar y tampoco solamente que salvaguardar, sino una fuente viva de la que la Iglesia bebe para iluminar el depósito de la vida”. El Sínodo es además, subrayó el Obispo de Roma, “un espacio protegido donde la Iglesia experimenta la acción del Espíritu Santo”.
A continuación, el Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, explicó cuáles eran las modalidades de esta Asamblea Ordinaria, desde el tiempo a disposición para la intervención de los Padres en el aula, hasta el mayor espacio concedido a los Círculos Menores donde el debate será más intenso, al igual que la importancia concedida a las intervenciones de los cónyuges y las relaciones de los participantes en el Sínodo con los medios de comunicación.
En su disertación, el Secretario General del Sínodo también recordó la importancia de la Asamblea Sinodal, “expresión de la catolicidad de la Iglesia, que corresponde a la dimensión universal del cristianismo y al mismo tiempo a la fuerza universal de esta comunidad humana fundamental e insustituible que es la familia”. Por ello, dijo el Secretario, “el Sínodo de los Obispos actúa cum Petro et sub Petro, cabeza y custodio de la única grey de Cristo”.
En este sentido, el Cardenal Baldisseri precisó que el Sínodo se desarrolla en “un momento de especial gracia para toda la Iglesia. Sobre todo, dijo el Prelado, porque conmemoramos los 50 años de la conclusión del Concilio Vaticano II, un verdadero don de Dios para la Iglesia y la humanidad; porque celebramos los 50 años de la Institución del Sínodo de los Obispos deseado fuertemente por el Beato Pablo VII en 1965; y porque este Sínodo se sitúa en la inminente celebración del Jubileo de la Misericordia, convocada por el Papa Francisco en abril de 2014”. Por ello, dijo el Secretario General, toda la acción pastoral de la Iglesia debe ser guiada por la ternura con la cual se dirige a los creyentes; la credibilidad de la Iglesia, agregó, pasa a través del camino del amor misericordioso”.
Antes de concluir su intervención, el Cardenal Baldisseri recordó que este Sínodo se coloca al final de un largo camino, del cual ahora estamos llamados a recoger sus frutos. “el objetivo que buscamos, dijo el Prelado, es anunciar con alegría y convicción la buena noticia de la familia”, teniendo presente que por ella, pasa el advenir de la humanidad. En este sentido, el Secretario General invitó a orar por la Asamblea Sinodal, encomendándonos a María, Madre de la Iglesia y Reina de la Familia, para que nos conceda tener una auténtica experiencia de unión fraterna en la búsqueda del bien para todas las familias.
(Renato Martinez - Radio Vaticano)
“El Sínodo trasmita la verdad liberadora y sea testimonio de la misericordia de Dios”, el Card. Peter Erdo, ilustró la primera parte del Instrumentum Laboris
(RV).- Por su parte el relator general, el cardenal arzobispo de Ezstergom-Budapest, Peter Erdo, ilustró la primera parte del Instrumentum Laboris que abarca la escucha de los retos sobre la familia, colocándolos en el contexto socio-cultural contemporáneo y sus cambios antropológicos, caracterizados entre otras cosas por una ''fuga de las instituciones'', que conlleva una inestabilidad institucional y un predominio del individualismo y el subjetivismo. Habló después del discernimiento de la vocación familiar, de la pedagogía divina de la familia y de la indisolubilidad como don y tarea, recordando a la familia en el magisterio de la Iglesia y su dimensión misionera, así como a las familias ''heridas'' situándolas en el ámbito de la misericordia y la verdad revelada. El cardenal húngaro tocó el tema de la dimensión evangelizadora de la familia y del acompañamiento eclesial de los núcleos familiares y no olvidó el argumento de la responsabilidad generativa ni los retos de la educación. ''Escuchando la Palabra de Dios –finalizó Erdo- nuestra respuesta debe manifestar la atención sincera y fraterna a las necesidades de nuestros contemporáneos para transmitirles la verdad liberadora y ser testigos de la misericordia más grande. Para hacer frente a los retos de la familia hoy, la Iglesia también debe convertirse y hacerse más viva, más personal, más comunitaria comprendido el ámbito parroquial y de las pequeñas comunidades. Parece que ese despertar comunitario esté ya sucediendo en muchas partes. Para que sea más general y cada vez más profundo pidamos la luz del Espíritu Santo para que nos indique también que pasos concretos hay que dar. Así, ''La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo'', tema del presente Sínodo, se presenta bajo una luz serena y concreta que nos hace crecer en la esperanza y en la confianza en la misericordia de Dios. Esa misericordia a la que el Papa ha querido dedicar un Jubileo extraordinario. Demos gracias al Santo Padre por esta elección de esperanza y confiamos nuestros trabajos a la Sagrada Familia de Nazaret''.
