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domingo, 22 de junio de 2014

vocaciones -“No olvidar las vocaciones de laicos a la misión"

Francisco lanza un SOS por las vocaciones -“No olvidar las vocaciones de laicos a la misión"


El gran riesgo del mundo actual con su múltiple oferta de consumo, es una tristeza individualista”

Mensaje del Papa con motivo de la Jornada Misionera Mundial

“En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a que en las comunidades no hay un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo”, sin embargo, “donde existe alegría, fervor, ganas de llevar a Cristo ante los demás, surgen las verdaderas vocaciones”.

Lo escribe el Papa en el Mensaje con motivo de la Jornada Misionera Mundial, que se celebrará el 19 de octubre, y que acaba de ser publicado por el Vaticano. Entre las “verdaderas vocaciones”, Papa Bergoglio invita a “no olvidar las vocaciones laicales a la misión: se ha tomado conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como del papel cada vez más importante que ellos están llamados a desempeñar en la difusión del Evangelio. Por este motivo –remarca el Pontífice-- es importante proporcionarles una formación adecuada de cara a una eficaz acción apostólica”.
El mensaje repite la idea de “salir de la Iglesia” tan apreciada por el Papa latinoamericano y delineada por él también como exhortación apostólica 'Evangelii Gaudium', texto citado varias veces en el mismo mensaje.
El Papa Francisco insiste en el tema de la “alegría”, de la “exultación interior”, como temas centrales en la vida cristiana y fuente de la misión: “No nos dejemos robar la alegría de la evangelización”. “Os invito –escribe el Pontífice a los obispos, sacerdotes y laicos-- a introducirse en la alegría del Evangelio, a alimentar un amor en grado de iluminar vuestra vocación y misión”. Según Bergoglio, “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.
En su Mensaje, Francisco subraya que por el contrario “el discípulo del Señor persevera en la alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica”.
“La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres”, asegura el Papa que anima a “las comunidades parroquiales, las asociaciones y los grupos a vivir una intensa vida fraterna, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos”. “La Iglesia –recuerda-- es por su naturaleza misionaria: la Iglesia ha nacido para 'salir'”.

Hoy, recuerda el Pontífice, “la humanidad necesita tomar la salvación traída por Cristo”. “todos los discípulos del Señor –afirma Papa Bergoglio-- están llamados a alimentar la alegría de la evangelización”. En especial, “los obispos, como primeros responsables del anuncio, tienen el deber de favorecer la unidad de la Iglesia local en el trabajo misionario, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar Jesucristo se exprime tanto en la  preocupación de anunciarlo en los lugares más lejanos, como en una constante salida de las iglesias hacia las periferias del propio territorio, donde espera la gente más pobre”.

“Los discípulos –resume finalmente el Pontífice-- son aquellos que se dejan aferrar cada vez más al amor de Jesús y marcan con fuego la pasión por el Reino de Dios, por ser portadores de la alegría del Evangelio”.

“Os exhorto --concluye-- a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. A María, modelo de evangelización humilde y alegre, dirijamos nuestro rezo, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo”.

