CARTELERA

muy pronto... COBERTURA EXCLUSIVA DESDE EL SANTUARIO DE SAN NICOLÁS

sábado, 26 de junio de 2010

San Pedro y San Pablo Cimientos de la Iglesia

San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, Cabeza visible de la Iglesia de Jesucristo, se llamaba Simón antes de su vocación al apostolado.
Vivía en Bethsaida, pueblo pequeño de Galilea en la orilla del lago de Genesareth
hijo de Jonás o de Juan,
pescador de profesión y hombre de mucha bondad.
No se sabe de ciertamente el año de su nacimiento;
Se sabe que era de más edad que el Salvador.
Se casó en Cafarnaum, el puerto el más célebre de aquel gran lago, llamado en todo el país el mar de Tiberiades,
siempre lo acompañaba su hermano Andrés, que era discípulo de Juan el Bautista, y habiendo visto á Jesús, de quien había oído decir a su maestro que era el verdadero Mesías, dió esta noticia á su hermano Simón, diciéndole: vi al Mesías, y, le hablé
Simón, era naturalmente vivo y ardiente, y lleno de amor al Padre Celestial suspiraba por la venida del Mesías, y no dejó de molestar a su hermano hasta que le llevó a ver al Salvador.
Al otro día fueron juntos a buscarlo, y apenas descubrió á nuestro Santo el Hijo de Dios, cuando le dijo : Simón, hijo de Jonás, así te has llamado hasta ahora; pero en adelante quiero que te llames Cephas, este nombre en arameo significa piedra que quiere decir Pedro.
Los dos hermanos se quedaron con el Salvador todo ese día, y desde el mismo momento Pedro pasó a ser su más fervorosos discípulo.
Vuelto á su casa, ganó para Jesucristo á toda su familia, y, aunque proseguía en su ordinario ejercicio de pescador, pasaban pocos días sin que viese al Salvador; y se sabe que estaba presente en las bodas de Caná, cuando el Señor convirtió el agua en vino.
Aun no había dejado ni su oficio ni su casa, hasta que, Volviendo Cristo de Jerusalén, le encontró con su hermano Andrés á la orilla del lago levantando sus redes.
Entró el Señor en el barco, y dijo á Pedro que le llevase mar adentro á cierto sitio más profundo, que allí echarían un buen lance. Maestro, le respondió el Santo, toda la noche hemos afanado inútilmente, sin haber cogido una escama; pero, pues Vos lo mandáis, voy á echar la red en Vuestro nombre. Fue extraordinaria la pesca y, atónito San Pedro, se arrojó á los pies del Salvador, diciéndole : Señor, soy un gran pecador, y no soy digno de parecer en vuestra presencia. Levantóle el Señor, y le dijo: Ten confianza, y sígueme; de aquí adelante serás pescador de hombres.
En todas ocasiones se hizo distinguir el amor y la ternura que le profesaba. Atravesaba una noche el lago en compañía de los demás discípulos,
viendo que Cristo venía caminando hacia ellos sobre las aguas, impaciente Pedro por arrojarse cuanto antes a sus brazos, le dijo:
Señor, mandadme que yo vaya también a Vos sobre las olas, antes que entréis en el barco.
Ven, le respondió el Salvador. Obedeció Pedro, saltó al mar con intrepidez;
sopló un poco el viento, y como vió que se hundía y tuvo miedo, y exclamó: Señor, salvadme.
El salvador lo tomó de la mano, y le reprendió blandamente, diciéndole:
Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?
creciendo su fe al paso de su amor.
Explicó el Salvador en Cafarnaum á sus discípulos el misterio de la Eucaristía; fué duro para muchos de ellos, y entraron en desconfianza de su doctrina, y se retiraron.
entonces el Señor preguntó a los doce: ¿Y vosotros ¿queréis también marchar?
Tomó Pedro la voz, y respondió en nombre de todos:
Señor, ¿adónde ni a quién iremos? son tus palabras las que nos enseñan el camino de la vida eterna, y estamos bien persuadidos de que sos el verdadero Mesías.
No fué ésta la única pública confesión que hizo Pedro de su fe. Preguntó Jesús á sus discípulos qué se decía de El en Judea, y en, qué reputación le tenía aquella gente.
Unos le tenían por Juan Bautista resucitado, otros por Elías, otros por Jeremías, ó, en fin, por alguno de los Profetas. « entonces les replicó el Salvador, ¿y quien les parece que soy? »
Volvió Pedro á tomar la voz de todos, y con su genial viveza y acostumbrado fervor respondió:
Tú, Señor, eres Cristo, Hijo de Dios vivo.
Le dijo Jesús
y tú, Simón, hijo de Jonás, eres bienaventurado; porque esa importante verdad no te la reveló la carne ni la sangre; tan sublime conocimiento, no es ni puede ser efecto de la razón natural. Mi Padre Celestial te iluminó para que supieses quién era Yo; y ahora voy Yo á enseñarte á ti lo que eres tú desde este punto. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te entregaré las llaves del Reino de los Cielos; aquellos á quienes tú abrieres las puertas, se les franquearán; y se cerrarán á los que tú se las cerrares».
Y desde este punto quedó Pedro constituido en Príncipe de los Apóstoles, Piedra fundamental de la Religión y Cabeza visible de la Iglesia.