El Papa en la  3° Congregación General 
"un camino de todo el Pueblo de Dios”.

(RV).- “Esta Asamblea sinodal se sitúa en continuidad con aquella del 2014, durante la cual la doctrina católica sobre el matrimonio no ha sido modificada”. Lo afirmó el Papa Francisco, en su breve intervención durante la Tercera Congregación General. El Pontífice, evidenció los tres documentos oficiales sobre los cuales se deben reflexionar: la Relatio Synodi y los dos discursos pontificios de apertura y de clausura de los trabajos sinodales.
El Portavoz Vaticano, el Padre Federico Lombardi hablando en Conferencia de prensa explicó la importancia del Instrumentum Laboris del Sínodo de los Obispos:
“No debemos dejarnos condicionar y reducir nuestro horizonte de trabajo en este Sínodo, como si el único problema fuese aquel de la comunión de los divorciados y de los que se vuelven a casar. Se debe tener en cuenta la amplitud de los problemas y las cuestiones que son propuestos en la Asamblea sinodal, de los cuales el Instrumentum Laboris da una amplia prospectiva”.
Respondiendo a los periodistas, Mons. Claudio María Celli, Presidente de la Comisión para la Información dijo que, “me parece que la intervención del Papa esta mañana, al recordar que los documentos de referencia en la discusión son la Relatio Synodi y los dos discursos, de apertura y clausura, mantenga abierta una actitud de la Iglesia profundamente pastoral en relación a la realidad de los divorciados. Pero también, está presente lo que decía el Papa esta mañana, es decir, que el Sínodo no tiene como único punto de referencia esto. Es uno de muchos otros puntos”.

Francisco afirmó
No es un parlamento sino un espacio de la acción del Espíritu.
(RV).- “El Sínodo no es un parlamento sino una expresión eclesial, es decir, la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios; es la Iglesia que se interroga sobre la fidelidad al depósito de la fe”, que "es una fuente viva de la cual la Iglesia apaga su sed, para apagar la sed e iluminar el depósito de la vida”: fueron palabras del Papa Francisco al introducir los trabajos del Sínodo ordinario sobre la familia que comenzó el lunes 5 de octubre en el Vaticano, inaugurado el domingo con una misa solemne en la Basílica de San Pedro.
“Caminar juntos con espíritu de colegialidad y de sinodalidad”, “poniendo siempre ante nuestros ojos el bien de la Iglesia, de las familias, la Salus animarum” dijo Francisco a los padres sinodales recordándoles que en este camino es necesario  adoptar “valerosamente la parresia y el celo pastoral y doctrinal”.
El Pontífice recordó que el Sínodo podrá ser un espacio de la acción del Espíritu Santo sólo si sus participantes “se revisten de coraje apostólico, de humildad evangélica y de oración confiada”.
Francisco explicó que la oración confiada es la acción del corazón cuando se abre a Dios, cuando se hacen callar todos nuestros humores para escuchar la voz de Dios que habla en el silencio. “Sin escuchar a Dios, todas nuestras palabras – dijo – serán solamente palabras que no sacian y no sirven. Sin dejarse guiar por el Espíritu Santo, todas nuestras decisiones serán solamente decoraciones que en lugar de exaltar el Evangelio lo recubren y lo esconden”. 
