ARGENTINA CANTA Y CAMINA

BAUTISMO DE JESÚS


Hoy, celebramos el bautismo de Jesús y, junto con él, nuestro bautismo. Así pues, las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos que identifican el verdadero bautismo en el Señor.



“MIRAD A MI SIERVO, A QUIEN PREFIERO”



Mt 3,13-17

13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él.
14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»
15 Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó.
16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. 17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

COMENTARIO

Cumplir con la voluntad de Dios

Era ya de más de un estadio de longitud la distancia que separaba al Bautista del último de los que querían ser bautizados. Y parecía que, llevados por una fe necesaria o atraídos por una curiosidad que esa labor transmitía, peregrinos venidos desde poblados lejanos o acercándose desde las proximidades del río, esperaban su turno para pasar, tras la inmersión acuática, a formar parte del discipulado de Juan.

Entonces, cuando parecía que el día sería largo y trabajoso el convertir, apareció, majestuosa en demanda, la figura mansa de Jesús.

Se apoderó de Juan la sensación de que no podría llevar a cabo aquella parte tan sustancial de su labor, que ante el Mesías no sabría responder con la suficiente grandeza. Eso sin saber que éste sólo pretendía cumplir este tan importante paso, ya fijado por su Padre.

Se resistió el Bautista, pretendiendo que su dignidad no estaba a la altura de su persona, que era él mismo quien debía ser bautizado por Jesús, que si no debería ni atarle las sandalias… y se excusaba al no sentir la fortaleza necesaria para lo que tenía que hacer.

Pero quien esperaba el bautizo, revestido de la gracia que Dios, su Padre, le entregó, tranquilizó su alma y supo hacerse entender. Su misión había llegado a su punto culminante.

Cuando, tras el bautizo, Jesús salió del Jordán, y pudo ver como el Espíritu Santo se posaba sobre sí, la voz de Dios confirmó a Juan que, ya desde el seno de Isabel, su camino estaba perfectamente trazado, que sus manos bendecían, tan sólo, una afirmación escrita en la voluntad del Padre.

Algo así podemos suponer que aconteció en el bautismo de Jesús.

En el Jordán, mediante la inmersión en sus aguas (esta es la imagen que mejor puedo imaginar) quedaban las almas limpias de los pecados cometidos. Y era así porque Juan era profeta y, por tanto, hablaba, por su boca, por inspiración del Espíritu Santo. Su vida, austera y sumida en la oración, era ejemplo palpable de la entrega a Dios.

Por su parte, Jesús cumple con la voluntad de Dios: “Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia”, le dijo a su primo Juan. Y aceptó, éste, entonces, bautizar al cordero de Dios, al mismo que quita el pecado del mundo, como él mismo diría señalando a Jesucristo.

Para eso había venido y eso hace. Desde aquel mismo momento, en el que su Padre lo señala como su “Hijo amado” no haría otra cosa que andar pregonando, para que todos lo supieran, que había sido enviado para que corregir la deriva que había tomado, en sus contemporáneos, la Palabra de Dios y hacer que se cumpliera hasta la última tilde de la misma.

Así, el hecho de la existencia, para un cristiano, ha de tener esa nacencia: del agua bautismal, de donde surgimos, incorporándonos, al cuerpo de Cristo, cuando se nos infunde el Espíritu Santo, viento suave, brisa de Dios (recordemos, aquí, a Elías en la montaña esperando la manifestación del Padre que escucha en la brisa suave) y momento que hemos de confirmar en una continua confesión de fe, a través de una aceptación básica de la Ley de Dios y a través de un hacer su voluntad.

La boca de Juan, precursor del Mesías, no deja de manar alabanzas desde el Reino de Dios; su agua no cesa de limpiarnos de nuestros pecados, purificada por la acción del Espíritu Santo, ruah elohim que nunca cesa de inspirar nuestro ser.

PRECES

Por todos aquellos que no se dejan bautizar por el Espíritu de Dios.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no quieren escuchar la voz de Dios llamando a Jesús “Hijo amado”.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a no olvidar que Jesús es tu Hijo y Tú mismo hecho hombre y sepamos llevar tal realidad espiritual a nuestras vidas.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén

FELIZ 2011



ARGENTINA CANTA Y CAMINA, UN AÑO MÁS,
10 AÑOS JUNTOS

Hoy recibimos un nuevo año, estamos felices de compartir con Ustedes nuevas espectativas, queremos hacerlos participes de la felicidad permanecer 10 años en el aire compartiendo este espacio.


Queremos que la lluvia de la felicidad no te tome por sorpresa, deseamos que la bendición te empape y llegue a todos los que están a tu alrededor. Feliz Año Nuevo 2011



Hay 2 días al año sobre los que no puedes hacer nada: Ayer y mañana. Solamente hoy podrás perdonar, sonreir, soñar, amar, sentir. Felicidad, para el Año Nuevo todo lo que queremos para ustedes es: prosperidad, hoy y siempre para nuestra amistad, esa que cada día hemos construido a través de nuestra querida LT35 RADIO MON. La 15-40, nuestra casa, el Hogar que cobija a Argentina Canta y Camina.



Los amigos son como las estrellas, no siempre hablas con ellas cara a cara, pero tu sabes que siempre están allí, nosotros contamos con Ustedes, nuestros oyentes, nuestros anunciantes, quienes solidariamente nos posibilitan estar en el aire.