El Papa vuelve a pedir oraciones por la paz y la persecución a los cristianos

Un "Ave María" por Irak en llamas. Ayer en el Ángelus el Papa ha invitado a los fieles a rezar "por la querida nación iraquí" y en particular por "las personas, entre ellas tantos cristianos, que han tenido que dejar su propia casa".
El Papa ha expresado "viva preocupación" esperando "un futuro de reconciliación y justicia" por una tierra que ha visto el padre de las tres religiones monoteístas Abraham abrir una nueva época de la humanidad.
Justo desde Ur dei Caldei quiso iniciar el Jubileo Karol Wojtyla que antes puso en guardia a Occidente ante una intervención militar en el Golfo, justo como hace nueve meses hizo Bergoglio que se opuso a la entrada de Estados Unidos en Siria, donde a causa de la guerra civil y al avance de grupos extremistas como el Frente al-Nusra y el Estado Islámico de Iraq y del Levante, ha aumentado la influencia del islamismo radical y, en consecuencia, de las persecuciones contra los cristianos. El secuestro de las monjas de Maalula (ciudad antigua donde se habla todavía arameo) y las fosas comunes en a Sadad son estaciones de un "Via Crucis" infinito. Muchos cristianos han sido obligados a huir al Líbano y a los países vecinos hasta el punto de que, después de más de tres años de guerra civil, en Siria los cristianos son el 5% de la población. Eran el 15% antes de que estallase la revolución anti- Assad.
También en Egipto los cristianos están bajo amenaza, en especial después de la destitución del expresidente Mohamed Morsi, que llegó al poder en 2013 después de la victoria electoral de los Hermanos Musulmanes. Tras la intervención de las fuerzas armadas que acabó con el arresto de Morsi, han aumentado en manera exponencial los ataques contra los cristianos, como confirma también la comisión de expertos encargada por el Consejo nacional por los derechos humanos para analizar la situación de los coptos en el país. Los miembros de la minoría religiosa sufren la violencia, sobre todo en las provincias de Luxor, Sohag e Assuan. El documento habla de secuestros, incendios en las viviendas de los coptos, vandalismo contra sus negocios, obstáculos a la práctica de sus ritos religiosos. Pero la situación para los cristianos es dramática también en Irán y sobre todo en Irak, donde hoy los caldeos representan solo el 1% de la población. Aquí los crisitanos acabaron bajo el ataque de Bagdad en el día de Navidad (37 muertos).
El caso di Meriam Yahia Ibrahim ha hecho mover las conciencias, pero la dramática historia de la cristiana sudanesa de 27 años condenada a muerte por apostasía es solo la punta del iceberg y demuestra las condiciones en las que viven los cristianos en decenas de países africanos y asiáticos. Según un reciente estudio de la ONG ameicana 'Open Doors', en el último año las persecuciones contra los cristianos han aumentado globalmente, en especial en África. En el noreste de Nigeria (el país "más peligroso para los cristianos") se multiplican las estrategias del grupo extremista Boko Haram.
"El alarmante aumento de la violencia contra los cristianos en Nigeria en los últimos meses pone en evidencia la ausencia de libertad religiosa en el país", comenta el presidente de la ONG David Curry. La de Boko Haram es una verdadera ofensiva contra los cristianos a gran escala. El ataque más evidente ocurrió la noche entre el 14 y el 15 de abril, cuando algunos milicianos de la secta salafita secuestraron 270 chicas, llevándoselas del campus de una escuela de Chimbok. Las chicas, obligadas a convertirse al islam, han sido forzadas a casarse con los milicianos del movimiento extremista. Desde Sudán a Siria, de Nigera a Irak, se extiende el "campo de batalla por las Iglesias cristianas en el tercer milenio".
FUENTE: Vatican Insider

viernes, 20 de junio de 2014

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano 

Nació en una casona familiar, a pocos metros del convento de Santo             Domingo, donde también falleció. Fue el cuarto hijo de trece hermanos. Su madre, Josefa González Caseros, era criolla y su padre, Domingo Belgrano y Peri, un comerciante italiano emigrado a Cádiz y luego a América, estableciéndose en Buenos Aires en 1751. A su padre el comercio le permitió lograr una buena posición económica y en la milicia alcanzó el grado de capitán.
"... La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación mejor de aquella época..." (Palabras de Manuel Belgrano).