SAN PABLO
Pablo de Tarso (originalmente Saulo)
canonizado como San Pablo Apóstol,
no conoció en vida al Salvador-como los apóstoles-
Pero fue el primero que tuvo sólo como experiencia la del Cristo Resucitado.
Nació en Tarso y en su juventud fue mandado a Jerusalén
fue rigurosamente formado, en la enseñanza de la Ley, por Gamaliel el Viejo.
Después de algunos años regresó a Tarso, él no se encontraba en Jerusalén cuando Jesús predicaba. Su regreso tuvo lugar poco años después de la pasión de Cristo.
Saulo fue un fariseo muy activo:
fue testigo de la lapidación de Esteban, pues custodiaba la ropa de los asesinos, como nos lo describen los Hechos de los Apóstoles (8, 1-3).
Recibió poco después el encargo de ir a Damasco para apresar a los cristianos de aquélla ciudad (Hech. 9,2),
fue particularmente celoso en el cumplirla decidido ir contra la religión cristiana, que comenzaba a difundirse y afirmarse.
Su conversión sucedió en el camino a Damasco, cuando inesperadamente una luz del cielo lo envolvió y cayendo al suelo, escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿porqué me persigues?”.
Saulo se quedó ciego y todo hacía a tientas, por tres días esperó a alguno, ayuno y trastornado por cuanto le había sucedido; se puede decir que, desde aquel momento, nació Pablo, el Apóstol de las Gentes.
Él decidió retirarse al desierto, para poner en orden sus pensamientos y meditar más profundamente el don recibido, ahí permaneció tres años en absoluto recogimiento.
Después de su retiro, confortado por la luz de Cristo, y se comenzó a predicar con entusiasmo, suscitando la ira de los paganos, que lo consideraban un renegado, así que intentaron asesinarlo, obligándolo así a huir.
Se refugió en Jerusalén, donde en al menos unos quince días se encontró en varias ocasiones con Pedro, que encabezaba a los apóstoles, y con Santiago, a quienes expuso su nueva vida.
Los apóstoles lo entendieron y estuvieron con él horas y horas cada día, hablándole de Jesús; pero la comunidad cristiana de Jerusalén desconfiaba de Saulo
recordaba la feroz persecución que había tramado.
Bernabé garantizó su confianza en él, sólo así se disiparon las dudas y Saulo fue aceptado por la comunidad.
Durante su estadía quincenal en Jerusalén, Pablo buscó realizar alguna conversión, pero esta iniciativa misionera irritó a los judíos y preocupó a los cristianos, por lo que, no encontrándose en su lugar, el Apóstol se dirigió a Cesarea y después regresó a su ciudad de Tarso en Cilicia, donde retomó su oficio de tejedor.
Del año 39 al 43 no tenemos noticias sobre sus actividades, hasta que Bernabé, enviado por los apóstoles a organizar la naciente comunidad cristiana de Antioquía, pasó a verlo para invitarlo a seguirlo,
aquí Pablo dejó para siempre el nombre de Saulo, porque se convenció que su misión no era tanto entre los judíos, sino entre los otros pueblos que los judíos llamaban “gentiles”;
en Antioquía fue donde los discípulos de Cristo fueron denominados por primera vez “cristianos”.
Con Pablo, en pocos años y de modo impetuoso sostenía, “la Palabra sale de Jerusalén, y la Ley de Sion”, como fue anunciado por el profeta.


