CARTELERA

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miércoles, 29 de octubre de 2014

Apremiante llamado del Papa
El Papa llama a la Comunidad Internacional para combatir el Ébola

(RV).- Con su oración y cercanía a los afectados por la epidemia de ébola - en particular entre los más desfavorecidos en África - el Papa Francisco renovó su apremiante llamamiento a la Comunidad Internacional, para que no se escatimen los esfuerzos necesarios para erradicar este virus y se ayude de forma concreta a los afectados. Invitando a la oración por las víctimas de esta enfermedad y por el personal sanitario, voluntarios y religiosos que prestan su ayuda de forma heroica, el Obispo de Roma hizo hincapié en la difusión de este virus.

Y desde la Plaza de San Pedro, se elevó la oración del Papa Bergoglio con los miles de peregrinos de tantas partes del mundo, que participaron en la audiencia general de este miércoles, junto con su nuevo llamado:

«Ante el agravamiento de la epidemia de ébola, deseo expresar mi profunda preocupación por esta implacable enfermedad que se está propagando en especial en el continente africano, sobre todo entre las poblaciones más desfavorecidas. Estoy cerca con mi afecto y mi oración a las personas afectadas, así como a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios, a los institutos religiosos y a las asociaciones que se prodigan heroicamente para socorrer a estos nuestros hermanos y hermanas enfermos. Renuevo mi llamamiento para que la Comunidad Internacional cumpla todos los esfuerzos necesarios para debelar este virus, aliviando concretamente las dificultades y los sufrimientos de cuantos están tan duramente probados.

Los invito a rezar por ellos y por cuantos han perdido la vida».

«Que la visita a las tumbas de los Apóstoles impulse en todos el amor a Dios que se manifiesta en el amor concreto a los hermanos», deseó a todos el Santo Padre, para luego recordar la proximidad de la Solemnidad de Todos los Santos. A los queridos jóvenes los invitó a ver en los Santos modelos de vida; a los queridos enfermos a ofrecer su sufrimiento por cuantos tienen necesidad de conversión; y a los queridos recién casados que impulsen la fe en su hogar conyugal.

Francisco: 
¡Demos gracias a Dios por el gran Papa Benedicto!
Reconocimiento, gratitud y alegría para recordar al gran Papa Benedicto XVI y gratitud a Dios por haber donado su pontificado a la Iglesia y al mundo. 


«Este busto de Benedicto XVI evoca a los ojos de todos la persona y el rostro del querido Papa Ratzinger. Evoca también su alma: sus enseñanzas, sus ejemplos, sus obras, su devoción a la Iglesia y su actual vida ‘monástica’. Espíritu que lejos de quebrantarse con el pasar del tiempo, parecerá de generación en generación, ¡cada vez más grande y poderoso! ¡Benedicto XVI: un gran Papa! Grande por la fuerza y profundidad de su inteligencia, por su relevante contribución a la teología, grande por su amor a la Iglesia y a los seres humanos, grande por su virtud y su religiosidad Como saben bien, su amor a la verdad no se limita a la teología y a la filosofía, sino que se abre a las ciencias. Su amor a la ciencia se vuelca en su solicitud para con los científicos, sin distinción de raza, nacionalidad, civilización, religión; solicitud para con la Academia, desde cuando San Juan Pablo II lo nombró miembro de la misma».

Tras destacar que Benedicto XVI supo honrar a la Pontificia Academia de la Ciencias con su presencia y su palabra, nombró a muchos de sus miembros, entre ellos a Werner Arber, que la preside, el Papa Francisco recordó que fue el primero en invitar al Sínodo sobre la nueva evangelización a un presidente de la misma, conciente de la importancia de la ciencia en la cultura moderna. Y, poniendo de relieve el ánimo amable de su Predecesor, su amor a Dios y a las personas, el Obispo de Roma invitó a dar gracias a Dios por habernos donado a Benedicto:

«Por cierto, nunca se podrá decir de él que el estudio y la ciencia hayan hecho de él una persona árida, así como tampoco volvieron árido su amor a Dios y al prójimo. Todo lo contrario. La ciencia, la sabiduría y la oración han dilatado su corazón y su alma. ¡Demos gracias a Dios por el don que ha hecho a la Iglesia y al mundo con la existencia y el pontificado del Papa Benedicto!».

