7 razones que nos alejan de un estereotipo errado

Los ángeles de la guarda no son querubines gorditos que flotan en las nubes.


a fiesta de los ángeles custodios es el día perfecto para tomarnos un momento y reflexionar sobre la bendición que significa contar con un ángel para que nos guíe. Como niños muchos de nosotros ha rezado la tradicional oración del ángel de guarda, pero como adultos, tendemos a olvidar la importancia y el poder que los ángeles tienen en nuestra vida.
El new age ha dejado a muchos confundidos en cuanto a lo que los ángeles son, cómo podemos comunicarnos con ellos y el poder que ellos tienen. Por ello es importante saber lo que la tradición de la Iglesia dice sobre los ángeles custodios. Aquí les dejamos una lista de 7 cosas que nos serían de mucha utilidad para saber más acerca de los ángeles guardianes y evitar tener creencias equivocadas.

1. Son reales.

La Iglesia Católica no inventa ángeles guardianes para ayudar a que los niños pequeños se sientan seguros en la noche. Los ángeles guardianes son reales. “La existencia de los seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente “ángeles” es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición”.(Catecismo de la Iglesia Católica 328). Hay innumerables ejemplos de ángeles en toda la Escritura. Ellos cuidaron a todos, hasta a Jesús mismo.
“Pero si no nos apartamos de aquel que está a nuestro lado seremos firmemente sostenidos por manos angélicas a fin de que nuestro pie no tropiece en las insidias del enemigo”. San Juan Bosco

2. Todos tenemos uno.

Al lado de cada creyente se encuentra un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida”. (San. Basilio). Los ángeles guardianes no son algo que tenemos que compartir. Ellos son tan valiosos para nuestro bienestar espiritual, que Dios nos ha bendecido con uno propio.
“Grande es la dignidad del alma humana, ya que cada uno de ellos tiene, desde el primer momento de su vida, un ángel designado para salvaguardarlo”.San Jerónimo

3. Nos llevan al cielo (si se lo permitimos)


 “¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación? “(Hebreos 1,14). Nuestros ángeles guardianes nos protegen del mal, nos ayudan en la oración, nos llevan a elegir el bien y nos representan ante Dios. Ellos son capaces de actuar sobre nuestros sentidos y nuestra imaginación, pero no sobre nuestra voluntad. No pueden elegir por nosotros, pero nos animan todo lo posible para elegir lo que es verdadero, bueno y bello.
“El ángel de la guarda “está siempre con nosotros. Esta es una realidad. Es como un embajador de Dios con nosotros. Y el Señor nos aconseja: ‘¡Ten respeto por su presencia!”.Papa Francisco

4. Nunca nos dejan

“El Señor está siempre cerca y activo en la historia humana, y nos sigue con la presencia única de sus ángeles, que hoy la Iglesia venera como ‘Guardianes’, en otras palabras, los que se encargan del cuidado de Dios para todos los hombres (… )Desde el comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su protección constante”.Benedicto XVI
  
No hay necesidad de desesperarse o sentirse solo porque hay ángeles que caminan con nosotros para guiar a nuestras alma en todo momento. Ni siquiera la muerte nos separará de nuestro ángel. Ellos están a nuestro lado constantemente en la tierra y permanecerán con nosotros en el cielo.

5. Tu ángel de la guarda no es tu tatarabuelo

Contrariamente a la creencia popular y a lo que podríamos decir a menudo para consolar a los que han perdido a un ser querido, los ángeles no son personas que han muerto. Son creaturas espirituales con una inteligencia y una voluntad propia, creada por Dios para glorificarlo y para servirle por toda la eternidad.

6. No son querubines gorditos y lindos que flotan en las nubes y juegan con arpas: son poderosos seres espirituales que luchan por tu alma.

“Cristo es el centro del mundo angélico:«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él »”. (CIC 331). Los ángeles son superiores al hombre, pues a pesar de que son enviados para servirnos, están constantemente en presencia de Dios. Ellos han sido dotados  de muchos poderes espirituales y capacidades que no tienen los seres humanos. No pienses en tu ángel como un personaje de dibujos animados; él está de pie junto a ti para protegerte, defenderte y guardarte.