Texto completo del Papa Francisco en la primera Congregación General del Sínodo de los Obispos
Queridos: Beatitudes, Eminencias, Excelencias, hermanos y hermanas,
La Iglesia retoma hoy el diálogo iniciado con la proclamación del Sínodo extraordinario sobre la familia, y ciertamente mucho antes, para evaluar y reflexionar juntos el texto de la Instrumentum Laboris, elaborado de la Relatio Synodi y de las respuestas de las Conferencias episcopales y de los organismos con derecho.
El Sínodo, como sabemos, es un caminar juntos con el espíritu de colegialidad y de sinodalidad, adoptando valientemente la parresia, el celo pastoral y doctrinal, la sabiduría, la franqueza y poniendo siempre delante de nuestros ojos el bien de la Iglesia, de las familias y la suprema lex: la Salus animarum.
Quisiera recordar que el Sínodo no es un congreso, un parlatorio, no es un parlamento o un senado, donde nos ponemos de acuerdo. El Sínodo, en cambio, es una expresión eclesial, es decir la Iglesia que camina unida para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios; es la Iglesia que se interroga sobre la fidelidad al depósito de la fe, que para ella no representa un museo para mirar y ni siquiera solo para salvaguardar, sino que es una fuente viva de la cual la Iglesia se sacia, para saciar e iluminar el depósito de la vida.
El Sínodo se mueve necesariamente en el seno de la Iglesia y dentro del santo pueblo de Dios, del cual nosotros formamos parte en calidad de pastores, es decir, servidores. El Sínodo, además, es un espacio protegido donde la Iglesia experimenta la acción del Espíritu Santo. En el Sínodo el Espíritu habla a través de la lengua de todas las personas que se dejan conducir por Dios que sorprende siempre, por el Dios que se revela a los pequeños, y se esconde a los sabios y los inteligentes; por el Dios que ha creado la ley y el sábado para el hombre y no viceversa; por el Dios que deja las 99 ovejas para buscar la única oveja perdida; por el Dios que es siempre más grande de nuestras lógicas y nuestros cálculos.
Recordamos que el Sínodo podrá ser un espacio de la acción del Espíritu Santo solo si nosotros, los participantes, nos revestimos de coraje apostólico, de humildad evangélica y de oración confiada: el coraje apostólico que no se deja asustar de frente a las seducciones del mundo, que tienden a apagar en el corazón de los hombres la luz de la verdad, sustituyéndola con pequeñas y pasajeras luces, y ni siquiera de frente al endurecimiento de algunos corazones, que a pesar de las buenas intenciones alejan a las personas de Dios; el coraje apostólico de llevar vida y no hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos; la humildad evangélica que sabe vaciarse de las propias convenciones y prejuicios para escuchar a los hermanos obispos y llenarse de Dios, humildad que lleva a apuntar el dedo no en contra de los otros, para juzgarlos, sino para tenderles la mano, para realzarlos sin sentirse nunca superiores a ellos.
La oración confiada es la acción del corazón cuando se abre a Dios, cuando se callan todos nuestros humores para escuchar la suave voz de Dios que habla en el silencio. Sin escuchar a Dios, todas nuestras palabras serán solamente palabras que no sacian y no sirven. Sin dejarse guiar por el Espíritu, todas nuestras decisiones serán solamente decoraciones que en lugar de exaltar el Evangelio lo recubren y lo esconden.
Queridos hermanos, como he dicho, el Sínodo no es un parlamento donde para alcanzar un consenso o un acuerdo común se recurre al negociado, al acuerdo o a las componendas, sino que el único método del Sínodo es aquel en el que se abre al Espíritu Santo con coraje apostólico, con humildad evangélica y con oración confiada, de modo que sea él quien nos guía, nos ilumina y nos hace poner delante de los ojos, con nuestras opiniones personales, pero con la fe en Dios, la fidelidad al magisterio, el bien de la Iglesia y la Salus animarum.
