Desafíos de la familia en México
La migración y la pobreza. 
(RV).- Monseñor Carlos Aguiar Retes explica algunos de los desafíos de la familia en México.
“La familia es un bien para la Iglesia y la Iglesia es un don para la familia, ósea que recíprocamente tanto que el proyecto que Dios tiene para la Iglesia y la familia están íntimamente conectados”.
“Quienes tenemos ese privilegio de haber pertenecido a una familia integrada con padres que se han amado y que nos han amado se nos hace más fácil entender lo que es Dios, una experiencia mucho más fuerte, capaz de resistir adversidades, situaciones de crisis y ayudar a otros que los tienen…”.
Entre los desafíos de la pastoral familiar, el arzobispo mexicano destaca: la migración “que para muchas familias ha sido separación, ha sido incluso desintegración…”. La pobreza urbana “en donde los ambientes atraen y conducen a los hijos por encima de donde quisieran los padres, aunque tengan todo el anhelo de formar una buena familia se ven en unas dificultades muy fuertes”.
“Son todos estos desafíos muy fuertes que están presentes en nuestro país y a los que la Iglesia tiene, de alguna manera, acercarse a estas realidades y buscar la forma de ayudar, de acompañar, de favorecer una conversión, un rectificar, un darle la oportunidad a todo ser humano que reencuentre el amor de Dios”.
(from Vatican Radio)

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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