7. Cuando no sepamos que decisión tomar podemos acudir a nuestro ángel para que guíe nuestro discernimiento

“Cuando sentimos la inspiración: ‘haz esto… esto es mejor… esto no se debe hacer…’ ¡Escucha! ¡No te rebeles a él!”.Papa Francisco
Es bueno ser amigos de nuestro ángel de la guarda, conversar con él. Podemos pedirle que interceda en nuestro nombre, pues Nuestro Padre celestial quiere hacer todo lo posible para ayudarnos a pasar a la eternidad en Su Reino. Es importante utilizar todo lo que nos proporciona con el fin de obtener plenamente las gracias necesarias para entrar en él.


fuente: CatholicLink

pidió el Papa
Cada uno tiene un ángel a su lado, escuchémoslo dócilmente. 




(RV).- A cada persona Dios le ha dado la “compañía” de un ángel para que la aconseje y proteja, un ángel al que hay que escuchar con docilidad. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta precisamente en el día de la fiesta de los Ángeles Custodios.

La prueba de una paternidad que todo ama y abarca se la encuentra en las primeras páginas de la Biblia. Cuando Dios echa a Adán del Paraíso no lo deja solo, no le dice – destacó el Papa – “arréglatelas como puedas”.

Embajador de Dios junto a nosotros
Francisco citó oraciones y salmos que recuerdan cómo la figura del Ángel Custodio desde siempre está presente en toda vicisitud de la relación entre el hombre y el cielo. “He aquí que he enviado a un ángel ante ti para que te custodie en el camino y para hacerte entrar en el lugar que he preparado”, se lee en el pasaje del Libro del Éxodo propuesto por la liturgia. Liturgia dedicada a esas divinas presencias especiales que – subrayó el Papa – “el Señor ha dado a todos”. “Cada uno de nosotros – dijo – tiene uno” que “nos acompaña”:

“¡Está siempre con nosotros! Y ésta es una realidad. Es como un embajador de Dios con nosotros. Y el Señor nos aconseja: ‘¡Ten respeto de su presencia!’. Y cuando nosotros – por ejemplo – hacemos una maldad y pensamos que estamos solos: no, está él. Tener respeto de su presencia. Escuchar su voz, porque él nos aconseja. Cuando sentimos esa inspiración: ‘Pero has esto… esto es mejor… esto no se debe hacer…”. ¡Escucha! No te rebeles a él”.

Respetarlo y escucharlo

El Ángel Custodio nos defiende siempre y, sobre todo, del mal, aseguró Francisco. Y observó que a veces “nosotros pensamos que podemos esconder tantas cosas”, “cosas feas” que, al final, saldrán a la luz. Y el Ángel – dijo el Papa – está allí “para aconsejarnos”, para “cubrirnos”, exactamente como haría “un amigo”. “Un amigo que nosotros no vemos, pero que sentimos”. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la alegría eterna”:

“Sólo pide que lo escuchemos y lo respetemos. Sólo esto: respeto y escucha. Y este respeto y escucha a este compañero de camino se llama docilidad. El cristiano debe ser dócil al Espíritu Santo. La docilidad al Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.

Dóciles con el Ángel que nos guía



Y para ser dóciles – señaló el Papa Francisco – es necesario ser pequeños, como niños, o sea como aquellos de quienes Jesús ha dicho que son los más grandes en el Reino de su Padre.

Por tanto, concluyó el Papa Bergoglio, el Ángel Custodio es “un compañero de camino” que nos enseña la humildad y a quien, como niños, debemos escuchar:

“Pidamos hoy al Señor la gracia de esta docilidad, de escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios que está junto a nosotros en su nombre, y que estamos sostenidos por su ayuda. Siempre en camino… Y también en esta Misa, con la que alabamos al Señor, recordemos cuán bueno es el Señor que precisamente después de haber perdido su amistad, no nos ha dejado solos, no nos ha abandonado”.