El Papa Francisco destacó también el importante trabajo de los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, con su gran aprecio y aliento por el impulso que dan al progreso científico y al mejoramiento de las condiciones de vida de la gente, en especial de los más pobres. Y sin entrar en el tema tan complejo de la evolución del concepto de naturaleza, que están tratando, quiso subrayar – recordando al Apóstol Pablo - que «Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza». Reiterando luego que «Dios no es un demiurgo ni un mago, sino el Creador» y que «el comienzo del mundo no es obra del caos», «sino que deriva directamente de un Principio supremo que crea por amor», el Papa Bergoglio hizo hincapié en que «el Big Bang que hoy se pone en el origen del mundo, no contradice la intervención del Creador divino, sino que lo exige».

Asimismo, una vez más, el Obispo de Roma recordó la responsabilidad de los seres humanos, de los científicos y de los científicos cristianos, en lo que respecta a la tutela y salvaguarda de la naturaleza y de la familia humana. Y puso en guardia contra las acciones de los hombres que destruyen la creación y contra el hombre que intenta ocupar el lugar del Creador: «es pecado contra Dios Creador».
La Santa Sede en la ONU:
Buscando la paz en Oriente Medio

Ciudad del Vaticano, 29 octubre 2014 (VIS).-El arzobispo Bernardito Aúza, Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York ,intervino la semana pasada en el debate de apertura del Consejo de seguridad de ese organismo dedicado a la situación en el Oriente Medio, incluida la cuestión de Palestina. El discurso del nuncio, articulado en seis puntos, se centró en la convicción de la Santa Sede de que la paz en Oriente Medio puede alcanzarse solo a través de soluciones negociadas y no de decisiones unilaterales impuestas con la fuerza.

''En cuanto a la cuestión palestino-israelí -dijo en primer lugar- la Santa Sede reitera su apoyo a la solución de dos estados. Israel y Palestina, con el vigoroso apoyo de los órganos competentes de las Naciones Unidas y de toda la comunidad internacional que deben aunar sus esfuerzos para lograr el objetivo final: el cumplimiento del derecho de los palestinos a tener su propio Estado, soberano e independiente, y del derecho de los israelíes a la paz y la seguridad''.

Por lo que se refiere a la ''terrible situación en Siria -continuó- la Santa Sede invita con urgencia a todas las partes a acabar con las violaciones masivas del derecho humanitario internacional y de los derechos humanos fundamentales, y a la comunidad internacional a ayudar a las partes a encontrar una solución. No hay otra manera de aliviar y poner fin a los sufrimientos indecibles de la entera nación donde la mitad de su población necesita asistencia humanitaria y alrededor de un tercio ha sido desplazada'' .

Refiriéndose en tercer lugar al Líbano, el arzobispo afirmó que la Santa Sede pide la solidaridad internacional para el país ''gravemente afectado en estos momentos por la crisis de Siria y por la presencia masiva de refugiados, y exhorta a Líbano a encontrar una solución lo antes posible a la vacante de la Presidencia de la República. Al mismo tiempo reafirma su apoyo a un Líbano soberano y libre. Líbano es un "mensaje, un ''signo'' lleno de esperanza para la coexistencia de los diversos grupos que lo compone''.

Respecto a las graves violaciones y abusos cometidos por el llamado "Estado islámico" en Iraq y Siria, los órganos competentes de las Naciones Unidas ''deben actuar para prevenir posibles nuevos genocidios y para ayudar al creciente número de refugiados. La Santa Sede solicita, en particular, la protección de los grupos étnicos y religiosos, incluyendo a las comunidades cristianas, que son, específicamente, elegidos como blanco y perseguidos a causa de sus orígenes étnicos y creencias religiosas. La Santa Sede insiste en el respeto del derecho de estas comunidades y de las personas desplazadas a regresar a sus hogares y vivir con dignidad y seguridad''.