Finalmente, quisiera agradecer de corazón a su Eminencia el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo; su Excelencia monseñor Fabio Fabene, subsecretario; y con ellos agradezco el relator, su Eminencia el cardenal Peter Erdo y el secretario especial, su Excelencia monseñor Bruno Forte, los presidentes delegados, los escritores, los consultores, los traductores y todos aquellos que han trabajado con verdadera fidelidad y total dedicación a la Iglesia. ¡Gracias de corazón!
Agradezco igualmente a todos ustedes, queridos padres sinodales, delegados fraternos, auditores, auditoras y asesores, por su participación activa y fructuosa.
Un especial agradecimiento quiero dirigir a los periodistas presentes en este momento y aquellos que lo siguen de lejos. Gracias por su apasionada participación y por su admirable atención.
Iniciamos nuestro camino invocando la ayuda del Espíritu Santo y la intercesión de la Sagrada Familia, Jesús, María y san José. Gracias.

dijo el Papa

Cada familia es siempre una luz
(RV).- Con intensa oración reinicia el camino sinodal de los obispos con el Papa. La invocación del Espíritu Santo que ilumina, guía a la comunidad, es siempre el punto de reinicio del proceso sinodal convocado y presidido por Francisco. La multitud de fieles y peregrinos en la plaza de san Pedro, unida al mundo entero por Radio Vaticana y el Centro Televisivo Vaticano, se concentró en oración en la víspera de la apertura del Sínodo ordinario de los obispos sobre el tema: “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.
En la vigilia de oración de tantas familias junto a religiosas, religiosos, sacerdotes y obispos, titulada: “Las Familias iluminan el Sínodo”, el obispo de Roma animó a la oración precisamente con la imagen de la pequeña vela encendida en la oscuridad. Entiendo que la imagen y las preguntas sobre la misma dan luz sobre aspectos esenciales de este “caminar juntos” que significa la palabra “sínodo”.
Preguntó Francisco: “¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea? ¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas? Frente a las exigencias de la existencia, existe la tentación de echarse para atrás, de desertar y encerrarse, a lo mejor en nombre de la prudencia y del realismo, escapando así de la responsabilidad de cumplir a fondo el propio deber”.
El Papa recordó que con este espíritu, hace precisamente un año, en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo pidiéndole que los Padres sinodales –al poner atención en el tema de la familia– supieran escuchar y confrontarse teniendo fija la mirada en Jesús, Palabra última del Padre y criterio de interpretación de la realidad. Y afirmó que: “Esta noche, nuestra oración no puede ser diferente. Pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos”.
El Sucesor en la cátedra de Pedro pidió: “Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre”.
Para tu Radio, jesuita Guillermo Ortiz RV
Texto completo de las palabras del Papa
Vigilia del Sínodo 3 de octubre de 2015
Queridas familias, buenas tardes.
¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea? ¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?
En ciertas épocas de la vida –de esta vida llena de recursos estupendos–, preguntas como esta se imponen con apremio. Frente a las exigencias de la existencia, existe la tentación de echarse para atrás, de desertar y encerrarse, a lo mejor en nombre de la prudencia y del realismo, escapando así de la responsabilidad de cumplir a fondo el propio deber.
¿Recuerdan la experiencia de Elías? El cálculo humano le causa al profeta un miedo que lo empuja a buscar refugio. «Entonces Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para poner a salvo su vida […] Caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: “¿Qué haces aquí, Elías?”» (1 R 19,3.8-9). Luego, en el Horeb, la respuesta no la encontrará en el viento impetuoso que sacude las rocas, ni en el terremoto, ni tampoco en el fuego. La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea…
Con este espíritu, hace precisamente un año, en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo pidiéndole que los Padres sinodales –al poner atención en el tema de la familia– supieran escuchar y confrontarse teniendo fija la mirada en Jesús, Palabra última del Padre y criterio de interpretación de la realidad.