Misioneros Combonianos "Servidores y mensajeros del Evangelio"

(RV) .- El Papa Francisco recibio una los Participantes del Capítulo General de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús en la Sala Clementina del Vaticano.
Durante su Discurso, el Papa Recordo una misioneros Que Son los "Servidores y mensajeros del Evangelio, especialmente párr Quienes no lo Conocen o lo han Olvidado" explico Que y "al origen de su Misión heno un don, Que es la Iniciativa Gratuita del amor Que de Dios les ha dado Una doble Llamada: Estar Con El e ir un PREDICAR ".
"En la base de De Todo esta la Relación con personal Cristo, radicada en el Bautismo, confirmada en la confirmacion y, párr ALGUNOS, Reforzada en la Ordenación ... this vivir con Cristo Determina TODO del nuestro Ser y del nuestro ACTUAR; y se vive y se Alimenta Sobre Todo en la Oración, en el Permanecer en el Señor, en la Adoración, en el coloquio de Corazón a corazón con el ".
"Precisamente En Este espacio orante es Donde SE Encuentra el verdadero tesoro párrafo donarlo a los hermanos Mediante el Anuncio. El misionero de Hecho se Hace Servidor del Dios Que habla, Que Quiere Hablar de los Hombres y las Mujeres de Hoy, Como Jesús hablaba un Aquellos de Su Tiempo, conquistaba y El Corazón de la Gente que Venia un escucharlo de Todas Partes y quedaba maravillada escuchando SUS Enseñanzas ".
En línea this, el Papa Animo a los misioneros una "nutrirse siempre de la Palabra de Dios, Para Ser Fiel eco, acogerla con alegría del Espíritu, interiorizarla y hacerla carne de su carne Como María" ya Que es la Palabra de Dios "está la Sabiduría Que Viene del alto Y Que permite Encontrar lenguajes, Actitudes, Instrumentos adecuados párrafo de respuesta a Los Desafíos de la humanidad Que cambia ".
: Además, el Obispo de Roma explico Que los Combonianos del Corazón de Jesús contribuyen "con alegría a la Misión de la Iglesia, testimoniando el carisma de san Daniel Comboni, Que Un ENCUENTRA punto en el amor misericordioso del Corazón de Cristo por Los Hombres indefensos" .
"Aquel corazón Que ha amado a los hombres los empuja a las periferias de la Sociedad para testimoniar la perseverancia del amor Paciente y fiel ... Así podran Continuar una PROMOVER la justicia y la paz, el respeto y la dignidad de Cada persona".
Al Finalizar, el Papa Deseo un para los misioneros del la del que Reflexión de los Temas del Capítulo Aluminé El Camino del Instituto en los proximos años "Ayudando a redescubrir su patrimonio de espiritualidad y de Actividad misionera" "Continuar con confianza su Apreciada Colaboración a la Misión de la Iglesia "mar Y Que estímulo El Ejemplo de tantos hermanos" que han Ofrecido su vida una causa del Evangelio, Dispuestos también al supremo testimonio de la sangre ".
"Es notable, de Hecho, la del que Historia del Instituto Comboniano this Marcada Por Una cadena ininterrumpida de Mártires, Que Llega un Nuestros Días. Ellos hijo semilla fecunda en la Difusión del Reino y protectores de su Compromiso apostólico ".

pidió el Papa


Que jamás se nos apague la nostalgia de Dios.