tre los muchos e interesantes sucesos que tuvieron lugar durante el virreinato de don Nicolás de Arredondo figuran el nacimiento de los primeros trillizos en el Río de la Plata, una complicada invasión de loros en Buenos Aires y la creación del Consulado, una especie de Secretaría de Comercio que debía encargarse de que los precios no se elevaran por las nubes y de que las transacciones comerciales fueran tan legales como lógicas.
A fines de 1793 el gobierno encomendó las responsabilidades del Consulado a un joven de 23 años, que acababa de recibirse de doctor en Leyes en España: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Llegaba un poco enfermo, producto de una sífilis que contrajo en Madrid, y por ese motivo en más de una oportunidad tuvo que solicitar licencias y trasladarse a descansar a San Isidro o cruzar a Maldonado donde -es muy probable-, habrá caminado por las extensas playas de lo que es hoy Punta del Este.
Las medidas que tomó Belgrano favorecieron el comercio de Buenos Aires y es probable que a comienzos del siglo XIX, de haber existido las encuestas de opinión, hubiera obtenido altos porcentajes de imagen positiva. Sin dudas, el cargo le calzaba a la perfección. Sin embargo, las invasiones inglesas torcieron su destino. Belgrano fue nombrado capitán y participó al frente de sus hombres en la Defensa de 1807. Regresó luego a sus actividades de escritorio hasta que en 1810 participó activamente en la Semana de Mayo e integró el primer gobierno patrio. Sin perder tiempo, renunció a su sueldo como vocal de la Junta. Debió calzarse otra vez el uniforme y comandar una expedición para convencer (por las buenas o por la fuerza) a los vecinos paraguayos de que debían plegarse a la revolución porteña.
Belgrano tuvo que asumir de manera inesperada la acción militar. Fue nombrado de apuro capitán y fue a la defensa de Buenos Aires en la invasión inglesa de 1807
Aquella expedición fue un fracaso desde el punto de vista militar, lo que confirma que aún debía acumular experiencia en tácticas y estrategias. Sin embargo, los resultados definitivos fueron satisfactorios: Asunción no se sumó, pero tampoco presentó la oposición tenaz a la Junta porteña como lo hacía Montevideo. A partir de la aventura del Paraguay se ponía en marcha la cuenta regresiva: los últimos diez años, gloriosos, de su vida.
El gran episodio, el más célebre de su existencia, tendría lugar en Rosario, a orillas del río Paraná donde se encontraba alistando la defensa contra las incursiones navales de los realistas. Belgrano armó dos baterías que debían cañonear a cualquier barco enemigo que osara cruzar por allí. Por aquel tiempo, las Provincias Unidas del Río de la Plata aún no habían declarado su independencia de la Metrópoli. Por lo tanto, los dos bandos pertenecían al Reino de España y utilizaban las mismas insignias. En un acto de gran osadía para el momento político, Belgrano solicitó autorización para que la tropa utilizara una escarapela diferente a la de las tropas realistas. El Primer Triunvirato aprobó la solicitud y pocos días después, el 27 de febrero de 1812, se despachó con un nuevo comunicado dirigido al gobierno central, en el que informaba que había mandado enarbolar una bandera con los colores de la escarapela en la batería que bautizó "Independencia".
Esta vez no consiguió la venia del Triunvirato. Al contrario, para el gobierno porteño, la creación de un emblema y la utilización de la palabra "Independencia" estaban muy lejos de ser aprobadas. Pero cuando la desautorización llegó a Rosario, junto con una bandera realista que enviaban para reemplazar a la celeste y blanca, Belgrano se hallaba en camino a Jujuy, donde se haría cargo del Ejército del Norte.
Llegó el tiempo del célebre y sacrificado Éxodo Jujeño, la histórica marcha defensiva y la posterior decisión de presentar batalla en las afueras de Tucumán, cuando los propios tucumanos apoyaron al comandante Belgrano para que no retrocediera un paso más. El 24 de septiembre de 1812 a las ocho de la mañana, minutos antes de que 1.800 patriotas se enfrentaran a 3.000 realistas, Belgrano montaba su caballo de pelaje rosillo. Con tanta mala suerte, que al sonar el estampido del primer cañonazo, el manso caballo se asustó y el general fue a parar al piso. Los soldados que observaron la escena, paisanos muy supersticiosos, sintieron que era un mal presagio.
La creación de la bandera de Manuel Belgrano, uno de sus legados, se hizo pese a que el gobierno porteño no estaba de acuerdo
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Sin embargo, la fortuna estuvo del lado de los patriotas. Fue entonces que Belgrano alcanzó el mayor índice de popularidad de su vida y confirmó su estrella cuando repitió el triunfo en Salta, el 20 de febrero de 1813. Como reconocimiento por esta victoria se le concedió un premio de 40.000 pesos en terrenos fiscales que les hubiera permitido a él y a sus descendientes vivir sin mayores apremios económicos. Pero Belgrano pidió a cambio que se dotaran cuatro escuelas en Jujuy, Santiago del Estero, Tucumán y Tarija (hoy Bolivia). Además, propició la creación de escuelas industriales y fue uno de los primeros en sostener que había que brindar una educación más completa a las mujeres.