Esta noche, nuestra oración no puede ser diferente. Pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos.
Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.
Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo.
La andadura misma de Jesús entre los hombres toma forma en el seno de una familia, en la cual permaneció treinta años. Una familia como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio.
Charles de Foucauld intuyó, quizás como pocos, el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret. Este gran explorador abandonó muy pronto la carrera militar fascinado por el misterio de la Sagrada Familia, por la relación cotidiana de Jesús con sus padres y sus vecinos, por el trabajo silencioso, por la oración humilde. Contemplando a la Familia de Nazaret, el hermano Charles se percató de la esterilidad del afán por las riquezas y el poder; con el apostolado de la bondad se hizo todo para todos; atraído por la vida eremítica, entendió que no se crece en el amor de Dios evitando la servidumbre de las relaciones humanas, porque amando a los otros es como se aprende a amar a Dios; inclinándose al prójimo es como nos elevamos hacia Dios. A través de la cercanía fraterna y solidaria a los más pobres y abandonados entendió que, a fin de cuentas, son precisamente ellos los que nos evangelizan, ayudándonos a crecer en humanidad.
Para entender hoy a la familia, entremos también nosotros –como Charles de Foucauld– en el misterio de la Familia de Nazaret, en su vida escondida, cotidiana y ordinaria, como es la vida de la mayor parte de nuestras familias, con sus penas y sus sencillas alegrías; vida entretejida de paciencia serena en las contrariedades, de respeto por la situación de cada uno, de esa humildad que libera y florece en el servicio; vida de fraternidad que brota del sentirse parte de un único cuerpo.
La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados.
Volvamos a Nazaret para que sea un Sínodo que, más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor, no obstante las muchas penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar.
En la «Galilea de los gentiles» de nuestro tiempo encontraremos de nuevo la consistencia de una Iglesia que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral. Porque si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminamos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos.
Una Iglesia que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta.
Una Iglesia sobre todo de hijos, que se reconocen hermanos, nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes.
La Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido.
Esta Iglesia puede verdaderamente iluminar la noche del hombre, indicarle con credibilidad la meta y compartir su camino, sencillamente porque ella es la primera que vive la experiencia de ser incesantemente renovada en el corazón misericordioso del Padre.
 El Papa en el Ángelus
No seamos sociedad-fortaleza, sino sociedad-familia capaces de acoger
(RV).- A la hora del Ángelus dominical del primer domingo de octubre, el Papa Francisco recordó la celebración eucarística apenas celebrada en la Basílica de san Pedro, con la que se dio inicio a la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. “Tendremos la mirada fija en Jesús para individuar, sobre la base de su enseñanza de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para un compromiso adecuado de la Iglesia con las familias y para las familias”, recalcó el Obispo de Roma hablando de la tarea que les espera los padres sinodales.
Citando el Libro del Génesis de la liturgia de este domingo, que se refiere a la complementariedad y reciprocidad entre hombre y mujer, el Pontífice subrayó que “Dios es amor que viene donado a los esposos en el Sacramento del matrimonio”.  Este amor, que alimenta su relación y suscita el deseo de generar hijos – dijo – es el mismo amor que, en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños cuando dice: “Dejen que los niños se acerquen a mí...”
Francisco invitó luego a pedir al Señor para que “todos los padres y los educadores del mundo, como así también la entera sociedad, se vuelvan instrumentos de aquella acogida y de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños”.  Y recordando a los niños infelices, que escapan de pobreza y conflictos implorando nuestra ayuda, invocó la ayuda del Señor “para que nos ayude no ser sociedad-fortaleza, sino sociedad-familia, capaces de acoger, con reglas adecuadas, pero acoger.