(RV).- La alegría del Señor es nuestra fuerza, en Él encontramos nuestra identidad. Es uno de los pasajes de la homilía del Papa Francisco de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta en la fiesta de Santa Teresa de Lisieux, a quien el Pontífice ama de modo especial.
El Papa Bergoglio subrayó que jamás se debe apagar en un cristiano la nostalgia de Dios, puesto que de lo contrario nuestro corazón no podría hacer fiesta.
El pueblo de Israel, después de muchos años de deportación, regresa a Jerusalén. Inspirándose en la Primera Lectura – tomada del Libro de Nehemías – el Santo Padre reflexionó acerca de lo que da sustancia a la identidad de un cristiano. Y destacó que el pueblo, también durante los años transcurridos en Babilonia, recordaba su propia patria. Después de tantos años – observó – llega, finalmente, el día del regreso, de la reconstrucción de Jerusalén, y, como narra la Primera Lectura, Nehemías pide al escriba Esdras que lea ante el pueblo el Libro de la Ley.
El pueblo está feliz – dijo Francisco – “se sentía gozoso, lloraba, y sentía la Palabra de Dios; tenía alegría, pero también llanto, todo junto”.
La alegría del Señor es nuestra fuerza
El Papa se preguntó ¿cómo se explica esto? Y dijo que, “sencillamente, este pueblo no sólo había encontrado su ciudad, la ciudad donde había nacido, la ciudad de Dios, sino que este pueblo al escuchar la Ley, encontró su identidad, y, por esta razón, se sentía gozoso y lloraba”:
“Pero lloraba de alegría, lloraba porque había encontrado su identidad, había encontrado aquella identidad que con los años de la deportación había perdido un poco. Un largo camino este. ‘No se entristezcan – les dice Nehemías – porque la alegría del Señor es su fuerza’. Es la alegría que da el Señor cuando encontramos nuestra identidad. Y nuestra identidad se pierde en el camino, se pierde en tantas deportaciones o auto-deportaciones nuestras, cuando hacemos un nido acá, un nido allá, un nido… y no en la casa del Señor. Encontrar la propia identidad…”.
Sólo en Dios encontramos nuestra verdadera identidad
El Papa se preguntó asimismo de qué modo es posible encontrar la propia identidad. “Cuando tú has perdido aquello que era tuyo, tu casa, aquello que era precisamente tuyo – dijo – te viene esta nostalgia y esta nostalgia te lleva de nuevo a tu casa”. Y añadió que este pueblo, “con esta nostalgia, sintió que era feliz y lloraba de felicidad por esto, porque la nostalgia de la propia identidad lo había llevado a encontrarla. Una gracia de Dios”:
“Si nosotros  – por ejemplo – estamos llenos de comida, no tenemos hambre. Si nosotros estamos cómodos, tranquilos donde estamos, no tenemos necesidad de ir a otro lugar. Y yo me pregunto, y sería bueno que todos nosotros nos lo preguntáramos hoy: ‘¿Estoy tranquilo, contento, no tengo necesidad de nada  – lo digo desde el punto de vista espiritual – en mi corazón? ¿Mi nostalgia se ha apagado?’ Miremos a este pueblo feliz, que lloraba y estaba gozoso. Un corazón que no tiene nostalgia, no conoce la alegría. Y precisamente la alegría es nuestra fuerza: la alegría de Dios. Un corazón que no sabe qué es la nostalgia, no puede hacer fiesta. Y todo este camino que había comenzado desde hacía años, termina en una fiesta”.
Que jamás se apague en nuestro corazón la nostalgia de Dios
El Papa Francisco también recordó que el pueblo exultaba con gran alegría porque había “comprendido las palabras que les habían sido proclamadas. Habían encontrado lo que la nostalgia les hacía sentir” para ir adelante. Y concluyó diciendo:
“Preguntémonos cómo es nuestra nostalgia de Dios: ¿Estamos contentos?, ¿somos felices así, o todos los días tenemos este deseo de ir adelante? Que el Señor nos dé esta gracia: que jamás, jamás, jamás, se apague en nuestro corazón la nostalgia de Dios”.
dijo el Papa a un grupo de personas con discapacidad
La enfermedad es algo feo, pero la fe nos anima.
