CARTELERA

muy pronto... COBERTURA EXCLUSIVA DESDE EL SANTUARIO DE SAN NICOLÁS

miércoles, 13 de marzo de 2013


Habemus Papam
FRANCISCO I 



El 21 de febrero de 2001, Guillermo pasó a buscar a Jorge Bergoglio por la casa para sacerdotes en la que había dormido, en Roma. Era la mañana en que Juan Pablo II iba a consagrarlo Cardenal y debían ir hasta la Santa Sede.
"¿En qué vamos?", preguntó Guillermo. "¿Cómo en qué vamos?, ¡Caminando!". Vestido de colorado, Bergoglio adelantó el pasó y frenó a los pocos metros. Era temprano y todavía había tiempo para tomar un ristretto de parado en alguna cafetería. "Quedate tranquilo que en Roma podés caminar con una banana en la cabeza y nadie te va a decir nada", soltó entre risas.
"Cuando llegamos, entramos por un costado y los guardias no entendían nada. La mayoría de los cardenales iban con grandes comitivas. El había llevado dos o tres personas de su familia y a mí", recuerda en diálogo con LA NACION Guillermo Marcó, su vocero durante una década y actual responsable para la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires.
Aquel día, rumbo a su encuentro con Juan Pablo II, Bergoglio rememoró las palabras de su padre. "Cuando vayas subiendo, saludá a todos. Son los mismos que vas a encontrar cuando vayas bajando".
Con ese espíritu transitó su camino Jorge Mario Bergoglio, el sacerdote jesuita nacido el 17 de diciembre de 1936 en el barrio porteño de Flores. Antes de convertirse en cardenal, fue técnico químico, sacerdote, profesor de literatura, provincial, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Buenos Aires.
El 19 de abril de 2005, día en que fue elegido Joseph Ratzinger como el nuevo Papa, el argentino quedó segundo. En el tercero de los cuatro escrutinios, recibió 40 votos.
Sin embargo, más allá de su peso en las más altas esferas de la Iglesia y de una estrecha relación con el poder, que nunca lo incomodó, Bergoglio, hijo de un trabajador ferroviario y una ama de casa, elige pasar sus días de la manera más austera posible y con un perfil bajísimo.
Bergoglio vive en un cuarto de la Curia, del que sale muy poco. Salvo en contadas excepciones, en las que cena o almuerza en pequeños comedores populares, come solo y jamás acepta una invitación para ir a un restaurante.
Mientras está en la Argentina, pasa sus días entre audiencias y reuniones. Responde metódicamente todos los llamados y, más allá de su fuerte carácter, trata de ser claro y suave en el diálogo.
Pese a su cargada agenda, siempre se hace tiempo para sus otras pasiones. San Lorenzo, la música clásica y literatura. Borges y Marechal, sus favoritos.
Es raro que salga de Buenos Aires. Cuando debe viajar a Roma por cuestiones religiosas lo hace siempre en clase turista y no son pocos los que lo han visto atravesar la ciudad en subte o en colectivo para visitar barrios y villas alejadas.
El perfil bajo es una marca registrada en Bergoglio, el jesuita de Flores que se convirtió en el primer papa latinoamericano de la historia.


LOS PRIMEROS MOMENTOS DE FRANCISCO I

Ese gesto mostró su humildad, señaló el cardenal neoyorquino quien agregó que la mayor parte de los cardenales había tomado buses para volver a su residencia en el Vaticano y ya se habían formado en una línea para saludar al nuevo Papa cuando llegara a ese lugar para la última cena que tendrían como grupo.
Estaban esperando que llegara en la limusina que habían visto aparcada en el Palacio Apostólico. "Y cuando el último bus se detiene, ¿adivinen quien baja? El Papa Francisco I. Imagino que le dijo al chofer: 'No hay problema, me voy con los muchachos'", dijo Dolan a periodistas.
Dentro de la residencia, durante la cena, el Papa mostró su lado cómico, según Dolan. "Brindamos por él y cuando él brindó por nosotros, dijo: 'Que dios los perdone'", contó.
Los hizo reír nuevamente cuando dijo a los cardenales, que mantuvieron siete reuniones pre-cónclave y dos días de cónclave: "Voy a dormir bien esta noche y algo me dice que ustedes también".
El nuevo Papa adelantó a los cardenales que el jueves visitará al Papa Emérito Benedicto XVI en su retiro al sur de Roma, que visitará una basílica en Roma y, nuevamente bromeando, Francisco I dijo: "También debo pasar por la residencia, tomar mis maletas y pagar la cuenta".
Dolan describió la emoción dentro de la Capilla Sixtina cuando Bergoglio alcanzó los 77 votos, la mayoría de dos tercios necesaria para elegirlo. "Comenzamos a aplaudir, pero luego tuvimos que detenernos hasta que se contara el resto de los votos y luego aplaudimos nuevamente al final, y nuevamente cuando él dijo que aceptaba la elección", comentó Dolan.
Minutos después de su elección, el nuevo Santo Padre ingresó a la sacristía de la Capilla Sixtina para ponerse sus atuendos papales blancos. La sacristía es conocida como el "Cuarto de las Lágrimas", porque es donde el nuevo pontífice siente por primera vez el peso del papado.
Cuando el salió, una silla similar a un trono había sido preparada en una plataforma, pero Francisco I prefirió saludar a los cardenales desde una silla a su mismo nivel, dijo Dolan.
El nuevo Sumo Pontífice dijo a los 114 cardenales que lo eligieron que había escogido el nombre Francisco en honor a San Francisco de Asís, quien es conocido en el catolicismo como "el pobrecillo" debido a que renunció a los bienes terrenales.
Hubo algunas especulaciones de que como Bergoglio es miembro de la orden religiosa de la Compañía de Jesús, podría haber escogido el nombre en honor de San Francisco Javier, uno de los primeros jesuitas. "El aclaró eso rápidamente", dijo Dolan.
Dolan comentó que la elección de Francisco I será "un impulso para la Iglesia en las Américas, una verdadera bendición".
"Existe una sensación de alivio en todos nosotros porque ahora sabemos que tenemos un buen pastor", dijo Dolan. "El es un hombre con los pies en la tierra (...) un hombre de confianza y aplomo, con una hermosa sinceridad y humildad", agregó

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