El Papa Bergoglio concluyó invitando a rezar por los trabajos del sínodo e invocó la intercesión de la Virgen María, en unión espiritual con quienes hoy en el Santuario de Pompeya recitan la “Súplica a la Virgen del Rosario”.
Texto completo de la reflexión del Papa a la hora del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Se ha concluido hace poco, en la Basílica de San Pedro, la celebración eucarística con la cual hemos dado comienzo la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Los Padres Sinodales, provenientes de todas partes del mundo y reunidos en torno al Sucesor de Pedro, reflexionarán por tres semanas sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad, para un atento discernimiento espiritual y pastoral. Tendremos la mirada fija en Jesús para individuar, sobre la base de su enseñanza de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para un compromiso adecuado de la Iglesia con las familias y para las familias, para que el designio originario del Creador sobre el hombre y la mujer pueda llevarse a cabo y obrar en toda su belleza y su fuerza en el mundo de hoy.
La liturgia de este domingo vuelve a proponer precisamente el texto fundamental del Libro del Génesis sobre la complementariedad y reciprocidad entre hombre y mujer (crf. Gen 2,18-24). Por esto – dice la Biblia – el hombre deja su padre y su madre y se une a su mujer y los dos se transforman en una sola carne, es decir, una sola vida, una sola existencia (cfr. v 24). En tal unidad los cónyuges transmiten la vida a los nuevos seres humanos: se transforman en padres. Participan de la potencia creadora de Dios mismo. Pero ¡atención! Dios es amor que viene donado a los esposos en el Sacramento del matrimonio. Es el amor que alimenta su relación, a través de alegrías y dolores, momentos serenos y difíciles. Es el amor que suscita el deseo de generar hijos, de esperarlos, acogerlos, criarlos, educarlos . Es el mismo amor que, en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino del Cielo pertenece a los que son como ellos” (Mc 10,14).
Hoy pidamos al Señor que todos los padres y los educadores del mundo, como así también la entera sociedad, se vuelvan instrumentos de aquella acogida y de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones con la ternura y la diligencia de un padre y al mismo tiempo, de una madre. Pienso – ahora pienso – en tantos niños hambrientos, abandonados, explotados, obligados a la guerra, rechazados. Es doloroso ver las imágenes de niños infelices, con la mirada perdida, que escapan de pobreza y conflictos, golpean a nuestras puertas y a nuestros corazones implorando ayuda. El señor nos ayude a no ser sociedad-fortaleza, sino sociedad-familia, capaces de acoger, con reglas adecuadas, pero acoger, acoger siempre, con amor.
Los invito a sostener con la oración los trabajos del Sínodo, para que el Espíritu Santo vuelva a los padres sinodales plenamente dóciles a sus inspiraciones. Invoquemos la materna intercesión de la Virgen María, uniéndonos espiritualmente a cuantos, en este momento, en el Santuario de Pompeya recitan la “Súplica a la Virgen del Rosario”.
Saludos del Papa después de la oración mariana
Queridos hermanos y hermanas,
ayer, en Santander, en España, han sido proclamados Beatos Pio Heredia y diecisiete compañeros y compañeras del Orden Cisterciense de la Estricta Observancia y de San Bernardo, asesinados por su fe durante la guerra civil española y la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado. Alabemos al Señor por sus valientes testimonios, y por su intercesión, supliquémosle que libere al mundo del flagelo de la guerra.
Deseo dirigir una oración al Señor por las víctimas del desmoronamiento que ha arrasado un entero poblado en Guatemala, como también por aquellas del aluvión en Francia, en la Costa Azul. Estamos cercanos a las poblaciones golpeadas duramente, también con la solidaridad concreta.
Agradezco a todos ustedes que han venido numerosos de Roma, de Italia y de tantas partes del mundo. Saludos a los fieles de la Arquidiócesis de Paderborn (Alemania), a aquellos de Porto (Portugal), y al grupo del colegio Mekhitarista en Roma.