Y como no hacer llegar nuestro Saludo a Carlitos Trincavelli, Nuestro director de la radio, quien cada año apuesta por nosotros, y nos cede este espacio… esta casa que nos enorgullece.



Se cambia de año, se cambia de sueños, se cambia de objetivos, se cambia de aspecto. Pero jamás, jamás se cambia de amigos. Cierra los ojos, piensa en todo lo que te hizo sonreír en el año que termina y olvídate de lo demás. Ojalá esas sonrisas se te multipliquen durante este 2011.



Que este año nos encuentre llenos de paz y prosperidad, recordá que si la vida te da mil razones para llorar, demuestra que tienes mil y una para soñar. Haz de tu vida un sueño y tu sueño una realidad. Lucha por él, jugate por lo que amás, aunque sufras verás que vale la pena.



Que la paz secuestre tu vida, el amor inunde tu alma y la felicidad se refleje en tu cara, te deseo, de corazón todo lo bueno, todo lo puro, todo lo que tu necesitas que te sea concedido por el altísimo.



Que todas tus ilusiones y metas se cumplan en el nuevo año, Pero si tu felicidad depende de mi amistad, y de la de cada uno de los que hacemos este programa, considérate la persona mas feliz del mundo.



Feliz 2011 para todos.





San Pedro y San Pablo Cimientos de la Iglesia

San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, Cabeza visible de la Iglesia de Jesucristo, se llamaba Simón antes de su vocación al apostolado.
Vivía en Bethsaida, pueblo pequeño de Galilea en la orilla del lago de Genesareth
hijo de Jonás o de Juan,
pescador de profesión y hombre de mucha bondad.
No se sabe de ciertamente el año de su nacimiento;
Se sabe que era de más edad que el Salvador.
Se casó en Cafarnaum, el puerto el más célebre de aquel gran lago, llamado en todo el país el mar de Tiberiades,
siempre lo acompañaba su hermano Andrés, que era discípulo de Juan el Bautista, y habiendo visto á Jesús, de quien había oído decir a su maestro que era el verdadero Mesías, dió esta noticia á su hermano Simón, diciéndole: vi al Mesías, y, le hablé
Simón, era naturalmente vivo y ardiente, y lleno de amor al Padre Celestial suspiraba por la venida del Mesías, y no dejó de molestar a su hermano hasta que le llevó a ver al Salvador.
Al otro día fueron juntos a buscarlo, y apenas descubrió á nuestro Santo el Hijo de Dios, cuando le dijo : Simón, hijo de Jonás, así te has llamado hasta ahora; pero en adelante quiero que te llames Cephas, este nombre en arameo significa piedra que quiere decir Pedro.
Los dos hermanos se quedaron con el Salvador todo ese día, y desde el mismo momento Pedro pasó a ser su más fervorosos discípulo.
Vuelto á su casa, ganó para Jesucristo á toda su familia, y, aunque proseguía en su ordinario ejercicio de pescador, pasaban pocos días sin que viese al Salvador; y se sabe que estaba presente en las bodas de Caná, cuando el Señor convirtió el agua en vino.
Aun no había dejado ni su oficio ni su casa, hasta que, Volviendo Cristo de Jerusalén, le encontró con su hermano Andrés á la orilla del lago levantando sus redes.
Entró el Señor en el barco, y dijo á Pedro que le llevase mar adentro á cierto sitio más profundo, que allí echarían un buen lance. Maestro, le respondió el Santo, toda la noche hemos afanado inútilmente, sin haber cogido una escama; pero, pues Vos lo mandáis, voy á echar la red en Vuestro nombre. Fue extraordinaria la pesca y, atónito San Pedro, se arrojó á los pies del Salvador, diciéndole : Señor, soy un gran pecador, y no soy digno de parecer en vuestra presencia. Levantóle el Señor, y le dijo: Ten confianza, y sígueme; de aquí adelante serás pescador de hombres.
En todas ocasiones se hizo distinguir el amor y la ternura que le profesaba. Atravesaba una noche el lago en compañía de los demás discípulos,
viendo que Cristo venía caminando hacia ellos sobre las aguas, impaciente Pedro por arrojarse cuanto antes a sus brazos, le dijo:
Señor, mandadme que yo vaya también a Vos sobre las olas, antes que entréis en el barco.
Ven, le respondió el Salvador. Obedeció Pedro, saltó al mar con intrepidez;
sopló un poco el viento, y como vió que se hundía y tuvo miedo, y exclamó: Señor, salvadme.
El salvador lo tomó de la mano, y le reprendió blandamente, diciéndole:
Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?
creciendo su fe al paso de su amor.
Explicó el Salvador en Cafarnaum á sus discípulos el misterio de la Eucaristía; fué duro para muchos de ellos, y entraron en desconfianza de su doctrina, y se retiraron.
entonces el Señor preguntó a los doce: ¿Y vosotros ¿queréis también marchar?
Tomó Pedro la voz, y respondió en nombre de todos:
Señor, ¿adónde ni a quién iremos? son tus palabras las que nos enseñan el camino de la vida eterna, y estamos bien persuadidos de que sos el verdadero Mesías.
No fué ésta la única pública confesión que hizo Pedro de su fe. Preguntó Jesús á sus discípulos qué se decía de El en Judea, y en, qué reputación le tenía aquella gente.
Unos le tenían por Juan Bautista resucitado, otros por Elías, otros por Jeremías, ó, en fin, por alguno de los Profetas. « entonces les replicó el Salvador, ¿y quien les parece que soy? »
Volvió Pedro á tomar la voz de todos, y con su genial viveza y acostumbrado fervor respondió:
Tú, Señor, eres Cristo, Hijo de Dios vivo.
Le dijo Jesús
y tú, Simón, hijo de Jonás, eres bienaventurado; porque esa importante verdad no te la reveló la carne ni la sangre; tan sublime conocimiento, no es ni puede ser efecto de la razón natural. Mi Padre Celestial te iluminó para que supieses quién era Yo; y ahora voy Yo á enseñarte á ti lo que eres tú desde este punto. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te entregaré las llaves del Reino de los Cielos; aquellos á quienes tú abrieres las puertas, se les franquearán; y se cerrarán á los que tú se las cerrares».
Y desde este punto quedó Pedro constituido en Príncipe de los Apóstoles, Piedra fundamental de la Religión y Cabeza visible de la Iglesia.



