primera predicación de Adviento
“La Iglesia cuerpo y esposa de Cristo” 


(RV).- Ante la presencia del Papa Francisco, junto a los demás miembros de la Curia Romana, comenzaron esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico las predicaciones de Adviento, a cargo del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.

El tema de las meditaciones de este año es “Siendo Cristo la luz de las gentes”. Se trata de una relectura cristológica de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, en el 50° aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II.

Las predicaciones serán en total tres. La meditación del primer viernes de Adviento estuvo dedicada al tema de “la Iglesia cuerpo y esposa de Cristo”. La segunda, el 11 de diciembre, será sobre “la universal llamada a la santidad” mientras que la tercera, el 18 de diciembre, se referirá a la “doctrina sobre la Beata Virgen María.

“Me gustaría hacer una reflexión sobre cada uno de los principales documentos del Concilio, que son las cuatro constituciones: sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, sobre la Liturgia, “Sacrosanctum Concilium”, sobre la Palabra de Dios, “Dei Verbum” y sobre la Iglesia en el mundo “Gaudium et Spes” - afirmó el padre Cantalamesa al comenzar su predicación. Y tras afirmar que las tres meditaciones de Adviento estarán dedicadas a la Lumen Gentium, el predicador capuchino explicó las motivaciones de la elección del tema, afirmando que sobre el Concilio se ha hablado tanto, “casi siempre sobre sus implicaciones doctrinales y pastorales” pero “pocas veces sobre sus contenidos estrictamente espirituales”. “Yo quisiera – expresó – centrarme exclusivamente en ellos, tratando de ver lo que aún tiene que decirnos el Concilio en cuanto a textos de espiritualidad, útiles para la edificación de la fe”.

El padre Cantalamessa desarrolló su predicación en cuatro partes: “Una eclesiología cristológica”; “La Iglesia cuerpo y esposa de Cristo”; “De la Iglesia al alma”; “El encuentro personal con Jesús”.

El alma y el contenido cristológico de la Lumen Gentium – dijo – emergen sobre todo en el capítulo I, allí en donde se presenta a la Iglesia como esposa de Cristo y cuerpo de Cristo, y citó algunas frases como:

“La Iglesia llamada Jerusalén celeste es 'madre nuestra' (Gal 4,26; cfr. Ap 12,17), es descrita como la Inmaculada esposa del Cordero inmaculado" (cfr. Ap 19,7; 21,2 e 9; 22,17). Esto por el título de esposa - precisó - y por el de “cuerpo de Cristo”, se dice:

“El Hijo de Dios, uniendo a sí la naturaleza humana y venciendo la muerte con su muerte y resurrección ha redimido al hombre y lo ha transformado en una nueva criatura". (cfr. Gal 6,15; 2 Cor 5,17).

“No se acepta Cristo por amor a la Iglesia, sino que se acepta a la Iglesia por amor de Cristo - afirmó el padre capuchino al concluir su predicación. “Si la Iglesia es la esposa de Cristo, como cada esposa, ella genera nuevos hijos uniéndose por amor a su Esposo. La fecundidad de la Iglesia depende de su amor por Cristo”.

(MCM-RV)

(from Vatican Radio)

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.