El primer retrato de los apóstoles se encuentra en unas catacumbas de Roma
13:23. mié 23 junio 2010

Una de las cuatro basílicas de Roma, San Pablo Extramuros, es objeto de investigación desde hace dos años al descubrirse una pintura del apóstol San Pablo siguiendo la iconografía paleocristiana: calvo, barba a punta y rostro delgado. Nada hacía pensar que junto a esta pintura se hallarían otras iconografías y, en cambio, así ha sido. Junto a San Pablo se encontraban las representaciones de los apóstoles San Pedro, San Juan y San Andrés.
La persona responsable de los trabajos de restauración, Bárbara Mazzei, ha declarado en una rueda de prensa que descubrieron la existencia de los otros tres apóstoles detrás de una gruesa capa de yeso gracias al empleo de las últimas tecnologías, entre las que se encuentra un láser de gran potencia.
El equipo que se ha dedicado durante dos años a la restauración de dichas pinturas se encuentra muy orgulloso del buen estado de esta obra de arte, a pesar de que pertenece al siglo IV y de que buena parte de las estructuras de las catacumbas de dicha basílica están cubiertas por un edificio construido hace 50 años.
La ciudad de Roma alberga en su interior un centenar de catacumbas que se remontan a los siglos II, III y IV. Sin embargo, por el momento se puede decir que es en las catacumbas de San Pablo Extramuros en donde se encuentran las primeras representaciones iconográficas de los apóstoles.
La Escarapela y El Pabellón Nacional
La tradición considera que la escarapela argentina surgió, por lo menos, entre los días 22 y 25 de mayo de 1810. En esas fechas de la Revolución de Mayo, los patriotas llamados "chisperos" (apodo despectivo puesto por los realistas que querían seguir subordinados a España), cuyos jefes más notorios eran Domingo French y Antonio Luis Beruti, repartían cintas entre los adherentes a la liberación. Hay quienes suponen que eran rojas, blancas con la figura del rey depuesto, y celestes y blancas como los colores que identifican aún hoy a la dinastía de los Borbones, reconocidos entre los partidarios de una monarquía limitada por una carta constitucional y un parlamento (monarquía ilustrada).
En 1812, las tropas a las órdenes de Manuel Belgrano comenzaron a utilizar una escarapela bicolor azul-celeste y blanco. El mismo Belgrano expresó en un informe oficial que no usaba el rojo "para evitar confusiones", ya que los ejércitos "realistas" (es decir, los españoles y sus adictos) usaban ese color. El 13 de febrero de 1812 Belgrano propuso al gobierno la adopción de una escarapela nacional para los soldados y 10 días después la adoptó luego de que el 18 de febrero de 1812 la Junta declarara abolida la escarapela roja y reconoció la blanca y celeste.
Este será el color de la nueva divisa con que marcharán al combate los defensores de la Patria
Manuel Belgrano, 13 de febrero de 1813
Sólo cinco años más tarde, el 20 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán consagró definitivamente el pabellón celeste y blanco.