(RV).- El Papa Francisco reanudó la celebración de su audiencia general, el último miércoles de septiembre, a las 10.00 de la mañana, tras haber realizado el 10º viaje apostólico internacional, el más largo de su pontificado durante el que visitó tres ciudades de Cuba: Holguín, Santiago y La Habana; mientras en Estados Unidos, además de Filadelfia, también estuvo en Nueva York y Washington.
En el curso de esta audiencia semanal, que contó con la participación de numerosos devotos de Santa Rita, procedentes de todo el mundo,  el Santo Padre bendijo una estatua de la santa de 6 metros de altura y 30 toneladas de peso, realizada en El Líbano, por el escultor Nayef Alwan que le comisionó el devoto mecenas Sarkis Sarkis, y que será colocada en Cascia, la localidad natal de la santa italiana de los casos imposibles, el próximo 18 de octubre. La escultura ha sido hecha en piedra calcárea libanesa, extraída a dos mil metros de altura, representa a la santa italiana con los elementos típicos que la caracterizan, es decir, la espina, la rosa, la cruz y la vid.
Antes de comenzar esta audiencia semanal, el Pontífice dirigió un saludo a los 400 minusválidos con sus acompañantes, todos ellos representantes alemanes  de la Orden de Malta.
Al darles a todos ellos los buenos días, Francisco explicó que dada la incertidumbre del tiempo se decidió realizar esta audiencia en dos lugares, para que estuvieran más cómodos y pudieran seguir este evento a través de la conexión audiovisual.
El Santo Padre les agradeció mucho esta visita y les pidió que recen por él.
“La enfermedad es algo feo, y están los médicos  – que son buenos – los enfermeros, las enfermeras, los medicamentos, todo, pero siempre es una cosa fe. Pero está la fe, la fe que nos anima y ese pensamiento que a todos nos viene: Dios se ha hecho enfermo por nosotros, es decir, ha enviado a su Hijo, que ha tomado sobre sí todas nuestras enfermedades, hasta la cruz. Y mirando a Jesús con su paciencia, nuestra fe se hace más fuerte. Y siempre con nuestra enfermedad vamos, con Jesús a nuestro lado, tomados de la mano de Jesús. Él sabe lo que significa el sufrimiento, Él nos entiende y Él nos consuela y nos da fuerza.
Y ahora les doy a todos ustedes la bendición y pido que el Señor los bendiga, los acompañe. Pero antes recemos a la Virgen… Ave María…
En cambio, al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, el Papa Francisco manifestó su alegría al acoger a los devotos de Santa Rita de Cascia, acompañados por el Arzobispo de Spoleto - Norcia, Monseñor Renato Boccardo.
“Al bendecir la gran estatua de la Santa – dijo el Santo Padre – invito a todos, en el próximo Jubileo de la Misericordia, a releer su extraordinaria experiencia humana y espiritual como signo del poder de la misericordia de Dios”.
El Papa Bergoglio también saludó a los niños del sector oncológico del hospital Juan XXIII de la localidad italiana de Bérgamo; a los sacerdotes del Colegio Mexicano y del Colegio San Pablo así como a los seminaristas del Pontificio Colegio María Mater Ecclesiae, todos ellos de Roma.
“Deseo a todos – les dijo el Pontífice –  que su visita a la Ciudad Eterna constituya una ocasión para robustecer la esperanza y acrecentar la caridad”.
Y como es costumbre, el Obispo de Roma dirigió un pensamiento especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados.
A todos ellos, destacando la celebración del día de San Jerónimo, el Papa deseó a los queridos jóvenes que la pasión de este santo por la Sagrada Escritura haga que también ellos se enamoren del Libro de la Vida; a los queridos enfermos Francisco les manifestó su deseo de que la austeridad de este santo colme de significado su sufrimiento; mientras a los queridos recién casados les deseó que su vigor espiritual fortifique su fe en su nueva casa.
El Papa en la jornada del Emigrante y del Refugiado:
“La respuesta del Evangelio es la misericordia”