 El ocaso militar de Belgrano comenzó con los reveses de Vilcapugio (1/10/1813) y Ayohuma (14/11/1813). Entregó la comandancia del ejército a José de San Martín y terminó arrestado en Luján, mientras en Buenos Aires lo juzgaban por esas derrotas. Fue absuelto. Viajó a Londres con Bernardino Rivadavia en misión diplomática, regresó en 1816 y pretendió transmitir su entusiasmo por el sistema monárquico a los diputados reunidos en Tucumán. Fracasó en el intento. Reasumió el mando del diezmado ejército del Alto Perú que ya ocupaba un lugar secundario, frente al despliegue del sanmartiniano de los Andes.Según Bartolomé Mitre, "su fisonomía era bella y simpática. Su cabeza era grande y bien modelada. La nariz era prominente, fina y ligeramente aguileña. La boca, amable y discreta. Era escaso de barba, no usaba bigote y llevaba la patilla corta, a la inglesa. Belgrano era de una contextura delicada". El creador de la bandera era rubio, medía poco menos de 1.80 cm. y su piel era rosada. Para sus soldados era "el Alemán" (por ser rubio, vestirse "a la europea" y hablar perfecto inglés). También lo llamaron "Cotorrita" (por usar chaqueta verde, caminar con pasos apresurados y por su voz aflautada). Las enfermedades comenzaron a castigarlo sin tregua a partir de 1817.

De muchos próceres se dice que murieron pobres y no es cierto. Pero en el caso de Manuel Belgrano, él sí, él murió pobre.
Llegó a Buenos Aires a comienzos de junio de 1820, muy enfermo, muy dolorido y muy olvidado. Cargando con la sífilis de su juventud, una cirrosis torturante y un cáncer hepáticoEn su lecho final fue examinado por el médico escocés Joseph Redhead, que lo atendió en su casa; al no poder pagarle por sus servicios, pues en ese momento estaba sumido en la pobreza, Belgrano quiso darle un reloj como pago, ante la negativa del galeno a cobrarle, Belgrano tomó su mano y puso el reloj dentro de ella, agradeciéndole por sus servicios. Se trataba de un reloj de bolsillo con cadena, de oro y esmalte, que el rey Jorge III de Inglaterra había obsequiado a Belgrano.nota 6
Una de sus últimas frases fue de esperanza, a pesar de los malos momentos que pasaban tanto él como su patria:
...sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de quien siendo nuestra revolución obra de Dios, él es quien la ha de llevar hasta su fin, maniféstándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a su Divina Majestad y de ningún modo a hombre alguno.
Manuel Belgrano30
Murió en la pobreza, a pesar de que su familia había sido una de las más acaudaladas del Río de La Plata antes de que Manuel Belgrano se comprometiera con la causa de la independencia.
El mismo día de su muerte es recordado como el Día de los tres gobernadores pues se desataba una crisis política en el gobierno ejecutivo de la provincia. Esto ayudó a que su fallecimiento fuese casi inadvertido. El único diario que publicó la noticia fue "El Despertador Teofilantrópico", que era redactado por el fraile franciscano Francisco de Paula Castañeda.31 32
Cumpliendo con su última voluntad, su cadáver fue amortajado con el hábito de los dominicos tal como era costumbre entre los terciarios dominicos, de los que formaba parte ) y fue trasladado desde la casa paterna en la que murió -actual avenida Belgrano, nº 430- al Convento de Santo Domingo, recibiendo sepultura en un atrio.  Al funeral asistieron su familia y un par de amigos, entre ellos el doctor Joseph Redhead, a quien Belgrano le legó su reloj porque no tenía dinero para pagarle los honorarios. Ante la imposibilidad de pagar una lápida, uno de sus hermanos cedió el mármol de una cómoda que sirvió para identificarlo donde alguien talló una escueta leyenda: “Aquí yace el general Manuel Belgrano”. 
De muchos próceres se dice que murieron pobres y no es cierto. Belgrano sí murió pobre, solo y casi olvidado. Al fallecer lo vistieron con el hábito de los dominicos. 
Hasta 1902, sus restos descansaron bajo el piso de aquella iglesia del barrio de Monserrat. Ese año fueron exhumados y, desde entonces, lo poco que pudo rescatarse yace en una urna, encerrada en el mausoleo que se levantó en el atrio del convento. Incluidos los dientes del prócer, que dos ministros del gobierno nacional que presenciaron la exhumación se llevaron como souvenir y que, descubiertos por la prensa, debieron reintegrar. Sin embargo, hace unos años, el reloj que Belgrano, agonizante, había entregado a su médico en pago de sus servicios fue robado del Museo Histórico Nacional.