''La Santa Sede -señaló el Observador Permanente- espera que las Naciones Unidas vean en el fenómeno creciente y despiadado del terrorismo internacional una ocasión para reforzar con urgencia el marco jurídico internacional de una aplicación multilateral de la responsabilidad de proteger a las personas del genocidio, de los crímenes de guerra, de la limpieza étnica, de los crímenes contra la humanidad y de todas las formas de agresión injusta. Teniendo en cuenta las lecciones aprendidas de nuestra incapacidad para detener los recientes horrores del genocidio y cuando debemos confrontarnos en la actualidad con violaciones masivas y clamorosas de los derechos humanos fundamentales y del derecho internacional humanitario, ha llegado el momento de tomar decisiones valientes''.

El nuncio finalizó recordando que la Santa Sede reitera el llamamiento ''a todos los líderes religiosos de la región y de todo el mundo a desempeñar un papel de guía en la promoción del diálogo interreligioso e intercultural, denunciando con prontitud cualquier uso de la religión para justificar la violencia, y educando en la comprensión recíproca y el respeto mutuo'
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sábado, 11 de octubre de 2014

El cardenal Poli advierte 
“la Patria no puede tener una miseria como la trata”

El arzobispo de Buenos Aires y primado argentino, cardenal Mario Poli, presidió este viernes una misa “por una sociedad sin esclavos ni excluidos” en la plaza Constitución, donde advirtió que “la Patria no puede tener una miseria como la trata” de personas. ¨La trata de personas es un pecado social¨, subrayó. En la homilía, el purpurado porteño relacionó el lema de la misa con la parábola del buen samaritano y afirmó: “No podemos ser indiferentes” ante esta realidad.
El arzobispo de Buenos Aires y primado argentino, cardenal Mario Poli, presidió este viernes una misa “por una sociedad sin esclavos ni excluidos” en la plaza Constitución, donde advirtió que “la Patria no puede tener una miseria como la trata” de personas.

"La trata de personas es un pecado social", subrayó.

En la homilía, el purpurado porteño relacionó el lema de la misa –“Por una sociedad sin esclavos ni excluidos- con la parábola del buen samaritano y afirmó: “No podemos ser indiferentes” ante esta realidad.

El cardenal Poli pidió para que la misericordia de Dios reconvirtiera el corazón de todos aquellos que destruyen la dignidad de niños, jóvenes, mujeres, adultos cuando lucran con su presente, hipotecándoles el futuro.

La misa en solidaridad con los excluidos y las víctimas de la trata de personas y las drogas fue concelebrada por unos quince sacerdotes, entre ellos los presbíteros Lorenzo "Toto" de Vedia de la Villa 21-24, el padre Franco Punturo de la Villa 20 de Lugano y Gustavo Carrara de la Villa 1-11-14 del Bajo Flores.

Miembros del Movimiento de Trabajadores Excluidos y de cooperativas de cartoneros y costureras acercaron sus ofrendas de la tarea diaria sin “explotación laboral”.

También se escucharon testimonios de vecinos desalojados del asentamiento Papa Francisco, lindante con la Villa 20, de padres que luchan contra las drogas y de vecinos de parroquias que diagraman mapas de la inseguridad y el crimen organizado.

En tanto, Enrique Palmeyro, director mundial de Scholas Ocurrentes, pidió "educar por un mundo con trabajo, con pan para todos y donde sea posible la paz" y Sergio Sanchez, conocido como el cartonero del Papa, ofreció en nombre de "trabajadores, recicladores y cartoneros nuestras herramientas de trabajo por la Ciudad y el mundo".

Estas misas fueron iniciativa del cardenal Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco, y cuentan con el apoyo de las parroquias del Decanato La Boca-Barracas, y del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencias. En la organización también participaron las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, el Hogar de Cristo y el Departamento Arquidiocesano de Migraciones, la ONG La Alameda y la red Kawsay.

Participaron el legislador porteño y amigo del Papa, Gustavo Vera, el diputado del bloque Bien Común Pablo Bergel; el secretario general del sindicato de Judiciales, Julio Piumato, y el auditor de la Ciudad, Facundo Del Gaizo, entre otros.+
Sínodo de la Familia: 
No hay confrontación ni contraposiciones, sino escucha.

