Primera predicación de Adviento: 
La paz como don de Dios en Cristo Jesús

A las 9 de la mañana, en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio apostólico vaticano, el Papa Francisco asistió a la primera Predicación de Adviento, junto a los demás miembros de la Curia Romana.
Tal como explicó el Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en una entrevista concedida al periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, “Paz en la tierra a los hombres que Dios ama”, es el tema inspirado en el Evangelio de San Lucas que ha elegido precisamente por su dolorosa actualidad, junto a la necesidad de volver a dar a esta palabra la riqueza de significado que tiene en la Biblia.
La meditación del primer viernes de Adviento estuvo dedicada a la paz como don del Señor en Cristo Jesús. Porque como afirmó el predicador, “la Palabra de Dios nos enseña que la primera y más esencial paz es la vertical, entre Dios y la humanidad”.
“Si se pudiera escuchar el grito más fuerte que hay en el corazón de millones de personas, se oiría, en todas las lenguas del mundo, una sola palabra: ¡paz! La dolorosa actualidad de este tema, unida a la necesidad de dar de nuevo a la palabra paz la riqueza y la profundidad de significado que ésta tiene en la Biblia, me ha impulsado a dedicar a este tema las meditaciones de Adviento de este año. Nos ayudará, espero, a escuchar con oídos nuevos el anuncio navideño: “Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor” y también a comenzar a vivir en nuestro interior el mensaje que la Iglesia, cada año, dirige al mundo en la jornada mundial de la paz”.
Entre los puntos tocados por el Predicador de la Casa Pontificia destacamos: “La paz de Dios prometida y donada”; “La paz, fruto de la cruz de Cristo”; “¡Reciban el Espíritu Santo!” y “¡Dejarse reconciliar con Dios!”.
Al explicar que una de las causas de la alienación del hombre moderno de la religión y de la fe es la imagen distorsionada que se tiene de Dios. El Padre Cantalamessa dijo que ésta es también la causa de un cristianismo apagado, sin entusiasmo y sin alegría, vivido más como un deber que como un don.
De ahí que recordara cuán grandiosa era la imagen de Dios Padre en la Capilla Sixtina, cuando la vio por primera vez a pesar de estar cubierta por una pátina oscura, y cómo se la ve ahora, tras la restauración, con los colores brillantes y los contornos definidos, tal como salió del pincel de Miguel Ángel. A lo que añadió: “Una restauración más urgentes de la imagen de Dios Padre debe tener lugar en los corazones de los hombres, incluidos nosotros los creyentes”.
Y al destacar que el Espíritu Santo nos comunica el sentimiento que Jesús tenía de su Padre, el Predicador concluyó diciendo:
“De aquí brota el sentimiento filial que se traduce espontáneamente en el grito: ¡Abba, Padre! Como quien dice: “Yo no te conocía, o te conocía sólo de oídas; ahora te conozco, sé quién eres”.
“Salimos ahora a nuestro trabajo cotidiano con una pregunta en el corazón: ¿Qué idea de Dios Padre tengo yo dentro de mí: la del mundo o la de Jesús?”.
Y dado que “el Señor viene”, recordamos que durante la audiencia general del primer miércoles de diciembre, en sintonía con este tiempo litúrgico, el Papa Francisco saludaba a los peregrinos procedentes de América Latina y de España con un deseo muy actual:
“Que la preparación del nacimiento del Señor, en este tiempo de Adviento, les haga crecer en el amor a Jesús y en el deseo de comunicarlo a todos los demás. Muchas gracias y que Dios los bendiga a todos”.

Catholic.net :: Aprende a orar

MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.