dijo el Papa a la Gendarmería Vaticana
La humildad es la virtud que nos protege de las insidias del demonio.

(RV).- La humildad es la virtud necesaria para defenderse de las insidias con las que el demonio tienta al hombre: posesión de bienes, vanidad y poder que encienden la soberbia. Lo dijo el Papa en la homilía de la misa celebrada esta mañana con la Gendarmería Vaticana, en ocasión de la fiesta del Cuerpo.
Tres escalones. El demonio destruye así al hombre: tres pasos para sustraerlo a Dios y hacer que se pierda entre corrupción y honores, instigando a quien se deja seducir por la idea de ser el número uno, “el que manda”.
El Papa habla al Cuerpo de la Gendarmería Vaticana, que vive cada día su deber de vigilancia y de defensa, y por lo tanto de su lucha contra las expresiones del mal, ofreciendo una reflexión inspirada en la Primera lectura del Libro del Apocalipsis – que habla de la guerra que se desató en el cielo entre Dios y satanás – y luego el pasaje del Evangelio sobre las tentaciones en el desierto y las pruebas del demonio de hacer caer en trampa a Jesús:
“Esto es uno de los métodos del diablo, las insidias. Es un sembrador de insidias, jamás cae de sus manos una semilla de vida, una semilla de unidad, siempre insidias, insidias: es su método, sembrar insidias. Recemos al Señor para que nos proteja de esto”.
Luego el Papa se refiere al otro método del diablo para hacer guerras, el de seducir, y uno que siembra insidias  - afirma – es un seductor, que seduce con la fascinación demoníaca, “y te lleva a creer todo”. Y éste, observa Francisco, es el método de guerra usado por satanás, basado en tres niveles de fascinación análogos a las tentaciones que sufrió Jesús:
“Los tres escalones del método del serpiente antiguo, del demonio. Primero, tener cosas: en este caso el pan, las riquezas que te llevan lentamente a la corrupción – y esto de la corrupción no es una fábula, está por todos lados. Está por todos lados la corrupción: por dos monedas tanta gente vende el alma, vende la felicidad, vende la vida, vende todo”.
Segundo escalón, la vanidad. La invitación del demonio a tirarse desde el pináculo del templo no es otra cosa que una exhibición, induce a Jesús a escenificar, dice el Papa, “el gran espectáculo” que demuestre fácilmente su real divinidad. Y luego:
“El tercer escalón: el poder, el orgullo, la soberbia: yo te doy todo el poder del mundo, tú serás el que manda. Esto sucede también a nosotros, siempre, en las pequeñas cosas, apegados demasiado a las riquezas: nos gusta tanto cuando nos alaban, como el pavo, ¿eh? Y tanta gente hace el ridículo, tanta gente. La vanidad te hace hacer el ridículo. O, al final, cuando tienes poder, te sientes Dios, y esto es el gran pecado”.
Ante las tentaciones, nota Francisco, Jesús “no responde con palabras propias” sino con aquellas de la Escritura para enseñar “que con el diablo no se puede dialogar”. Y lo de no pronunciar palabras “suyas” es – concluye el Papa – una acto de “humildad” por parte de Cristo. La humildad a la que el Papa invita a tomar como modelo para su servicio, que contribuya a “hacer crecer la bondad en el mundo”.
“Ustedes que trabajan – tienen un trabajo un poco difícil donde siempre hay contrastes y deben poner las cosas en su lugar y evitar tantas veces delitos – recen tanto para que el Señor, con la intercesión de San Miguel Arcángel, los defienda de toda tentación: de toda tentación de corrupción por el dinero, por las riquezas, de vanidad y soberbia. Y mientras más humilde, como Jesús, mientras más humilde es su servicio, más fecundo y más útil será para todos nosotros”.  

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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