MANUEL BELGRANO PADRE DE LA BANDERA
El color de la bandera

la verdadera bandera argentina

Un 25 de julio de 1816, el Congreso reunido en Tucumán, designó como Bandera Nacional a la creada por Manuel Belgrano
Pero lejos está aquella, la verdadera bandera nacional, de parecerse a la que actualmente utilizamos. Ni en la característica de sus colores, ni en la ubicación de los mismos... 
Éste es un tema que siempre me ha intrigado hasta el apasionamiento. Saber cuál era el verdadero color de la Bandera Nacional, y cómo estaban distribuidas las franjas. ¿Celeste y Blanca? ¿Blanca y Celeste? ¿Azul Celeste y Blanca? ¿Azul y Blanca? ¿De dos franjas verticales? ¿Tres Horizontales? 
En el Archivo Histórico Nacional el manuscrito original de Belgrano donde consigna el diseño y creación de nuestra enseña patria, se lee que en un lado decía "azur y blanca", y en otro una tachadura y encima del azur, escrito "celeste". ¿Quién modificó ese texto? ¿El mismo Belgrano, o un tercero?
Con los años, los colores se pierden. Eso pasa con las telas. Eso pasó con la Capilla Sixtina, que todo el mundo creía que Miguel Angel había utilizado colores apastelados, apagados, pero cuando se inició el proceso de curado y restauración de la misma, aparecieron sorprendentemente unos colores vivos, impactantes, que explicaron el daño que le hace a una pintura el paso del tiempo. Leí por ahí: "Se cumplen veintisiete años del comienzo de la restauración de la Capilla Sixtina, que supuso el descubrimiento crucial de un Miguel Ángel colorista oculto bajo las tinieblas de la suciedad de los siglos". 
En 1815 Belgrano posó para un retrato al óleo ejecutado por Carbonnier. En un ángulo de la pintura se reproduce la batalla de Salta, y aparecen tres banderas argentinas, con dos franjas horizontales, blanca la superior y azul celeste la restante. 
Goya pintó en reiteradas ocasiones a la familia Real, y siempre aparecen los colores que los identifican a los borbones: azul celeste y blanco. Belgrano, pro monarquico, perfectamente puede haber elegido esos colores a partir de las insignias reales. Aquí vemos un óleo de Goya 
rosas
Las banderas de Macha por Maximina Gorostiaga