El director de la Oficina de Prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi SJ, reconoció que en el Sínodo de la Familia hay “dos líneas” bien definidas con respecto al tema de la comunión a los divorciados en nueva unión, pero eso no significa que haya discordia. “Por lo tanto no pensemos en dividir los padres sinodales en buenos o malos”, pidió a la prensa. En la misma línea se pronunció monseñor Francesco Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos: En el aula del Sínodo “hay un clima de confesión” y puntualizó: “No hay antagonismo, contraposición de enemigos, hay escucha”.

El director de la Oficina de Prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi SJ, confirmó este jueves que el Sínodo de la Familia tiene dos líneas que se tocan y no son motivo de discordia. 

“Una línea que habla con mucha decisión del evangelio del matrimonio que no acepta dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar, en coherencia con la doctrina de la Iglesia”, precisó. Y la otra “no niega la indisolubilidad del matrimonio” respetando la doctrina, la enseñanza de Jesucristo, pero busca atender con misericordia a las nuevas necesidades pastorales”. 

Al ser consultado sobre cuál es la línea que prevalece en el Sínodo, el padre Lombardi aclaró: “las personas que están preocupadas por la doctrina” que defienden el matrimonio “no es que tengan menos pasión o misericordia por las personas y sus problemas” y agregó: “Por lo tanto no pensemos en dividir los padres sinodales en buenos o malos”. 

En la misma conferencia de prensa, monseñor Francesco Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos aseguró que en el aula del Sínodo “hay un clima de confesión” y puntualizó: “No hay antagonismo, contraposición de enemigos, hay escucha”.+ 
Reunión de Obispos
SINODO DE LA FAMILIA

2014-10-11 L’Osservatore Romano

Es decididamente positivo el balance del Sínodo al final de la primera semana de trabajos y, por lo tanto, a mitad de camino de la tercera asamblea extraordinaria, reunida desde el domingo en el Vaticano para debatir sobre la familia. Quien habla es el secretario general del Sínodo de los obispos en una entrevista a L'Osservatore Romano. El sábado, por la mañana temprano, los locales del aula sinodal están casi desiertos y se oyen sólo las voces de los colaboradores, que trabajan también el sábado.
Aprovechando el momento más tranquilo el cardenal Lorenzo Baldisseri relata sin formalidad, como es en su estilo directo y eficaz, la preparación de la asamblea, el trabajo proficuo de estos días verdaderamente intensos, el clima sereno, haciendo referencia, por último, a las próximas etapas de un camino que se está recorriendo muy ágilmente.
Eminencia, para usted ha sido la primer vez, después de una vida sobre todo en las representaciones pontificias de medio mundo: ¿cómo ha ido?
Tenía un poco de preocupación porque —incluso habiendo participado en muchas asambleas episcopales— no había estado nunca en un Sínodo y no lograba imaginar como sería esta nueva experiencia. Pensaba en una complejidad y en una rigidez mayores. En cambio no, el Sínodo es una asamblea como las demás, y existe una estructura y hay muchas personas, incluso muy preparadas, que han ayudado.

¿Desde cuando se está trabajando y cuáles son las novedades de esta asamblea?

Trabajamos desde hace más de un año y, si bien no hubo cambios formales, hemos experimentado una dinámica entre las normas y su aplicación, que obviamente puede ser rígida o flexible, y hemos aprovechado de este espacio. Entre las novedades, la principal y más significativa ha sido, en estos meses, la participación personal del Papa en todas las reuniones del Consejo ordinario de la Secretaría. En el debate en el aula hemos simplificado muchas formalidades e introducido el italiano, que incluso entre los padres sinodales es más conocido que el latín. Permitiendo de este modo, en un clima más informal, trabajos más eficientes y libres.

¿Hubo, sin embargo, críticas sobre la información: un Sínodo blindado?

Todo lo contrario. También en este ámbito hemos simplificado, apuntando a los encuentros con los periodistas —incluso de cada uno de los padres, que son obviamente libres de conceder entrevistas— y abandonando el sistema de los resúmenes porque en realidad no reflejaban las intervenciones: el texto inicial escrito se sintetizaba y difundía, pero el pronunciado en el aula luego se modificaba. Pienso que de este modo se refleja más el debate. Un debate –lo repito– realmente libre.