SAN PABLO
Pablo de Tarso (originalmente Saulo)
canonizado como San Pablo Apóstol,
no conoció en vida al Salvador-como los apóstoles-
Pero fue el primero que tuvo sólo como experiencia la del Cristo Resucitado.
Nació en Tarso y en su juventud fue mandado a Jerusalén
fue rigurosamente formado, en la enseñanza de la Ley, por Gamaliel el Viejo.
Después de algunos años regresó a Tarso, él no se encontraba en Jerusalén cuando Jesús predicaba. Su regreso tuvo lugar poco años después de la pasión de Cristo.
Saulo fue un fariseo muy activo:
fue testigo de la lapidación de Esteban, pues custodiaba la ropa de los asesinos, como nos lo describen los Hechos de los Apóstoles (8, 1-3).
Recibió poco después el encargo de ir a Damasco para apresar a los cristianos de aquélla ciudad (Hech. 9,2),
fue particularmente celoso en el cumplirla decidido ir contra la religión cristiana, que comenzaba a difundirse y afirmarse.
Su conversión sucedió en el camino a Damasco, cuando inesperadamente una luz del cielo lo envolvió y cayendo al suelo, escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿porqué me persigues?”.
Saulo se quedó ciego y todo hacía a tientas, por tres días esperó a alguno, ayuno y trastornado por cuanto le había sucedido; se puede decir que, desde aquel momento, nació Pablo, el Apóstol de las Gentes.
Él decidió retirarse al desierto, para poner en orden sus pensamientos y meditar más profundamente el don recibido, ahí permaneció tres años en absoluto recogimiento.
Después de su retiro, confortado por la luz de Cristo, y se comenzó a predicar con entusiasmo, suscitando la ira de los paganos, que lo consideraban un renegado, así que intentaron asesinarlo, obligándolo así a huir.
Se refugió en Jerusalén, donde en al menos unos quince días se encontró en varias ocasiones con Pedro, que encabezaba a los apóstoles, y con Santiago, a quienes expuso su nueva vida.
Los apóstoles lo entendieron y estuvieron con él horas y horas cada día, hablándole de Jesús; pero la comunidad cristiana de Jerusalén desconfiaba de Saulo
recordaba la feroz persecución que había tramado.
Bernabé garantizó su confianza en él, sólo así se disiparon las dudas y Saulo fue aceptado por la comunidad.
Durante su estadía quincenal en Jerusalén, Pablo buscó realizar alguna conversión, pero esta iniciativa misionera irritó a los judíos y preocupó a los cristianos, por lo que, no encontrándose en su lugar, el Apóstol se dirigió a Cesarea y después regresó a su ciudad de Tarso en Cilicia, donde retomó su oficio de tejedor.
Del año 39 al 43 no tenemos noticias sobre sus actividades, hasta que Bernabé, enviado por los apóstoles a organizar la naciente comunidad cristiana de Antioquía, pasó a verlo para invitarlo a seguirlo,
aquí Pablo dejó para siempre el nombre de Saulo, porque se convenció que su misión no era tanto entre los judíos, sino entre los otros pueblos que los judíos llamaban “gentiles”;
en Antioquía fue donde los discípulos de Cristo fueron denominados por primera vez “cristianos”.
Con Pablo, en pocos años y de modo impetuoso sostenía, “la Palabra sale de Jerusalén, y la Ley de Sion”, como fue anunciado por el profeta.


El primer retrato de los apóstoles se encuentra en unas catacumbas de Roma
13:23. mié 23 junio 2010

Una de las cuatro basílicas de Roma, San Pablo Extramuros, es objeto de investigación desde hace dos años al descubrirse una pintura del apóstol San Pablo siguiendo la iconografía paleocristiana: calvo, barba a punta y rostro delgado. Nada hacía pensar que junto a esta pintura se hallarían otras iconografías y, en cambio, así ha sido. Junto a San Pablo se encontraban las representaciones de los apóstoles San Pedro, San Juan y San Andrés.
La persona responsable de los trabajos de restauración, Bárbara Mazzei, ha declarado en una rueda de prensa que descubrieron la existencia de los otros tres apóstoles detrás de una gruesa capa de yeso gracias al empleo de las últimas tecnologías, entre las que se encuentra un láser de gran potencia.
El equipo que se ha dedicado durante dos años a la restauración de dichas pinturas se encuentra muy orgulloso del buen estado de esta obra de arte, a pesar de que pertenece al siglo IV y de que buena parte de las estructuras de las catacumbas de dicha basílica están cubiertas por un edificio construido hace 50 años.
La ciudad de Roma alberga en su interior un centenar de catacumbas que se remontan a los siglos II, III y IV. Sin embargo, por el momento se puede decir que es en las catacumbas de San Pablo Extramuros en donde se encuentran las primeras representaciones iconográficas de los apóstoles.

