Nuestras parroquias están llamadas a ser lugares de participación y comunión

2014-09-01 Radio Vaticana
Pensamiento del Papa  (RV).- (Con audio) “Pero la experiencia nos dice que son tantos los pecados contra la unidad. Y no pensamos sólo en las grandes herejías, en los cismas, pensemos en las faltas muy comunes en nuestras comunidades, en los pecados ‘parroquiales. En efecto, a veces, nuestras parroquias, llamadas a ser lugares de participación y de comunión, están tristemente marcadas por envidias, celos y antipatías. Y las habladurías están al alcance de todos: cuando se murmura en las parroquias”.
El tema de la unidad en la Iglesia fue el protagonista de la catequesis del Papa Francisco en la última audiencia general de agosto. A los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice aclaró que la división de los discípulos de Cristo – “uno de los pecados más graves” – es fruto de la obra del diablo, que “separa, que arruina las relaciones, que insinúa prejuicios”. En cambio, prosiguió, Dios “quiere que crezcamos en la capacidad de acogernos, de perdonarnos y de querernos, para asemejarnos cada vez más a Él que es comunión y amor”. De aquí la invitación del Santo Padre a hacer seriamente “un examen de conciencia”, reconociendo que “cuando nos ponemos en el centro a nosotros mismos y juzgamos a los demás; cuando vemos los defectos de los hermanos, en lugar de sus dotes; cuando damos más peso a lo que nos divide, en lugar de a lo que nos une”, secundamos nuestros límites humanos, pero no nos comportamos como verdaderos cristianos.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
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