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sábado, 6 de diciembre de 2014

el Papa se dirigió a los voluntarios
“Vayan tras las huellas del buen Samaritano sirviendo a los pobres del mundo”
El Papa Francisco recibió en el Aula Pablo VI, a los más de dos mil voluntarios cristianos de la Federación de Organismos Internacionales de Voluntariado, en ocasión de la Jornada Internacional del Voluntariado.
En su discurso el Santo Padre recordó la importancia del servicio que prestan los voluntarios hoy, señalando que en el mundo “hay tanta necesidad de testimoniar el valor de la gratitud: ¡los pobres no pueden convertirse en una ocasión de ganancia!” afirmó el Pontífice.
“Ustedes – exhortó el Papa – están llamados a interpretar estos signos de los tiempos y a convertirse en un instrumento al servicio del protagonismo de los pobres”. Para ello recordó, es necesario promover la solidaridad y buscar la paz. Y “un signo de paz y de esperanza – afirmó Francisco – es su actividad en los campos de refugiados, donde encuentran a gente desesperada, rostros marcados por el atropello, niños que tienen hambre de alimentos, de libertad y de futuro”.
Sigan el ejemplo de tantos “voluntarios que han sido verdaderos testigos de la caridad, operadores de paz, constructores de justicia y de solidaridad”, les exhortó Francisco concluyendo su discurso. “Los encomiendo a cada uno de ustedes y a los organismos de su Federación a la protección de María Santísima. Los acompaña también mi Bendición”, les dijo al despedirse.
Texto completo del Discurso del Papa a la FOCSIV
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Es un gusto recibirlos en ocasión de la Jornada Internacional del Voluntariado. Les dirijo un cordial saludo y agradezco al Presidente, que ha presentado su misión, en el contexto actual. Su Federación, que agrupa a los Organismos de Voluntariado de inspiración cristiana, desarrolla una preciosa acción en el mundo. Es imagen de una Iglesia que se pone el delantal y se inclina a servir a los hermanos en dificultad. De hecho, las diversas realidades que conforman la FOCSIV buscan conjugar el bagaje de experiencia de los propios miembros con la dimensión del servicio voluntario a los pobres siguiendo el estilo del buen Samaritano y en coherencia con los valores evangélicos. A partir de su identidad cristiana, ustedes se presentan como “voluntarios del mundo” con numerosos proyectos de desarrollo, para dar respuestas concretas a los escándalos del hambre y de las guerras.

Les agradezco ¡por aquello que hacen y por como lo hacen! Sus intervenciones junto a los hombres y a las mujeres en dificultad son un anuncio vivo de la ternura de Cristo, que camina con la humanidad de todo tiempo. Prosigan en este camino del compromiso voluntario y desinteresado. Hay tanta necesidad de testimoniar el valor de la gratitud: ¡los pobres no pueden convertirse en una ocasión de ganancia! Hoy las pobrezas cambian de rostro – ¡existen las nuevas pobrezas! – y también algunos entre los pobres maduran diversas expectativas: aspiran ser protagonistas, se organizan, y sobre todo practican aquella solidaridad que existe entre cuantos sufren, entre los últimos. Ustedes están llamados a interpretar estos signos de los tiempos y a convertirse en un instrumento al servicio del protagonismo de los pobres. Solidaridad con los pobres es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. Es también luchar contra las causas estructurales de la pobreza: la desigualdad, la falta de un trabajo y de una casa, la negación de los derechos sociales y laborales. La solidaridad es un modo de hacer la historia con los pobres, evitando presuntas obras altruistas que reducen al otro a la pasividad.
Entre las principales causas de la pobreza hay un sistema económico que saquea la naturaleza, pienso particularmente en la deforestación, pero también en las catástrofes ambientales y en la perdida de la biodiversidad. Es necesario remarcar que la creación no es una propiedad de la cual pueden disponer como les plazca, y mucho menos es una propiedad de algunos cuantos. La creación es un don maravilloso que Dios nos ha dado para poder cuidarlo y lo utilicemos en beneficio de todos, con respeto. Por lo tanto los animo a continuar en este compromiso para que la creación permanezca como un patrimonio de todos, de entregar en toda su belleza a las generaciones futuras.
Muchos de los países en los cuales operan conocen el escándalo de la guerra. Trabajando por el desarrollo de los pueblos, ustedes también cooperan en construir la paz, buscando con perseverante tenacidad desarmar las mentes, de acercar a las personas, de construir puentes entre las culturas y las religiones. La fe les ayudará a realizarlo también en los Países más difíciles, donde la espiral de la violencia parece no dejar espacio a la razón. Un signo de paz y de esperanza es su actividad en los campos de refugiados, donde encuentran a gente desesperada, rostros marcados por el atropello, niños que tienen hambre de alimentos, de libertad y de futuro. ¡Cuánta gente en el mundo huye de los horrores de la guerra! ¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos! ¡Cuántas vidas quebradas! ¡Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción! Frente a todo esto, el discípulo de Cristo no se echa para atrás, no cambia la mirada de otra parte, pero si busca hacerse cargo de esta humanidad sufriente, con proximidad y acogida evangélica.
Pienso en los migrantes y en los refugiados, los cuales buscan dejar atrás las duras condiciones de vida y todo tipo de peligros. Es necesario la colaboración de todos, de instituciones, de ONG’s y comunidades eclesiales, para promover cominos de convivencia armoniosa entre personas y culturas diversas. Los movimientos migratorios solicitan adecuadas modalidades de acogida que no dejen a los emigrantes a merced del mar y de las bandas de traficantes inescrupulosos. Al mismo tiempo, es necesaria una colaboración factible entre los Estados, para reglamentar y administrar eficazmente estos fenómenos.
Queridos hermanos y hermanas, en más de cuarenta años de vida, en su Federación han obrado voluntarios que han sido verdaderos testigos de la caridad, operadores de paz, constructores de justicia y de solidaridad. Los animo a proseguir con alegría en este camino de fidelidad al hombre y a Dios, poniendo siempre más al centro la persona de Jesús. Les ayudará mucho encontrar cada día tiempo para el encuentro personal con Dios en la oración: esta será su fuerza en los momentos más difíciles, de desilusiones, de soledad, de incomprensión. Encomiendo a cada uno de ustedes y a los organismos de su Federación a la protección de María Santísima. Los acompaña también mi Bendición. ¡Y ustedes recuérdense de orar por mí! Gracias.

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