Globalizar la solidaridad por el bien de la humanidad



Ante la apremiante y dramática actualidad en tantas partes del mundo, debe prevalecer la «dignidad humana de los trabajadores» - por encima de la burocracia sin alma y de «los intereses utilitaristas y del provecho salvaje» - y «la economía y la finanza están llamadas a favorecer el bienestar de toda la humanidad», con especial atención a «los más débiles y pobres» reiteró el Papa Francisco a los participantes en el Congreso mundial de la Federación internacional de Contadores, que recibieron con grandes aplausos sus palabras. Recordando que, como nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia, el principio de solidaridad, armonizado con el de subsidiaridad está siempre al servicio del hombre, para «impulsar la justicia, sin la cual no puede haber paz verdadera y duradera».

Con su cordial bienvenida, este viernes, a los miembros de la organización mundial para la profesión de contador, que representa aproximadamente a 2 millones y medio de contadores, de 124 países, el Obispo de Roma expresó su gratitud a los congresistas por haber querido este encuentro con el Papa, recordando «el Evangelio de Cristo, como fuente perenne de inspiración para la renovación personal y social», en especial ante el difícil y dramático momento presente:

«El actual contexto socioeconómico plantea de forma apremiante la cuestión del trabajo. Ustedes, desde su observatorio profesional, se dan cuenta de la dramática realidad de tantas personas que tienen un trabajo precario, o que lo han perdido; de tantas familias que pagan las consecuencias de esta realidad; de tantos jóvenes que buscan su primer empleo y un trabajo digno. Son numerosos los que están obligados a trabajar ‘en negro’ y que carecen de las garantías jurídicas y económicas más elementales, sobre todo inmigrantes».

En este contexto, el Papa Bergoglio reiteró la importancia de la justicia y la legalidad, sin caer en la tentación de defender los intereses particulares, tutelando la dignidad humana ante la fría burocracia, y la responsabilidad de los profesionales cristianos:

«Sabiendo que detrás de cada papel hay una historia, hay rostros. En este compromiso, que, como decíamos, requiere la colaboración de todos, el profesional cristiano encuentra en la oración y en la Palabra de Dios la fortaleza ante todo para cumplir su propio deber, con competencia y sabiduría. Y luego, para ir más allá, que quiere decir salir al encuentro de la persona en dificultad; ejercitar esa creatividad que te permite encontrar soluciones en situaciones estancadas; hacer valer las razones de la dignidad humana, ante la rigidez de la burocracia».

Tras señalar que «la economía y la finanza son dimensiones de la actividad humana y pueden ser ocasión de encuentro, de diálogo, de cooperación, de derechos reconocidos y de servicios brindados, de dignidad afirmada en el trabajo», el Santo Padre reiteró que para ello «es necesario poner siempre en el centro al hombre con su dignidad», y nunca el dinero:

«Cuando el dinero se vuelve el fin y la razón de toda actividad e iniciativa, entonces prevalecen la óptica utilitarista y las lógicas salvajes del provecho, que no respeta a las personas, con la consiguiente caída de los valores de la solidaridad y del respeto de la persona humana. Los que trabajan en los diversos ámbitos de la economía y de la finanza están llamados a cumplir opciones que favorezcan el bienestar social y económico de toda la humanidad, ofreciendo a todos la oportunidad de realizar su propio desarrollo».

A los contadores que ofrecen sus conocimientos económicos y financieros no sólo a empresas, sino también a las familias y a los individuos, el Papa los alentó a impulsar la justicia, la atención a los más necesitados y la ética de la economía:

«Los animo a obrar siempre responsablemente, favoreciendo relaciones de lealtad, de justicia y de fraternidad, afrontando con valentía, sobre todo los problemas de los más débiles y de los más pobres. No basta dar respuestas concretas a las demandas económicas y materiales. Hay que suscitar y cultivar una ética de la economía, de la finanza y del trabajo. Hay que mantener vivo el valor de la solidaridad - esta palabra que corre el riego de ser borrada del diccionario - como actitud moral, expresión de la atención hacia el otro en todas sus legítimas exigencias».

El Papa Francisco reiteró una vez más el magisterio de la Doctrina Social de la Iglesia y la importancia de la globalización de la solidaridad, pensando también en nuestra responsabilidad para con las generaciones venideras:

«Si queremos entregar mejorado, a las generaciones futuras, el patrimonio ambiental, económico, cultural y social que hemos heredado, estamos llamados a asumirnos la responsabilidad de trabajar para impulsar una globalización de la solidaridad. La solidaridad es una exigencia que mana de la misma de red de interconexiones que se desarrollan con la globalización. Y la Doctrina Social de la Iglesia nos enseña que el principio de solidaridad se realiza en armonía con el de la subsidiaridad. Gracias al efecto de estos dos principios los procesos van al servicio del hombre y crece la justicia, sin la cual no puede haber paz verdadera y duradera». (CdM – RV)(from Vatican Radio)

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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