La Escarapela y El Pabellón Nacional
La tradición considera que la escarapela argentina surgió, por lo menos, entre los días 22 y 25 de mayo de 1810. En esas fechas de la Revolución de Mayo, los patriotas llamados "chisperos" (apodo despectivo puesto por los realistas que querían seguir subordinados a España), cuyos jefes más notorios eran Domingo French y Antonio Luis Beruti, repartían cintas entre los adherentes a la liberación. Hay quienes suponen que eran rojas, blancas con la figura del rey depuesto, y celestes y blancas como los colores que identifican aún hoy a la dinastía de los Borbones, reconocidos entre los partidarios de una monarquía limitada por una carta constitucional y un parlamento (monarquía ilustrada).
En 1812, las tropas a las órdenes de Manuel Belgrano comenzaron a utilizar una escarapela bicolor azul-celeste y blanco. El mismo Belgrano expresó en un informe oficial que no usaba el rojo "para evitar confusiones", ya que los ejércitos "realistas" (es decir, los españoles y sus adictos) usaban ese color. El 13 de febrero de 1812 Belgrano propuso al gobierno la adopción de una escarapela nacional para los soldados y 10 días después la adoptó luego de que el 18 de febrero de 1812 la Junta declarara abolida la escarapela roja y reconoció la blanca y celeste.
Este será el color de la nueva divisa con que marcharán al combate los defensores de la Patria
Manuel Belgrano, 13 de febrero de 1813
Sólo cinco años más tarde, el 20 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán consagró definitivamente el pabellón celeste y blanco.

La bandera
El 27 de febrero de 1812, Belgrano estableció dos baterías de artillería en ambas orillas del río Paraná, próximas a la entonces pequeña población conocida como Villa del Rosario (la actual ciudad de Rosario). En esa misma fecha, hacia las 18:30 hs, y en solemne ceremonia, Belgrano dispuso que fuera por primera vez enarbolada una bandera de su creación (se presume que de dos franjas horizontales, blanca la superior y celeste la inferior). La tradición señala que esa primera bandera izada por Belgrano fue confeccionada por una vecina de Rosario: María Catalina Echevarría de Vidal, y quien tuvo el honor de izar la enseña fue un civil, Cosme Maciel, también vecino de Rosario. En esta ciudad se encuentra el Monumento Histórico Nacional a la Bandera asentado en el Parque Nacional a la Bandera.
¡Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno: en aquel, la batería de la "Independencia", nuestras armas aumentaran las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo "¡Viva la Patria!"
El Gobierno Nacional el 3 de marzo de 1812 prohibió al general Belgrano utilizarla, por razones de política internacional, ordenándole que la ocultara disimuladamente y que la reemplazase por la usada en la Fortaleza de Buenos Aires (la rojigualda). Como Belgrano partió hacia el norte para hacerse cargo del Ejército del Norte, no tomó conocimiento de la orden de desechar la bandera. Luego de avanzar a San Salvador de Jujuy, el 25 de mayo de 1812 celebró el segundo aniversario de la Revolución de Mayo con un Te Deum en la iglesia matriz, durante el cual el canónigo Juan Ignacio Gorriti la bendijo. El 29 de mayo Belgrano informó al gobierno:
(...) el pueblo se complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones (...)
El Triunvirato amonestó por ello a Belgrano el 27 de junio, quien contestó el 18 de julio diciendo:
La guardaré silenciosamente para enarbolarla cuando se produzca un gran triunfo de nuestras armas.
El 24 de julio la entregó al Cabildo de Jujuy. El triunfo lo obtuvo él mismo el 24 de septiembre de 1812 en la Batalla de Tucumán.
En enero de 1813 Belgrano volvió a confeccionar otra bandera, lo cual fue aceptado por la Asamblea del Año XIII al iniciar sus deliberaciones el 31 de enero de 1813, siempre y cuando fuera sólo usada como bandera del Ejército del Norte, y no del estado.
El 13 de febrero de 1813 después de cruzar el río Pasaje (desde entonces llamado también Juramento), el Ejército del Norte juró obediencia a la Asamblea del Año XIII mientras el Barón de Holmberg sostenía una bandera celeste y blanca.
El 20 de febrero de 1813 se libró la Batalla de Salta, en la cual Belgrano logró un triunfo completo. Esta es la primera batalla que fue presidida por la bandera celeste y blanca, como bandera del Ejército del Norte. Fue usada durante la Segunda expedición auxiliadora al Alto Perú hasta la Batalla de Ayohuma el 13 de noviembre de 1813.