¿Cómo han sido estos días?

Hemos respirado un clima sereno, incluso en la confrontación leal de los diversos puntos de vista, porque he visto en todos un gran amor a la Iglesia como pueblo de Dios, en todos una fidelidad indiscutible a la enseñanza en la tradición, con una mirada de misericordia a las personas. Hemos escuchado a todos los que pidieron intervenir: 180 intervenciones programadas y 85 en el espacio reservado a las intervenciones libres. En total, 265 intervenciones en el respeto escrupuloso de los tiempos, tanto que sobró una hora y media, que naturalmente hemos utilizado inmediatamente. «Usted tiene un reloj suizo» me dijo con un guiño el Papa. Pero el debate se ha facilitado también por el hecho de que el sesenta por ciento de las intervenciones llegaron antes y fue posible tenerlas en cuenta en la relación «ante disceptationem», base precisamente del debate. Que no fue para nada dramático, sino serio y constructivo.

¿Y ahora?

El lunes escucharemos la relación «post disceptationem», que está casi lista, luego el lunes por la tarde en los veinte círculos menores se prepararán los modos, es decir, las integraciones al testo, para llegar al jueves a su presentación en el aula. De aquí se pasará al documento final de esta asamblea, la «relatio synodi», otra novedad, que será votada el sábado y entregada al Papa. Mientras tanto, el sábado por la mañana, se publicará el «nuntius», es decir, el mensaje de la asamblea sinodal, que quiere hablar a los católicos y a los alejados, teniendo en cuenta a las personas, mujeres y hombres de hoy. El domingo tendrá lugar la misa conclusiva durante la cual —con la presencia y la participación de los jefes de las Iglesias orientales y de los presidentes de todas las Conferencias episcopales del mundo, miembros de esta asamblea— será proclamado beato quien ha instituido, en 1965, el Sínodo de los obispos: Giovanni Battista Montini, Pablo VI. Desde el lunes nos encaminaremos hacia la asamblea ordinaria que se tendrá dentro de un año. Procediendo con agilidad, como hemos hecho hasta ahora. 

sábado, 4 de octubre de 2014

La salvación está sólo en Jesús, no en los tantos preceptos hechos por los hombres

Creer en Jesús, portador de un mensaje que salva al humanidad de todos los tiempos, o refugiarse en una salvación fruto de “mandamientos hechos por hombres”. Es el dilema que el Papa Francisco dilucidó en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El único deseo de Dios es salvar a la humanidad, pero el problema es que el hombre frecuentemente quiere dictar las reglas de la salvación. Es la paradoja dramática de tantas páginas de la Biblia que llega a su culmen en la vida terrenal de Cristo. El Papa Francisco lo profundizó partiendo del pasaje del Evangelio en el que Jesús expresa todo su dolor al verse contrastado por su misma gente, por las ciudades que dan vuelta la espalda a su mensaje.
“Si en Tiro y en Sidón se hubieran producido los prodigios que se produjeron entre ustedes” – es su admonición en Corazin y Betsaida – ya desde hace tiempo “e habrían convertido”. En esta severa, pero también amarga comparación, está resumida – observó el Papa – “toda la historia de la salvación”. Así como han rechazado y asesinado a los profetas antes, “porque resultaban incómodos”, ahora hacen los mismo con Jesús. “Es el drama de la resistencia a ser salvados”, desatado por los jefes del pueblo:
Es precisamente la clase dirigente la que cierra las puertas al modo con el cual Dios quiere salvarnos. Y así se comprenden los diálogos fuertes de Jesús con la clase dirigente de su tiempo: pelean, lo ponen a prueba, le tienden trampas para ver si cae, porque está la resistencia a ser salvados. Jesús les dice a ellos: “¡Pero yo no los entiendo! Ustedes son como aquellos niños: les hemos tocado la flauta y no han bailado; les hemos cantado un lamento y no han llorado. ¿Pero qué quieren?”; “¡Queremos hacer la nuestra: queremos hacer la salvación a nuestro modo!”. Es siempre esta cerrazón al modo de Dios.
El Papa Bergoglio distingue la actitud del “pueblo creyente” que comprende y “acepta” la salvación traída por Jesús. Salvación que, al contrario, para los jefes del pueblo, se reduce al cumplimiento de los 613 preceptos creados por “su fiebre intelectual y teológica”:
Ellos no creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios. Misericordia quiero y no sacrificios. Creen en todo organizado, bien organizado, todo claro. Éste es el drama de la resistencia a la salvación. También nosotros, cada uno de nosotros tiene este drama dentro. Pero nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo quiero ser salvado? ¿A modo mío? ¿A modo de una espiritualidad, que es buena, que me hace bien, pero que es fija, tiene todo claro y no hay riesgo? ¿O según el modo divino, es decir por el camino de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas a ese misterio de la Omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón?
Francisco insistió en que “nos hará bien pensar en este drama que tenemos en nuestro corazón”. Reflexionar si confundimos “libertad con autonomía”, y si elegimos la salvación justa”:
¿Creo que Jesús es el Maestro que nos enseña la salvación, o voy por doquier a alquilar gurúes, que me enseñen otra? ¿Un camino más seguro o me refugio bajo el techo de las prescripciones y de tantos mandamientos hechos por hombres? ¿Y así me siento seguro y – es un poco duro decir esto – con esta seguridad compro mi salvación, que Jesús da gratuitamente con la gratuidad de Dios? Nos hará bien hoy hacernos estas preguntas. Y la última: ¿Yo me resisto a la salvación de Jesús?”.