Los estudiosos no coinciden con respecto a los colores de la enseña patria. Se debe tener en cuenta que el general Belgrano en ninguna oportunidad especifica cómo están distribuidos los colores ni cuántas franjas la componen. Al crearla sólo dice “blanca y celeste”, como dando a entender que el blanco prevalecía sobre el azul... 
Discrepo: en el manuscrito que está en el Archivo Histórico, dice "azur celeste y blanca". Ni celeste como la actual, ni azul oscuro como el azul de la uruguaya. 
De lo que estoy segura es de lo que pude observar y determinar sobre la Bandera de Belgrano (como la llaman) o las Banderas de Macha. Esta histórica reliquia es blanca / celeste / blanca. 
(Celeste por la degradación del color que produjo el paso del tiempo). 
En septiembre de 1983, estando en el Museo Histórico y Geográfico de la ciudad de Sucre (Bolivia), comprobé lo siguiente: su material de seda se encuentra bastante deteriorado, especialmente en uno de sus extremos. Los colores distribuidos entre franjas se diluyen por efecto del tiempo y de la luz. El blanco de la seda ha adquirido un color marfil y el celeste, uno verdoso. 
Mide 2,30 metros de largo por 1,10 metros de ancho. Se la conserva doblada por la mitad, en una vitrina con vidrios biselados, herméticamente cerrada, porque el mínimo soplo de aire la desintegraría. Es bastante larga como para ser izada en mástil o llevada por abanderado. 
¿Cómo la encontraron? En el año 1885, la parroquia de Macha, departamento Potosí, tenía entre sus anexos dos capillas: la de Pumpurri y la de Titiri (se llama así por la abundancia de ese mineral); la primera, bastante alejada del camino hacia Potosí y la segunda, más cercana. 
El padre Primo Arrieta, presbítero en ese entonces de la parroquia de Macha, en su deseo de asear las capillas, saca los cuadros más antiguos que estaban en el altar mayor y encuentra las banderas clavadas en la pared, que no se veían porque las tapaba el cuadro. Eran banderas de seda que estaban “como ocultas”, una de ellas estaba ensangrentada. 
Estas banderas fueron encontradas por casualidad, la primera vez en 1883, por el presbítero Martín Castro, quien, al comprobar que estaban manchadas levemente con sangre, las volvió a colocar detrás de los cuadros y las clavó en la pared. Allí permanecieron hasta 1885, cuando las encontró el padre Arrieta. Permanecieron ocultas por espacio de setenta años. 
El cura Arrieta consultó con los capilleros más antiguos, quienes le informaron que en su niñez, época del rey, supieron escuchar sobre una batalla en Charawuitu, en que tuvo actuación “nuestro curita” (se referían al padre Aranívar); al perder la batalla, sus amigos fueron perseguidos y se refugiaron entre ellos, llegaron a veces en forma incógnita hasta el pueblo de Macha. Él fue el que trajo estas banderas y las colocó allí, y desde entonces nadie las había tocado. Esto le relataron los capilleros al cura. 

Libros de bautismo
belgranoRevisando los libros de bautismo y defunciones de la parroquia, se comprueba que los firma el curita Aranívar hasta más o menos la fecha de la batalla de Ayohuma (1813); con fecha posterior, los firma otro cura. Es de suponer que el religioso, para salvar su vida, debió esconderse; también se sabe que antes y después de Ayohuma, Belgrano vivió en la casa parroquial de Macha. 
Las banderas de referencia son: azul y blanca una; la otra, roja y azul. La que se envía a la Argentina como prueba de amistad y hermandad americana es un fondo de seda rojo, al que se encuentra adherida la bandera argentina, deteriorada por el tiempo, y sus colores, blanco y azul, también debilitados por efecto de la luz. 
¿Cómo llegarían hasta el curita Aranívar estas banderas? 
Belgrano ordena retirada, porque el enemigo está tras ellos. Envía al coronel Cornelio Zelaya a retaguardia con órdenes secretas. ¿No sería una de ellas poner a salvo la sagrada enseña? 
El coronel trata de llegar hasta Macha, donde Belgrano tiene amigos, pero se encuentran de frente con el invasor y no les queda otra alternativa que quedar en Titiri, anexo al curato de Macha, donde es guardián el padre Aranívar y segurante él es quien esconde las banderas detrás del cuadro que está al costado del modesto altar frontero a la entrada. Zelaya regresa para reunirse con el resto de su compañía, que se dirige a Potosí. A partir de entonces, no se nombra más a la bandera. 
Yo estoy absolutamente convencido de que el color de la bandera nacional no es este celeste  que ahora utilizamos, y me avengo a lo que el propio Belgrano escribió. Sin ser el azul marino o el azul de los uruguayos, la bandera tenía un color azul celeste, es decir que no era ni de color azul oscuro, ni celeste, sino un intermedio, que bien podría ser del tipo del azul francia, del azul mediterráneo. Desde luego que en esa época no existían los 16 millones de colores como tiene una Mac de Apple, ni existía la grilla de Pantone. Pero me queda claro que los colores se deterioran (y mucho) con el tiempo, y que celeste es una cosa, y "azur" celeste, otra. 


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