Manuel Belgrano enarbolando la Bandera.
La bandera fue adoptada oficialmente como símbolo de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 20 de julio o 25 de julio de 1816 por el Congreso General Constituyente de San Miguel de Tucumán. Es el mismo Congreso que había proclamado el 9 de julio de 1816 la Independencia argentina. En dicho Congreso participaron diputados que representaron a Tarija y otras zonas al norte de Argentina, actual Bolivia. En esa sesión se confirmó el uso de la bandera creada por Manuel Belgrano como la única bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta bandera es la que la República Argentina recibió en herencia.
La primera bandera argentina constaba de un cuadro celeste cosido a un cuadro blanco de igual tamaño (las medidas son imprecisas, pues estas banderas eran elaboradas por militares en servicio en circunstancias a veces adversas que no permitían tomar tanto tiempo en la elaboración de un distintivo). Se cambió paulatinamente al diseño de fajas horizontales debido a que en ocasiones las banderas eran de tamaños desproporcionados y debían izarse de formas distintas. La bandera menor citada está dividida en tres franjas horizontales de igual tamaño, de color celeste la superior e inferior, color blanco la central y un sol en la mitad de la franja blanca.

Sol Incaico
Sol de mayo en la primera moneda del Río de la Plata
Posteriormente, en 1818 se define a la bandera mayor durante el gobierno de Juan Martín de Pueyrredón, incluyéndole el sol incaico. Este sol aparece en el centro de la bandera. Es un sol figurado con rostro humano, de color oro amarillo con treinta y dos rayos: 16 flamígeros apuntando o "girando" en sentido horario, y 16 rectos colocados alternativamente, según diseño de la primera moneda argentina. Este diseño del sol se debe al orfebre peruano Juan de Dios Rivera (apodado "El Inca", ya que era descendiente de una ñusta), quien adoptó el símbolo del Inti o Sol inca como emblemático de la nación argentina. Manuel Belgrano aceptó este añadido, llamado también Sol de Mayo, ya que en la nubosa y lluviosa jornada (en la ciudad de Buenos Aires) del 25 de mayo de 1810, asomó el sol en el cenit. Esta bandera tenía el color basado en un azul más oscuro.

Primer diseño
Un ejemplo del diseño original —aunque sin el Sol— de la bandera argentina son las dos encontradas en la iglesia parroquial de la localidad actualmente boliviana de Macha. Tales banderas datan de fines del año 1812 y eran las usadas por las tropas patriotas directamente comandadas por Belgrano. Una de ellas (que ha quedado en Bolivia) tiene la franja central de color azul-celeste y las otras dos blancas, la otra es ya prácticamente el mismo diseño que el adoptado por Artigas (aunque sin el festón punzó), es decir, el que, ya con el Sol, se estableció en 1818. Los colores de las banderas de Macha son en efecto blanco y azul-celeste, aunque desteñidos por la acción del tiempo y el clima.
Gallardete
En esas fechas Manuel Belgrano donó al pueblo de Jujuy un gallardete con el escudo argentino. Esto ha provocado un equívoco, ya que se supuso que se trataba tal gallardete de la primera bandera nacional argentina. En la actualidad, el diseño de tal gallardete es el de la bandera provincial de Jujuy.
Por su parte en 1817 José de San Martín, inspirado por Belgrano, hizo confeccionar para el ejército de su campaña emancipadora la llamada Bandera de Los Andes, cuyo diseño es el que adoptó la provincia de Mendoza para su bandera.
Simbolismo de los colores en la bandera
En cuanto a las dos franjas celestes, cabe aclarar que Manuel Belgrano las propuso, al igual que para la escarapela argentina (azul celeste), de un color azul próximo al turquesa. Pero como en la Argentina de entonces —o Provincias Unidas de Sud América, o Provincias Unidas del Río de la Plata— era bastante difícil encontrar paños de color azul celeste o turquesa, se optó por utilizar provisionalmente el color azul o el color celeste. Belgrano se inclinó por dichos tonos porque eran los colores de la Casa de Borbón, la cual gobernaba (y al día de hoy lo hace) España.
Bandera Federal
José Gervasio Artigas, el primer adalid del federalismo rioplatense adoptó la bandera de Manuel Belgrano, de modo que en el protocongreso de la independencia argentina realizado en 1815 en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay (llamado Congreso de Oriente), la Liga Federal (o Unión de Los Pueblos Libres) declaró como bandera de la liga a la creada por Belgrano, con el añadido de un festón punzó en diagonal (color emblemático del federalismo argentino). Esa bandera es la actual bandera de la provincia de Entre Ríos y uno de los símbolos nacionales de Uruguay, la bandera de Artigas, sin embargo de que ambas difieren actualmente en la intensidad del color, siendo azul la usada en Uruguay y celeste la usada en Entre Ríos, difiriendo también en el ancho de la franja roja.
En la década de 1930, una ley estableció el color de las franjas celestes: "como el color del cielo cuando comienza a amanecer", pero, pese a la constitución federalista —predominando aún entonces en los gobiernos la facción "unitaria"— se interpretó que tal color era el celeste desvaído (usado por los "unitarios") que todavía en la actualidad aparece en algunas representaciones de la bandera de los argentinos, si bien ha tendido y tiende a imponerse el azul celeste original que indicó Manuel Belgrano.
Pese a la dispersión respecto de los colores de la bandera, un decreto del año 1944 estableció finalmente que el pabellón argentino tenía los colores "celeste y blanco".
En agosto de 1985, el parlamento argentino promulgó una ley en donde el Sol de Mayo (o llamado también "Sol de Guerra") debía figurar en todas las banderas argentinas. Esto quiere decir que la bandera con sol ya no es exclusiva de organismos oficiales, buques y edificios de las Fuerzas Armadas. Un particular puede acceder a una bandera con sol, así como empresas privadas (bancos, shoppings, hipódromos, etc.). Antes de esta ley, "la bandera con sol" sólo era utilizada en instituciones oficiales, de ahí que muchas personas sigan creyendo equivocadamente que existen dos tipos de banderas diferentes, una militar y otra civil. El uso de la bandera, sin sol, actualmente queda para adorno de fachadas de edificios, vehículos y comercios.[2]
Se ha establecido el 20 de junio como Día de la Bandera por conmemorarse en esa fecha el fallecimiento de Manuel Belgrano, un gran prócer argentino.

BICENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO.



La conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810 consti­tuye una oportunidad única para que los argentinos pensemos y reflexionemos juntos acerca de nuestro pasado, presente y futuro.

En este sentido, el 2010 nos permite hacer un balance de nuestra historia y proyectar un mejor mañana, para discutir y acordar metas, objetivos, políticas y estrategias para concertar y construir un proyecto de país.

La celebración incluye (o mejor dicho prometió incluir) la participación de todos los actores sociales, políti­cos y económicos, todas las regiones del país y todas las instituciones en tanto el Bicentenario pertenece a todos y a cada uno de los argentinos, y la conmemora­ción en esta oportunidad debe involucrar activamente a la multiplicidad de vo­ces e identidades de nuestra sociedad y representar cabalmente su participación en la construcción de la Argentina.

En este marco, la presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández ha pro­puesto que la conmemoración del Bicentenario se desarrolle en torno a tres ejes centrales: un país independiente y soberano a través del desarrollo del conoci­miento, la ciencia, la tecnología y la innovación; la necesidad de promover la construcción de un país participativo y federal; y la de profundizar su perte­nencia latinoamericana.
En efecto, la verdadera fortaleza de un país reside en forjar un sentimiento nacional que sea compartido por todos sus habitantes, es por eso que la cele­bración de la Revolución de Mayo refleja al mismo tiempo algunas cuestiones fundamentales: unidad territorial, identidad cultural y visión de futuro.

Nuestra identidad sólo puede ser entendida en el contexto regional más am­plio que nos abarca, ya que este festejo de 200 años de vida independiente es

compartido por la mayor parte de los países de la región y pone en evidencia la convergencia de nuestros pueblos y procesos históricos. Desde Latinoamérica nos proyectamos al mundo.


LOS 200 AÑOS DE PATRIA PERO MUCHO MÁS DICE LA HISTORIA

La patria Prehistórica
Poblamiento
Los primeros seres humanos que arribaron al actual territorio argentino parecen haber llegado por el extremo sur de la Patagonia provenientes de lo que hoy es Chile. Los restos más antiguos de la presencia humana se encuentran en Piedra Museo (Santa Cruz) y se remontan al 11.000 años adC. Junto con los yacimientos de Monte Verde (Chile) y Pedra Furada (Brasil) constituyen, hasta el momento, los sitios de poblamiento más antiguos hallados en Sudamérica. Estos yacimientos sustentan la teoría del poblamiento temprano de América (pre-Clovis).
Cueva de las Manos, Río Pinturas, Santa Cruz, Argentina, 7.300 a. C. El arte más antiguo de Sudamérica

Otro antiguo asentamiento fue ubicado en Los Toldos, también en la provincia de (Santa Cruz), con restos que datan de 9.500 años adC.

Estos primeros habitantes del territorio argentino se dedicaban a la caza de milodones,(mamífero parecido a un gran oso con cabeza de camello, ya extinguido) e hippidions (caballos sudamericanos que desaparecieron hace 8.000 años), además de guanacos, llamas y ñandúes. Cerca de allí, también es posible ver las pinturas de manos y guanacos estampadas 7.300 años adC en la Cueva de las Manos (Río Pinturas, Santa Cruz). Se trata de una de las expresiones artísticas más antiguas de los pueblos sudamericanos y ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Para el año 9.000 a. C. ya había comenzado el poblamiento de la pampa, en tanto que la zona del noroeste del país comenzó a ser habitada hacia el año 7.000 años adC.

zonas culturales

Distribución aproximada de lenguas en el extremo meridional de Sudamérica en tiempos de la Conquista.

Restos del pucará de Tilcara, perteneciente al Imperio inca

Los pueblos aborígenes argentinos se dividieron en tres grandes grupos culturales:

Tastil, en el norte, fue la ciudad precolombina más grande ubicada en el actual territorio argentino, con una población de 3.000 habitantes.

En los siglos XIV y XV el Imperio inca conquistó parte de la actuales provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán (su extremo oeste), La Rioja, San Juan, el noroeste de Mendoza y posiblemente el norte de Santiago del Estero, incorporando sus territorios al Collasuyo que era la parte sur del Tahuantinsuyo o regiones del Imperio inca. Tradicionalmente se atribuye la conquista al inca Túpac Yupanqui. Varios señoríos de la región, como los omaguacas, los atacamas, los huarpes, los diaguitas y otros, intentaron resistir pero los incas lograron dominarlos, trasladando a sus territorios a los mitimaes o colonos deportados de las tribus de los chichas, que habitaban en lo que es el suroeste del actual territorio boliviano. Otros, como los sanavirones, los lule-toconoté y los comechingones resistieron exitosamente la invasión incaica y se mantuvieron como señoríos independientes.