La bandera
El 27 de febrero de 1812, Belgrano estableció dos baterías de artillería en ambas orillas del río Paraná, próximas a la entonces pequeña población conocida como Villa del Rosario (la actual ciudad de Rosario). En esa misma fecha, hacia las 18:30 hs, y en solemne ceremonia, Belgrano dispuso que fuera por primera vez enarbolada una bandera de su creación (se presume que de dos franjas horizontales, blanca la superior y celeste la inferior). La tradición señala que esa primera bandera izada por Belgrano fue confeccionada por una vecina de Rosario: María Catalina Echevarría de Vidal, y quien tuvo el honor de izar la enseña fue un civil, Cosme Maciel, también vecino de Rosario. En esta ciudad se encuentra el Monumento Histórico Nacional a la Bandera asentado en el Parque Nacional a la Bandera.
¡Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno: en aquel, la batería de la "Independencia", nuestras armas aumentaran las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo "¡Viva la Patria!"
El Gobierno Nacional el 3 de marzo de 1812 prohibió al general Belgrano utilizarla, por razones de política internacional, ordenándole que la ocultara disimuladamente y que la reemplazase por la usada en la Fortaleza de Buenos Aires (la rojigualda). Como Belgrano partió hacia el norte para hacerse cargo del Ejército del Norte, no tomó conocimiento de la orden de desechar la bandera. Luego de avanzar a San Salvador de Jujuy, el 25 de mayo de 1812 celebró el segundo aniversario de la Revolución de Mayo con un Te Deum en la iglesia matriz, durante el cual el canónigo Juan Ignacio Gorriti la bendijo. El 29 de mayo Belgrano informó al gobierno:
(...) el pueblo se complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones (...)
El Triunvirato amonestó por ello a Belgrano el 27 de junio, quien contestó el 18 de julio diciendo:
La guardaré silenciosamente para enarbolarla cuando se produzca un gran triunfo de nuestras armas.
El 24 de julio la entregó al Cabildo de Jujuy. El triunfo lo obtuvo él mismo el 24 de septiembre de 1812 en la Batalla de Tucumán.
En enero de 1813 Belgrano volvió a confeccionar otra bandera, lo cual fue aceptado por la Asamblea del Año XIII al iniciar sus deliberaciones el 31 de enero de 1813, siempre y cuando fuera sólo usada como bandera del Ejército del Norte, y no del estado.
El 13 de febrero de 1813 después de cruzar el río Pasaje (desde entonces llamado también Juramento), el Ejército del Norte juró obediencia a la Asamblea del Año XIII mientras el Barón de Holmberg sostenía una bandera celeste y blanca.
El 20 de febrero de 1813 se libró la Batalla de Salta, en la cual Belgrano logró un triunfo completo. Esta es la primera batalla que fue presidida por la bandera celeste y blanca, como bandera del Ejército del Norte. Fue usada durante la Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú hasta la Batalla de Ayohuma el 13 de noviembre de 1813.

Manuel Belgrano enarbolando la Bandera.
La bandera fue adoptada oficialmente como símbolo de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 20 de julio o 25 de julio de 1816 por el Congreso General Constituyente de San Miguel de Tucumán. Es el mismo Congreso que había proclamado el 9 de julio de 1816 la Independencia argentina. En dicho Congreso participaron diputados que representaron a Tarija y otras zonas al norte de Argentina, actual Bolivia. En esa sesión se confirmó el uso de la bandera creada por Manuel Belgrano como la única bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta bandera es la que la República Argentina recibió en herencia.
La primera bandera argentina constaba de un cuadro celeste cosido a un cuadro blanco de igual tamaño (las medidas son imprecisas, pues estas banderas eran elaboradas por militares en servicio en circunstancias a veces adversas que no permitían tomar tanto tiempo en la elaboración de un distintivo). Se cambió paulatinamente al diseño de fajas horizontales debido a que en ocasiones las banderas eran de tamaños desproporcionados y debían izarse de formas distintas. La bandera menor citada está dividida en tres franjas horizontales de igual tamaño, de color celeste la superior e inferior, color blanco la central y un sol en la mitad de la franja blanca.

Sol Incaico
Sol de mayo en la primera moneda del Río de la Plata
Posteriormente, en 1818 se define a la bandera mayor durante el gobierno de Juan Martín de Pueyrredón, incluyéndole el sol incaico. Este sol aparece en el centro de la bandera. Es un sol figurado con rostro humano, de color oro amarillo con treinta y dos rayos: 16 flamígeros apuntando o "girando" en sentido horario, y 16 rectos colocados alternativamente, según diseño de la primera moneda argentina. Este diseño del sol se debe al orfebre peruano Juan de Dios Rivera (apodado "El Inca", ya que era descendiente de una ñusta), quien adoptó el símbolo del Inti o Sol inca como emblemático de la nación argentina. Manuel Belgrano aceptó este añadido, llamado también Sol de Mayo, ya que en la nubosa y lluviosa jornada (en la ciudad de Buenos Aires) del 25 de mayo de 1810, asomó el sol en el cenit. Esta bandera tenía el color basado en un azul más oscuro.