(RV).- “Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia” es el tema al que se dedicará el Día Mundial del Emigrante y del Refugiado, según se ha explicado este jueves en la Oficina de Prensa del Vaticano en la presentación del mensaje del Santo Padre para esta jornada que se celebrará el 17 de enero de 2016.

El Papa Francisco habla de los flujos migratorios, “personas que escapan de su propia patria que interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan”. En este sentido el Santo Padre habla de la integración de los inmigrantes, de sus condiciones de vida, y de cómo la Iglesia debe actuar inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo. “La respuesta del Evangelio es la misericordia”.

“A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio” escribe el Obispo de Roma y termina su mensaje recordando que “acoger al otro es acoger a Dios en persona”.

(MZ-RV)

Mensaje completo del Papa para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado

Queridos hermanos y hermanas

En la bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordé que «hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre» (Misericordiae vultus, 3). En efecto, el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana. De este modo, la premura paterna de Dios es solícita para con todos, como lo hace el pastor con su rebaño, y es particularmente sensible a las necesidades de la oveja herida, cansada o enferma. Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuanto más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina.

En nuestra época, los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales.

Sobre la base de esta constatación, he querido que la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2016 sea dedicada al tema: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Los flujos migratorios son una realidad estructural y la primera cuestión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos. Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida.

Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?

En este momento de la historia de la humanidad, fuertemente marcado por las migraciones, la identidad no es una cuestión de importancia secundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspectos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge. ¿Cómo vivir estos cambios de manera que no se conviertan en obstáculos para el auténtico desarrollo, sino que sean oportunidades para un auténtico crecimiento humano, social y espiritual, respetando y promoviendo los valores que hacen al hombre cada vez más hombre en la justa relación con Dios, con los otros y con la creación?

En efecto, la presencia de los emigrantes y de los refugiados interpela seriamente a las diversas sociedades que los acogen. Estas deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados. ¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?

La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo. Muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad. Ellos han reconocido la voz de Jesucristo: «Mira, que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Y, sin embargo, no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional.

Ante estas cuestiones, ¿cómo puede actuar la Iglesia si no inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evangelio es la misericordia.

En primer lugar, ésta es don de Dios Padre revelado en el Hijo: la misericordia recibida de Dios, en efecto, suscita sentimientos de alegre gratitud por la esperanza que nos ha abierto al misterio de la redención en la sangre de Cristo. Alimenta y robustece, además, la solidaridad hacia el prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios, «que fue derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rm 5,5). Así mismo, cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir.

En esta perspectiva, es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes. A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son complementarios a la defensa y a la promoción de la persona humana, a la cultura del encuentro entre pueblos y de la unidad, donde el Evangelio de la misericordia inspira y anima itinerarios que renuevan y transforman a toda la humanidad.

La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen. Este proceso debería incluir, en su primer nivel, la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos. Así se confirma que la solidaridad, la cooperación, la interdependencia internacional y la ecua distribución de los bienes de la tierra son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que cesen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución.

Sobre esto es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes.

Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual. Los prófugos de nuestro tiempo escapan de estos crímenes aberrantes, que interpelan a la Iglesia y a la comunidad humana, de manera que ellos puedan ver en las manos abiertas de quien los acoge el rostro del Señor «Padre misericordioso y Dios te toda consolación» (2 Co 1,3).

Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la misericordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su intercesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migraciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 12 de septiembre de 2015, memoria del Santo Nombre de María
Jornada del Emigrante y el Refugiado: 
''La emigración no es yuxtaposición de culturas, sino encuentro de pueblos''.