Crearon centros agrícolas y textiles, asentamientos (collcas y tambos), caminos (el "camino del inca"), fortalezas (pucarás) y santuarios de alta montaña. Algunos de los principales son el pucará de Tilcara, la tambería del Inca, el pucará de Aconquija, el santuario de Llullaillaco, el shincal de Londres y las ruinas de Quilmes.

Conquista y época colonial (1516-1806)

Planisferio de Cantino (1502),

muestra la Línea de Tordesillas con la que se dividió el mundo en 1494. Sería aproximadamente el meridiano 60 en medidas actuales. En su extremo inferior izquierdo puede verse en blanco la zona (aún ignota por entonces) en la que se encuentra el actual territorio argentino.

Los primeros europeos que llegaron a lo que actualmente es la Argentina, lo hicieron buscando un paso hacia el continente asiático. Por entonces América era sólo un obstáculo entre España y las riquezas de Catay y Cipango en Asia. La zona, además, estaba ubicada aproximadamente sobre la Línea de Tordesillas, la división del mundo que se estableció por tratado entre España y Portugal y por lo tanto tenía, para ambos países la condición de frontera aún no ocupada.

Aunque existen muchas discusiones sobre la autenticidad de los viajes de Américo Vespucio, varios historiadores aceptan como un hecho que participó de la primera expedición europea (portuguesa) en llegar al actual territorio argentino, más específicamente al Río de la Plata en 1502.

En 1516 el navegante español Juan Díaz de Solís visitó lo que actualmente se conoce como Argentina, navegando el actual Río de la Plata, al que denominó Mar Dulce por su escasa salinidad. Llegó hasta la actual isla Martín García y murió tras navegar un breve trecho del Río Uruguay. Al regresar la expedición a España una de las carabelas naufragó en Santa Catarina, quedando abandonados allí 18 náufragos. Uno de ellos Alejo García fue el primero en conocer la leyenda del Rey Blanco, sobre un país rico en plata, realizando una excursión hasta la región de Potosí en donde se halla el Cerro Rico, donde se hizo de un enorme tesoro de piezas de plata. Al volver murió en un combate con los indios payaguás.

En 1519 y 1520 Hernando de Magallanes recorrió toda la costa de la actual Argentina durante la Expedición de Magallanes-Elcano, hasta el estrecho que lleva su nombre al que llegó el 21 de octubre de 1520.

En 1525 fray García Jofre de Loaísa dirigió una expedición que recorrió la Patagonia e incluso se establecieron brevemente en el Puerto Santa Cruz para reparar dos naves.

En 1526 Sebastián Gaboto (italiano) tomó contacto en Santa Catarina (Brasil) con los guaraníes que habían pertenecido a la expedición de Alejo García y decidió ir hacia el Imperio de Plata, navegando aguas arriba el Río de la Plata conocido entonces como Río de Solís. El 9 de junio de 1527 Gaboto ordenó establecer dos fuertes: uno en el actual territorio uruguayo (San Salvador) y otro, al que llamó Sancti Spíritu, primer asentamiento europeo en el actual territorio argentino, en la actual provincia de Santa Fe. Un expedicionario de Gaboto, Francisco César, llegó posiblemente a Córdoba. Gaboto remontó también el Río Paraná, el Río Paraguay y el Río Bermejo.

Diego García de Moguer llegó a Sancti Spíritu poco después de Gaboto e intentó imponer su autoridad. Sin embargo el hambre y las derrotas con los timbúes y charrúas los obligaron a volver a España, donde difudieron las noticias sobre el Rey Blanco y el Río de la Plata.

Portugueses y españoles aceleraron entonces los planes para tomar posesión de esa región, que ambos consideraban estaba de su lado de la Línea de Tordesillas.

En 1531 Portugal envió una gran expedición al mando de Martín Alfonso de Souza para tomar posesión del Río de la Plata y expulsar a los españoles. Llegó hasta la Isla Martín García, que rebautizó Santa Ana. Se internó por el Río Uruguay y se enteró que los españoles del fuerte San Salvador habían sido derrotados. Decidió entonces retirarse al Cabo de Santa María (donde actualmente se encuentra La Paloma, Uruguay). Allí realizó mediciones astronómicas y llegó a la conclusión que estaba del lado español de la Línea de Tordesillas, por lo que volvió a Portugal sin realizar fundación alguna.

En 1536 Pedro de Mendoza fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre. Sin embargo, el asentamiento fracasó debido a las hambrunas y los conflictos con los indígenas. Algunos de los habitantes de la población, privados de alimentos y sitiados por los indígenas, se vieron llevados al canibalismo. La ciudad fue abandonada, y sus pobladores se establecieron en Asunción, que se constituyó en centro de operaciones español en la región.

Mapa del Paraguay o Provincia del Río de la Plata, alrededor de 1600

En 1580, saliendo desde Asunción, Juan de Garay refundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida simplemente como Buenos Aires. Esta ciudad, así como todas las que se encontraban en lo que hoy es la República Argentina, formaban parte del Virreinato del Perú, con sede en Lima.

Colonización

En 1776, los españoles elevaron el estatus de esta región de gobernación a virreinato, al establecer el Virreinato del Río de la Plata. Este virreinato abarcó lo que hoy es la Argentina, Uruguay y Paraguay, así como también la mayor parte de la actual Bolivia.