Dijo el Papa a los atletas paraolímpicos

Que el deporte supere las barreras y rechace la cultura del descarte,
El Santo Padre celebró el pasado 4 de octubre en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, un encuentro con casi siete mil atletas minusválidos del Comité Italiano Paraolímpico.
Ante todo, el Papa agradeció a los queridos atletas su presencia, destacando que fue numerosa y festiva. Y tras saludar y agradecer las palabras que le dirigió previamente el Presidente del Comité Italiano Paraolímpico, Francisco destacó que han venido de tantas partes del mundo trayendo consigo su propia experiencia de deportistas y, ante todo, de hombre y de mujer, con sus conquistas, metas alcanzadas con tanta fatiga, y también con las tantas dificultades que han afrontado.
Pero cada uno de ustedes, añadió el Santo Padre, es testigo de cuán importante es vivir estas alegrías y estas fatigas en el encuentro con los demás, poder compartir su propia “carrera”, encontrar a un grupo de amigos que te dan una mano y donde tú das una mano a los demás. Y así – exclamó el Papa – ¡cada uno logra dar lo mejor de sí!
El Papa Bergoglio aprovechó este encuentro para destacar que el deporte promueve contactos y relaciones con personas procedentes de culturas y ambientes diversos, donde uno se acostumbra a vivir acogiendo las diferencias, haciendo de ellas una ocasión preciosa de enriquecimiento y descubrimiento recíproco.
El Pontífice destacó que el deporte se convierte en una ocasión preciosa para reconocerse como hermanos y hermanas en camino, para favorecer la cultura de la inclusión y rechazar la cultura del descarte. Y también afirmó que todo esto resalta mayormente en su experiencia, porque la minusvalía que experimentan en algún aspecto de su físico, mediante la práctica deportiva y el sano espíritu deportivo se transforma en un mensaje de aliciente para todos aquellos que viven situaciones análogas a las suyas, y se convierte en una invitación a empeñar todas las energías para hacer cosas bellas juntos, superando las barreras que podemos encontrar en torno a nosotros y, ante todo, de las que están dentro de nosotros.
El Papa les dijo además a estos queridos atletas que su testimonio es un gran signo de esperanza. Es una prueba de las potencialidades que existen en cada persona y que a veces no las imaginamos, y que pueden desarrollarse con la confianza y la solidaridad. “¡Dios Padre – dijo Francisco textualmente – es el primero que sabe esto! Él nos conoce mejor que cualquier otro, y nos mira con confianza, nos ama como somos, pero nos hace crecer según lo que podemos llegar a ser. De este modo – añadió – en su esfuerzo por un deporte sin barreras, por un mundo sin excluidos, ¡jamás están solos! ¡Dios, nuestro Padre, está con ustedes!
Francisco concluyó manifestando su deseo de que el deporte sea para todos ellos una palestra en la que se entrenen cotidianamente en el respeto de sí mismos y de los demás, una palestra que les dé la ocasión de conocer personas y ambientes nuevos y que los ayude a sentirse parte activa de la sociedad. El Papa se despidió agradeciéndoles este encuentro, antes de impartirles su bendición apostólica, y pidiéndoles, por favor, que recen por él.
lo pidio el Papa