Ciudad del Vaticano, 1 de octubre de 2015 (Vis).-El cardenal Antonio María Veglió, Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes y el arzobispo Joseph Kalathiparambil, Secretario del mismo dicasterio, han presentado esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado que se publica hoy.
El cardenal Vegliò explicó que por una parte la Jornada se inserta naturalmente en el contexto del Año de la Misericordia, punto de referencia para toda la Iglesia en los próximos meses, y por otra, la dimensión adquirida por el fenómeno de las migraciones y sus muchas tragedias exige, en todas sus formas, una respuesta.
Por eso se espera que este año la Jornada se celebre en toda la Iglesia, sea en ámbito nacional que diocesano, como Jornada Jubilar de los Emigrantes y Refugiados, y se convierta así en una oportunidad real para que toda la comunidad cristiana reflexione, rece y actúe. ''La migración -señaló- afecta especialmente a nuestras iglesias locales, ya que son los puntos más cercanos a los migrantes y refugiados. Allí nos encontramos con ellos cara a cara y nuestro encuentro puede asumir una dimensión concreta''.
''No podemos permanecer indiferentes o en silencio frente a tantas tragedias. No se puede por menos que expresar el dolor más profundo ante tantos sufrimientos; son hombres y mujeres - a menudo pobres, hambrientos, perseguidos, heridos espiritual o físcamente, explotados o víctimas de la guerra - que buscan una vida mejor... Este es el fundamento del tema elegido por el Santo Padre para la próxima Jornada'', añadió el purpurado, esbozando a continuación las cuestiones que, en el documento del Papa, interpelan a los individuos y a la comunidad.
En primer lugar, se habla de una crisis humanitaria en el contexto de la migración que afecta no sólo a Europa, sino a todo el mundo. Este hecho, como escribe el Santo Padre, ''requiere una profundización para entender mejor las causas que desencadenan las migraciones junto con las consecuencias que de ellas se derivan, no solo en los lugares de llegada, sino también en un panorama global, para abordar el fenómeno con justicia y salvaguardando la dignidad humana''.
En segundo lugar, el Mensaje evidencia la cuestión de la identidad, ''La llegada de los inmigrantes a un nuevo contexto social requiere un proceso de adaptación mutua a una nueva situación -observó el cardenal- Su inclusión en la nueva sociedad les exige también un esfuerzo interior que requiere una serie de cambios en los elementos de su identidad para adaptarse al nuevo contexto social y cultural''. Asimismo, la llegada del emigrante interpela seriamente a las sociedades de acogida para que ''el proceso de inserción e integración respete los valores que hacen al hombre más hombre en relación con Dios, con los demás y con la creación, pero permita al mismo tiempo que el migrante sea capaz de contribuir al crecimiento de la sociedad que lo recibe. El Santo Padre nos invita a encontrar un delicado equilibrio entre los dos extremos, evitando la creación de un gueto cultural, por un lado, y cualquier atisbo de nacionalismo extremo y xenofobia por otro''.
El Mensaje evidencia igualmente el tema de la acogida, subrayando que ''la Iglesia tiene una "palabra" profética a la hora de sensibilizar a la acogida, que resuena con fuerza en las distintas acciones y obras de las que se hacen cargo concretamente las comunidades cristianas''.
Frente a estas cuestiones y preguntas, el Papa afirma que ''la respuesta del Evangelio es la misericordia." La misericordia lleva a la solidaridad con el prójimo; la misericordia lleva a cultivar la cultura del encuentro …, interpela a todos para que cada uno esté dispuesto no solo a dar, sino también a recibir de los demás y tiende a construir comunión y unidad''.
''La complejidad de la migración hace que sea difícil separar sus diferentes aspectos, políticos, legislativos, humanitarios o de seguridad -destacó el prelado- La perspectiva de la cultura del encuentro implica la mirada a la persona del migrante en su conjunto, con todos sus aspectos .... Así, su presencia no se convierte en una mera yuxtaposición de diferentes culturas en un mismo territorio, sino en un encuentro de pueblos, donde el anuncio del Evangelio "inspira y alienta itinerarios que renuevan y transforman toda la humanidad" .
El tercer argumento del Mensaje papal es ''la defensa del derecho de toda persona a vivir con dignidad, permaneciendo en su propia patria ... Toda persona tiene derecho a emigrar - un derecho grabado entre los derechos fundamentales de los seres humanos-. Pero además, y antes que éste, hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a poder permanecer en la propia tierra. En primer lugar -observa Francisco, esto implica la necesidad de ayudar a los países de los que parten los migrantes y los refugiados ... Las respuestas no se limitan solo a la guerra contra los traficantes o a la restricción de las normas de inmigración, sino que hay que tener en cuenta que quienes disfrutan de la prosperidad deberían poner a disposición de los pobres y necesitados (entendidos tanto individualmente que como naciones) los medios para satisfacer sus necesidades y emprender el camino del desarrollo a través de una distribución equitativa de los recursos del planeta''.
Por último, el Pontífice, recuerda la responsabilidad de los medios de comunicación y la importancia de que contribuyan a desenmascarar ''los falsos prejuicios sobre la migración, mostrándola de la manera más auténtica posible''.

síntesis de la catequesis del Papa
“Que el Espíritu Santo haga crecer las semillas que hemos esparcido”



(RV).- En la audiencia general del miércoles treinta de setiembre, a su regreso del Viaje Apostólico que lo llevó a visitar Cuba y los Estados Unidos de América, el Sucesor de Pedro dedicó su catequesis a esta 10ª Peregrinación Apostólica Internacional.