Primer diseño
Un ejemplo del diseño original —aunque sin el Sol— de la bandera argentina son las dos encontradas en la iglesia parroquial de la localidad actualmente boliviana de Macha. Tales banderas datan de fines del año 1812 y eran las usadas por las tropas patriotas directamente comandadas por Belgrano. Una de ellas (que ha quedado en Bolivia) tiene la franja central de color azul-celeste y las otras dos blancas, la otra es ya prácticamente el mismo diseño que el adoptado por Artigas (aunque sin el festón punzó), es decir, el que, ya con el Sol, se estableció en 1818. Los colores de las banderas de Macha son en efecto blanco y azul-celeste, aunque desteñidos por la acción del tiempo y el clima.
Gallardete
En esas fechas Manuel Belgrano donó al pueblo de Jujuy un gallardete con el escudo argentino. Esto ha provocado un equívoco, ya que se supuso que se trataba tal gallardete de la primera bandera nacional argentina. En la actualidad, el diseño de tal gallardete es el de la bandera provincial de Jujuy.
Por su parte en 1817 José de San Martín, inspirado por Belgrano, hizo confeccionar para el ejército de su campaña emancipadora la llamada Bandera de Los Andes, cuyo diseño es el que adoptó la provincia de Mendoza para su bandera.
Simbolismo de los colores en la bandera
En cuanto a las dos franjas celestes, cabe aclarar que Manuel Belgrano las propuso, al igual que para la escarapela argentina (azul celeste), de un color azul próximo al turquesa. Pero como en la Argentina de entonces —o Provincias Unidas de Sud América, o Provincias Unidas del Río de la Plata— era bastante difícil encontrar paños de color azul celeste o turquesa, se optó por utilizar provisionalmente el color azul o el color celeste. Belgrano se inclinó por dichos tonos porque eran los colores de la Casa de Borbón, la cual gobernaba (y al día de hoy lo hace) España.
Bandera Federal
José Gervasio Artigas, el primer adalid del federalismo rioplatense adoptó la bandera de Manuel Belgrano, de modo que en el protocongreso de la independencia argentina realizado en 1815 en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay (llamado Congreso de Oriente), la Liga Federal (o Unión de Los Pueblos Libres) declaró como bandera de la liga a la creada por Belgrano, con el añadido de un festón punzó en diagonal (color emblemático del federalismo argentino). Esa bandera es la actual bandera de la provincia de Entre Ríos y uno de los símbolos nacionales de Uruguay, la bandera de Artigas, sin embargo de que ambas difieren actualmente en la intensidad del color, siendo azul la usada en Uruguay y celeste la usada en Entre Ríos, difiriendo también en el ancho de la franja roja.
En la década de 1930, una ley estableció el color de las franjas celestes: "como el color del cielo cuando comienza a amanecer", pero, pese a la constitución federalista —predominando aún entonces en los gobiernos la facción "unitaria"— se interpretó que tal color era el celeste desvaído (usado por los "unitarios") que todavía en la actualidad aparece en algunas representaciones de la bandera de los argentinos, si bien ha tendido y tiende a imponerse el azul celeste original que indicó Manuel Belgrano.
Pese a la dispersión respecto de los colores de la bandera, un decreto del año 1944 estableció finalmente que el pabellón argentino tenía los colores "celeste y blanco".
En agosto de 1985, el parlamento argentino promulgó una ley en donde el Sol de Mayo (o llamado también "Sol de Guerra") debía figurar en todas las banderas argentinas. Esto quiere decir que la bandera con sol ya no es exclusiva de organismos oficiales, buques y edificios de las Fuerzas Armadas. Un particular puede acceder a una bandera con sol, así como empresas privadas (bancos, shoppings, hipódromos, etc.). Antes de esta ley, "la bandera con sol" sólo era utilizada en instituciones oficiales, de ahí que muchas personas sigan creyendo equivocadamente que existen dos tipos de banderas diferentes, una militar y otra civil. El uso de la bandera, sin sol, actualmente queda para adorno de fachadas de edificios, vehículos y comercios.[2]
Se ha establecido el 20 de junio como Día de la Bandera por conmemorarse en esa fecha el fallecimiento de Manuel Belgrano, un gran prócer argentino.

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