Que el viento de Pentecostés sople sobre la Iglesia, las familias y la humanidad entera.
Pidamos al Espíritu Santo escuchar a Dios y el clamor del pueblo, disponibilidad a confrontarnos de forma sincera, abierta y fraterna, mantener nuestra mirada fija en Jesucristo, haciendo lo que Él nos diga. Palabras que contienen el testamento espiritual de María, «amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas» (Evangelii gaudium, 286). ¡Hagámoslas nuestras! - alentó el Papa Francisco 

En la víspera de la solemne apertura de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la Evangelización. En una Vigilia de oración organizada por la Conferencia Episcopal Italiana, en la Plaza de San Pedro.«¡Sí, en el Evangelio está la salvación que colma las necesidades más profundas del hombre!», reiteró el Obispo de Roma, haciendo hincapié en que «de esta salvación - obra de la misericordia de Dios y de Su gracia - como Iglesia, somos signo e instrumento, sacramento vivo y eficaz (cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 112.). Si no fuera así, nuestro edificio sería sólo un castillo de naipes y los pastores se reducirían a clérigos de estado, en cuyos labios el pueblo buscaría en vano la frescura y el “olor a Evangelio" (Ibid., 39)».
«Nuestra escucha y nuestro confrontarnos sobre la familia, amada con la mirada de Cristo, se volverán una oportunidad providencial para renovar - siguiendo el ejemplo de San Francisco – a la Iglesia y a la sociedad», señaló el Papa, añadiendo luego que «con la alegría del Evangelio, volveremos a encontrar el camino de una Iglesia reconciliada y misericordiosa, pobre y amiga de los pobres; una Iglesia capaz de «triunfar con paciencia y caridad en sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas» (Concilio Ecuménico Vaticano II Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 8).
«Pueda soplar el viento de Pentecostés sobre los trabajos sinodales, sobre la Iglesia, sobre la humanidad entera. Desate los nudos que impiden a las personas encontrarse, sane las heridas que sangran, reavive la esperanza. Nos conceda aquella caridad creativa que permite amar como Jesús amó. Y nuestro anuncio volverá a encontrar la vitalidad y el dinamismo de los primeros misioneros del Evangelio, pidió el Santo Padre al concluir su homilía. (CdM, RV)
Palabras del Papa 

Queridas familias ¡Buenas noches!
Anochece ahora en nuestra asamblea.
Es la hora en que se vuelve a casa de buen grado, para encontrarse en la misma mesa, en el espesor de los afectos, el bien cumplido y recibido, de los encuentros que calientan el corazón y lo hacen crecer, vino bueno que anticipa en los días del hombre la fiesta sin ocaso.
Y también es la hora que más pesa para el que se encuentra cara a cara con su propia soledad, en el crepúsculo amargo de sueños y proyectos quebrados: cuántas personas arrastran sus días en el callejón sin salida de la resignación, del abandono, e incluso del rencor; en cuántos hogares ha faltado el vino de la alegría y, por lo tanto, el sabor - la misma sabiduría - de la vida...
De los unos y de los otros, esta noche, nos hacemos voz con nuestra oración.
Es significativo que - incluso en la cultura individualista que desnaturaliza y hace efímeros los vínculos – en cada nacido de mujer permanezca vivo un anhelo esencial de estabilidad, de una puerta abierta, de una persona con la cual entretejer y compartir la historia de la vida, una historia a la cual pertenecer. La comunión de vida asumida por el esposo y la esposa, su apertura al don de la vida, la custodia recíproca, el encuentro y la memoria de las generaciones, el acompañamiento educativo, la transmisión de la fe cristiana a los hijos...: con todo esto la familia sigue siendo escuela incomparable de humanidad, contribución indispensable para una sociedad justa y solidaria (Cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 66-68).


