El Papa a las personas sin hogar que visitaron los Museos Vaticanos
“Ésta es su casa”

(RV).- (Actualizado) “Bienvenidos: ésta es la casa de todos, es su casa. Las puertas están abiertas siempre para todos”. Con estas palabras el Santo Padre saludó a las ciento cincuenta personas sin hogar que el jueves visitaron los Museos Vaticanos, invitados por la Limosnería Pontificia.
Eran las cinco de la tarde cuando, llegados a la Capilla Sixtina, los huéspedes recibieron la grata sorpresa de la visita del Romano Pontífice, que se presentó acompañado sólo por un mayordomo.
A cada uno de ellos un apretón de manos y su bienvenida: “ésta es la casa de todos, es su casa. Las puertas están abiertas siempre para todos” les dijo con cordialidad paterna.
Papa Francisco agradeció a Mons. Konrad Krajewski, el limosnero pontificio por haber organizado la visita que definió “una pequeña caricia” para los huéspedes.
“Recen por mí”, les pidió. “Necesito oración de personas como ustedes”, e invocó la bendición: “que el Señor los custodie, los ayude en el camino de la vida y les haga sentir su tierno amor de Padre”.
El Papa se entretuvo con los huéspedes por más de veinte minutos, quienes después del encuentro con el Santo Padre y la visita guiada a la capilla Sixtina cenaron en el restaurante en el interior de los Museos.
El Santo Padre no quiso que se hicieran servicios fotográficos ni videos oficiales, por lo cual no se disponen de imágenes o videos del encuentro de los medios de información del Vaticano.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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