El Papa recibe a la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Los máximos representantes de ambas iglesias comparten la Fiesta de San Pedro y San Pablo, un ejemplo de diálogo ecuménico, un ejemplo de la imagen de Jesucristo que quiso salvar a todo el mundo, no solamente al pueblo judío.
Juntos por Jesucristo Nuestro Señor.

(RV).- Al recibir con alegría y cordial amistad, el último sábado de junio, a la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, que viajó a Roma para participar en la fiesta de San Pedro y San Pablo, Patronos de la Ciudad Eterna, el Papa Francisco les dio su bienvenida afirmando que su presencia en esta celebración testimonia, una vez más, la profunda relación que une a estas dos Iglesias hermanas, que se prefigura en el vínculo que une a los respectivos Santos Patronos, los Apóstoles Pedro y Andrés, hermanos de sangre y en la fe, unidos tanto en el ministerio apostólico como en el martirio.
El Santo Padre recordó con gratitud la calurosa acogida que le reservaron en el Fanar su amado hermano Bartolomé, el clero y los fieles del Patriarcado Ecuménico, con ocasión de la fiesta de San Andrés, el pasado mes de noviembre, de la que dijo:
“La oración ecuménica en la víspera de la fiesta y después la Divina Liturgia en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, nos han ofrecido la posibilidad de alabar juntos al Señor y de pedirle de común acuerdo que se acerque el día en que la plena comunión visible entre ortodoxos y católicos sea restablecida”. 
Tras recordar que el abrazo de paz que se intercambió con Su Santidad fue un signo elocuente de esa  caridad fraterna que nos anima en el camino de la reconciliación que nos permitirá, un día, participar juntos en la Mesa Eucarística, Francisco añadió:
“La consecución de semejante meta, hacia la cual estamos encaminados con confianza, representa una de mis principales preocupaciones, por la cual jamás dejo de rezar a Dios. Por tanto, deseo que puedan multiplicarse las ocasiones de encuentro, de intercambio y de colaboración entre los fieles católicos y ortodoxos, de modo que, profundizando el conocimiento y la estima recíprocos, se logre superar todo prejuicio e incomprensión, herencia de la larga separación, y afrontar, en la verdad, pero con espíritu fraterno, las dificultades que aún existen”.
Por esta razón el Santo Padre reafirmó su apoyo al valioso trabajo de la Comisión Mixta Internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Además, llamándolos “queridos hermanos”, el Papa Francisco les aseguró su oración y la de tantos católicos – mientras se intensifican los preparativos para el Sínodo Pan-Ortodoxo – para que sus esfuerzos den frutos. A la vez también manifestó que confía en su oración por la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica sobre el tema de la familia, que tendrá lugar en la Ciudad del Vaticano el próximo mes de octubre, y en la que también se espera la participación de un Delegado fraterno del Patriarcado Ecuménico.
Por último, tras agradecer nuevamente su presencia y los sentimientos de cordial cercanía el Papa Bergoglio se despidió con estas palabras:
“Les pido que lleven mi saludo fraterno a Su Santidad el Patriarca Bartolomé y al Santo Sínodo, junto con mi agradecimiento por haber querido enviar dignos representantes para compartir  nuestra alegría. Recen por mí y por mi ministerio. Que descienda la paz sobre todos ustedes, los que están unidos a Cristo”. (1 P 5,14).
(María Fernanda Bernasconi - RV).

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.