Y cuanto más profundas son sus raíces, más se puede salir y llegar lejos en la vida, sin perderse ni sentirse extranjeros en ningún lugar.
Este horizonte nos ayuda a comprender la importancia de la Asamblea sinodal que se abre mañana.
Ya el ‘convenire in unum’, alrededor del Obispo de Roma, es un evento de gracia, en el que la colegialidad episcopal se manifiesta en un camino de discernimiento espiritual y pastoral. Para buscar lo que el Señor le pide hoy a Su Iglesia, debemos escuchar los latidos de este tiempo y percibir el 'olor' de los hombres de hoy, hasta quedar impregnados de sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y angustias (cf Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 1): entonces sabremos proponer con credibilidad la buena noticia sobre la familia.
Sabemos, en efecto, que en el Evangelio hay una fuerza y una ​​ternura capaces de vencer lo que crea infelicidad y violencia. ¡Sí, en el Evangelio está la salvación que colma las necesidades más profundas del hombre! De esta salvación - obra de la misericordia de Dios y de Su gracia - como Iglesia, somos signo e instrumento, sacramento vivo y eficaz (cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 112.). Si no fuera así, nuestro edificio sería sólo un castillo de naipes y los pastores se reducirían a clérigos de estado, en cuyos labios el pueblo buscaría en vano la frescura y el “olor a Evangelio" (Ibid., 39).
Emergen así también los contenidos de nuestra oración.
Al Espíritu Santo, pidámosle para los Padres Sinodales, ante todo, el don de la escucha: escuchar a Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; escuchar al pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama.

Junto con la escucha, invoquemos la disponibilidad a confrontarnos de forma sincera, abierta y fraterna, que nos lleve a asumir con responsabilidad pastoral los interrogativos que este cambio de época trae consigo. Dejemos que se derramen en nuestro corazón, sin perder nunca la paz, sino con la confianza serena en que, a su tiempo, el Señor no dejará de volver a conducir hacia la unidad.
La historia de la Iglesia ¿no nos presenta acaso tantas situaciones análogas, que nuestros padres supieron superar con obstinada paciencia y creatividad?
El secreto está en una mirada: y es el tercer don que imploramos con nuestra oración. Porque, si de verdad queremos verificar nuestro pasado en el terreno de los desafíos contemporáneos, la condición decisiva es mantener nuestra mirada fija en Jesucristo - Lumen Gentium, Luz de los pueblos- detenernos en la contemplación y en la adoración de su rostro. Si asumimos su manera de pensar, de vivir y de relacionarse, no tendremos dificultades para traducir el trabajo sinodal en indicaciones y caminos para la pastoral de de la persona y de la familia. De hecho, cada vez que volvemos a la fuente de la experiencia cristiana, se abren nuevos caminos y posibilidades inimaginables. Es lo que deja intuir la indicación evangélica: «Hagan todo lo que él les diga». (Jn 2,5). Son palabras que contienen el testamento espiritual de María, «amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas» (Evangelii gaudium, 286). ¡Hagámoslas nuestras!
Entonces, nuestra escucha y nuestro confrontarnos sobre la familia, amada con la mirada de Cristo, se volverán una oportunidad providencial para renovar - siguiendo el ejemplo de San Francisco – a la Iglesia y a la sociedad.
Con la alegría del Evangelio, volveremos a encontrar el camino de una Iglesia reconciliada y misericordiosa, pobre y amiga de los pobres; una Iglesia capaz de «triunfar con paciencia y caridad en sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas» (Concilio Ecuménico Vaticano II Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 8).
Pueda soplar el viento de Pentecostés sobre los trabajos sinodales, sobre la Iglesia, sobre la humanidad entera. Desate los nudos que impiden a las personas encontrarse, sane las heridas que sangran, reavive la esperanza. Nos conceda aquella caridad creativa que permite amar como Jesús amó.
Y nuestro anuncio volverá a encontrar la vitalidad y el dinamismo de los primeros misioneros del Evangelio.

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