En el día de san Francisco de Asís, patrono de Italia, saludo con particular afecto a los peregrinos italianos, en particular, a los fieles de Reggio Calabria, Bollate, Mozzanica, Castano Primo, Nule e Parabita. Saludo a los chicos de Belvedere di Spinello y a la Asociación de los derechos de los peatones de Roma y de Lazio.
¡A todos les deseo un buen domingo! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
El Papa a los miembros
del Banco de Alimentos de Italia
“Alimenten a los pobres, porque ellos son la carne de Cristo”.

(RV).- “Compartir lo que tenemos con aquellos que no tienen los medios para satisfacer una necesidad primaria, nos educa a la caridad que es un don lleno de pasión por la vida de los pobres que el Señor nos permite encontrar”, aliento del Papa Francisco a los participantes en el Encuentro promovido por el Banco de Alimentos de Italia, a quienes recibió en Audiencia el primer sábado de octubre, en el Aula Pablo VI del Vaticano.

En su discurso el Santo Padre saludó a los integrantes de esta significativa “red de caridad” llamada Fundación Banco de Alimentos, que desde hace 25 años viene trabajando cotidianamente para afrontar la pobreza, con el empeño de evitar “el desperdicio de alimentos, administrarlos y distribuirlos a las familias en dificultad y a las personas indigentes”.

“El hambre hoy ha adquirido las dimensiones de un verdadero escándalo que amenaza la vida y la dignidad de tantas personas – hombres, mujeres, niños y ancianos –. Cada día debemos confrontarnos con esta injusticia: en un mundo rico de recursos alimenticios, gracias también a los enormes progresos tecnológicos, son muchos aquellos que no tienen lo necesario para sobrevivir; y esto no solo en los países pobres, sino también en las sociedades ricas y desarrolladas. La situación se ha agravado por el aumento de los flujos migratorios, que traen a Europa miles de prófugos, que huyen de sus países y necesitados de todo”.

Comentando el pasaje del Evangelio de Mateo 25,35; el Pontífice dijo que “Jesús viendo a la gente que tenía hambre, no ignora el problema, ni tampoco hace un discurso sobre la lucha contra la pobreza, sino realiza un gesto que deja a todos sorprendidos: porque lo poco que tienen sus discípulos lo bendice y lo multiplica”.

“Nosotros no podemos realizar un milagro como lo hizo Jesús; pero podemos hacer algo, ante la emergencia del hambre, algo humilde y que tiene la fuerza de un milagro. Primero que todo podemos educar en humanidad, a reconocer la humanidad presente en cada persona, necesitada de todo”.

Recordando a los fundadores de esta Asociación, a Danilo Fossati y Don Giussani, el Obispo de Roma dijo que “estos dos hombres no fueron indiferentes al grito de los pobres. Y entendieron que algo debería cambiar en la mentalidad de las personas, que los muros del individualismo y del egoísmo debían ser derribados”, agregó el Papa.

“Es el mismo Jesús que nos invita a hacer espacio en nuestro corazón a la urgencia de ‘dar de comer al hambriento’, y la Iglesia lo ha convertido en una obra de misericordia corporal. Compartir lo que tenemos con aquellos que no tienen los medios para satisfacer una necesidad primaria, nos educa a la caridad que es un don lleno de pasión por la vida de los pobres que el Señor nos permite encontrar”.

Antes de concluir su discurso, el Sucesor de Pedro animó a los miembros del Banco de Alimentos a seguir compartiendo el pan de cada día. “No se olviden, dijo el Papa, que son personas y no números, cada uno con su carga de dolor que a veces parece imposible llevar. Teniendo siempre presente esto, sabrán mirarlos a la cara, darles la mano, descubrir en ellos la carne de Cristo y ayudarlos a reconquistar su dignidad y a ponerse de pie”. Sean amigos y hermanos de los pobres, alentó el Papa, ellos son importantes a los ojos de Dios; que la Virgen María, Madre de la Caridad los proteja.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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