“No más cerrazón ni explotación de la pobreza sino libertad en la dignidad”

El Papa Francisco habló de la esperanza de la profecía de san Juan Pablo II que comparte con el pueblo cubano: que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba. “Que el Espíritu Santo haga crecer las semillas que hemos esparcido”.

«Queridos hermanos y hermanas hoy deseo compartir con ustedes el grato recuerdo de mi reciente viaje a Cuba y a los Estados Unidos de América, que culminó con el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Llegué a Cuba como «Misionero de la Misericordia», y allí he experimentado la esperanza y la unidad de un pueblo que más allá de toda división y bajo la maternal mirada de la Virgen del Cobre, toma fuerza de sus raíces cristianas y afronta el futuro con un espíritu de servicio y responsabilidad».

“Dios quiere construir puentes, somos nosotros quienes construimos muros”

«De allí pasé a los Estados Unidos de América un paso que ha sido emblemático, gracias a Dios un puente se está reconstruyendo». Hablando de las tres etapas cumplidas en los EE.UU., Washington, Nueva York y Filadelfia, el Obispo de Roma habló de la riqueza más grande de ese país y de su gente: el patrimonio espiritual y ético en cuya base religiosa y moral nacieron y crecieron los EE.UU. de América, y sobre el cual pueden seguir siendo tierra de libertad y de acogida. «En aquel País, he podido apreciar su gran patrimonio spiritual y ético, sobre el principio de que todos los hombres son iguales y dotados de derechos inalienables como la vida y la libertad. Estos principios son universales y encuentran en el Evangelio su máximo cumplimiento. Y estaban ya presentes en los trabajos de Evangelización que por aquellas tierras realizó el ahora santo Junípero Serra».

Asimismo recordó momentos profundos de este viaje apostólico, como el de la oración interreligiosa por la paz y la fraternidad en el Memorial de la Zona Cero y la Eucaristía por la paz y la Justicia en el Madison Square Garden, además de su encuentro con las realidades caritativas y educativas del país, “emblemáticas”, dijo, “del enorme servicio que las comunidades católicas ofrecen en esos campos”. Haciendo hincapié en su visita a la sede de las Naciones Unidas en donde, entre otras cosas, reiteró su llamada al compromiso “concorde y eficaz” por el cuidado de la creación, el pontífice expresó que allí quiso «renovar el apoyo de la Iglesia católica a esta institución en la promoción de la paz, recordando también la importancia de frenar y prevenir toda clase de violencia contra las minorías étnicas y religiosas y contra la población civil».

Cambiar el modelo de desarrollo por el bien de la familia humana

«El viaje ha culminado con Encuentro de las Familias, que le ha dado una dimensión universal, pues la alianza entre el hombre y la mujer es la respuesta a los desafíos del mundo actual, siendo a su vez modelo de la gestión sostenible de la creación, sobre los principios comunión y fecundidad con que fue querida e instituida por Dios». A partir de la familia “sujeto social primario” el Sucesor de Pedro destacó lo providencial de que el mensaje del Encuentro Mundial llegara de un país que ha alcanzado el máximo desarrollo económico y tecnológico “sin negar sus raíces religiosas”, las mismas raíces que “nos piden repartir de la familia para volver a pensar y para cambiar el modelo de desarrollo, por el bien de la entera familia humana”. «Encomendemos a Dios los frutos de este viaje, - concluyó - y que el ejemplo de san Junípero Serra, nos haga a todos auténticos evangelizadores, que vayan por el mundo compartiendo con todos el amor de Cristo. Muchas gracias».












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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.