El Papa a los miembros
del Banco de Alimentos de Italia
“Alimenten a los pobres, porque ellos son la carne de Cristo”.

(RV).- “Compartir lo que tenemos con aquellos que no tienen los medios para satisfacer una necesidad primaria, nos educa a la caridad que es un don lleno de pasión por la vida de los pobres que el Señor nos permite encontrar”, aliento del Papa Francisco a los participantes en el Encuentro promovido por el Banco de Alimentos de Italia, a quienes recibió en Audiencia el primer sábado de octubre, en el Aula Pablo VI del Vaticano.

En su discurso el Santo Padre saludó a los integrantes de esta significativa “red de caridad” llamada Fundación Banco de Alimentos, que desde hace 25 años viene trabajando cotidianamente para afrontar la pobreza, con el empeño de evitar “el desperdicio de alimentos, administrarlos y distribuirlos a las familias en dificultad y a las personas indigentes”.

“El hambre hoy ha adquirido las dimensiones de un verdadero escándalo que amenaza la vida y la dignidad de tantas personas – hombres, mujeres, niños y ancianos –. Cada día debemos confrontarnos con esta injusticia: en un mundo rico de recursos alimenticios, gracias también a los enormes progresos tecnológicos, son muchos aquellos que no tienen lo necesario para sobrevivir; y esto no solo en los países pobres, sino también en las sociedades ricas y desarrolladas. La situación se ha agravado por el aumento de los flujos migratorios, que traen a Europa miles de prófugos, que huyen de sus países y necesitados de todo”.

Comentando el pasaje del Evangelio de Mateo 25,35; el Pontífice dijo que “Jesús viendo a la gente que tenía hambre, no ignora el problema, ni tampoco hace un discurso sobre la lucha contra la pobreza, sino realiza un gesto que deja a todos sorprendidos: porque lo poco que tienen sus discípulos lo bendice y lo multiplica”.

“Nosotros no podemos realizar un milagro como lo hizo Jesús; pero podemos hacer algo, ante la emergencia del hambre, algo humilde y que tiene la fuerza de un milagro. Primero que todo podemos educar en humanidad, a reconocer la humanidad presente en cada persona, necesitada de todo”.

Recordando a los fundadores de esta Asociación, a Danilo Fossati y Don Giussani, el Obispo de Roma dijo que “estos dos hombres no fueron indiferentes al grito de los pobres. Y entendieron que algo debería cambiar en la mentalidad de las personas, que los muros del individualismo y del egoísmo debían ser derribados”, agregó el Papa.

“Es el mismo Jesús que nos invita a hacer espacio en nuestro corazón a la urgencia de ‘dar de comer al hambriento’, y la Iglesia lo ha convertido en una obra de misericordia corporal. Compartir lo que tenemos con aquellos que no tienen los medios para satisfacer una necesidad primaria, nos educa a la caridad que es un don lleno de pasión por la vida de los pobres que el Señor nos permite encontrar”.

Antes de concluir su discurso, el Sucesor de Pedro animó a los miembros del Banco de Alimentos a seguir compartiendo el pan de cada día. “No se olviden, dijo el Papa, que son personas y no números, cada uno con su carga de dolor que a veces parece imposible llevar. Teniendo siempre presente esto, sabrán mirarlos a la cara, darles la mano, descubrir en ellos la carne de Cristo y ayudarlos a reconquistar su dignidad y a ponerse de pie”. Sean amigos y hermanos de los pobres, alentó el Papa, ellos son importantes a los ojos de Dios; que la Virgen María, Madre de la Caridad los proteja.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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