En un principio, la ciudad de Buenos Aires había sufrido serios problemas de aprovisionamiento de bienes básicos, ya que el comercio exterior era monopolizado por España y dicho país priorizaba el puerto de Lima, dado que allí se podían obtener grandes cantidades de oro y plata, productos ausentes en los alrededores de Buenos Aires. Como consecuencia, se produjo un fuerte desarrollo del contrabando. La principal producción de Buenos Aires por aquel entonces era el cuero. La situación de la ciudad mejoró tras la creación del Virreinato del Río de la Plata.

España impuso el cristianismo y el idioma castellano. En toda la Hispanoamérica regían las costumbres y modas españolas, aunque las diferentes etnias y culturas que integraron la población colonial también encontraron mecanismos para preservar algunos aspectos de sus patrimonios culturales, lingüísticos y religiosos, que muchas veces se fusionaron entre sí para generar nuevas manifestaciones culturales.

España impuso en sus colonias americanas un sistema de castas con tres grupos principales, blancos, indios y negros, así como también los grupos derivados del mestizaje de los demás: mulato, mestizo, zambo, tercerón, cuatralbo, zambaigo, tresalbo, mulato prieto, zambo prieto y cuarterón. Los híbridos se consideraban "manchados" o de "sangre impura", pero existían diferencias entre ellos ya que, mientras la "sangre india" "manchaba" por tres generaciones, la "sangre negra" "manchaba" para toda la eternidad. En la cima del sistema de castas se encontraban los españoles peninsulares, considerados de "sangre pura" a los que se reconocía la mayor cantidad de privilegios, seguidos de los españoles americanos, conocidos como "criollos", descendientes legítimos de padre y madre españoles, pero con menos derechos que aquellos. En el lugar más bajo de la escala social se encontraban los

"negros" ocupando el último lugar aquellos nacidos en ÁfricaSin embargo, dicha separación no era tan estricta como en el caso de las castas hindues, y sus convenciones solían ser postergadas si las necesidades prácticas así lo requerían.

Así, durante las Invasiones Inglesas se dieron armas y rangos militares a varios grupos que en circunstancias normales no podrían acceder a tales puestos, y la escasez de mujeres españolas promovió el mestizaje. Del mismo, y teniendo como una de sus bases económicas la ganadería extensiva o el acarreo y faena de grandes rebaños, surgieron los mancebos de la tierra ya en el siglo XVII y luego los gauchos, los cuales tendrían un rol decisivo en la gesta emancipatoria del siglo XIX.


Surgimiento del Estado nación (1806-1852)

En 1806 y 1807, en el marco de las Guerras Napoleónicas que tenían lugar en Europa, tuvieron lugar las Invasiones Inglesas. Sir Home Riggs Popham y William Carr Beresford encabezaron la primera, que tomó el control de la ciudad de Buenos Aires durante 45 días hasta su expulsión por parte de un ejército proveniente de Montevideo encabezado por Santiago de Liniers. Un segundo ataque, encabezado por John Whitelocke, logró ser resistido exitosamente. El conflicto tuvo consecuencias políticas: se creó un quiebre del derecho institucional vigente en el virreinato, al ser destituido el virrey Rafael de Sobremonte y electo el victorioso Liniers por aclamación popular, sin intervención directa del Rey de España. Además, durante el segundo conflicto, los soldados disponibles eran insuficientes y no se podía contar con el auxilio de la metrópoli, por lo que varios sectores de la población habitualmente postergados recibieron armamento y mando de tropas. Esto les permitió tener una mayor injerencia en los asuntos de la vida pública. Entre ellos se destacaba el Regimiento de Patricios, compuesto por criollos y comandado por Cornelio Saavedra.

la Independencia de los Estados Unidos (1776), la Revolución francesa (1789) y las nuevas ideas de la Ilustración, se combinaron con las tradiciones de lucha de criollos, indígenas y afroamericanos contra el Imperio español para impulsar las ideas de libertad, igualdad e independencia en Latinoamérica.

La Revolución de Mayo de 1810 destituyó y expulsó al Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, y proclamó, tras un Cabildo Abierto, el primer gobierno formado mayoritariamente por criollos en las Provincias Unidas del Río de la Plata, denominado la Primera Junta.

Entre 1810 y 1820 se sucedieron dos juntas de gobierno, dos triunviratos y el Directorio, una forma unipersonal y centralista de gobierno.

Viernes 18
El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe trayendo periódicos que confirman los rumores que circulaban intensamente por Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

El viernes 18 el virrey Cisneros hizo publicar lee por los pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: "A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires." El virrey advertía que "en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno" él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando. Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa del monarca contra toda dominación extraña y, finalmente prevenía al pueblo sobre "los genios inquietantes y malignos que procuran crear divisiones". A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el futuro del virreinato.
La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la en la jabonería de Vieytes. La misma noche del 18 los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.

Sábado 19

Las reuniones continuaron hasta la madrugada del Sábado 19 y sin dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto. Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva.

Domingo 20

El domingo 20 el virrey Cisneros reunió a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche Castelli y Martín Rodríguez insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le contestó "Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran" y convocó al Cabildo para el día 22 de Mayo. En el "Café de los Catalanes y en "La Fonda de las Naciones", los criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción

Lunes 21

A las nueve de la mañana se reunió el Cabildo como todos los días para tratar los temas de la ciudad. Pero a los pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus labores. La Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la "Legión Infernal" y pedía a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los cabildantes acceden al pedido de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y anuncia formalmente el ansiado Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los "infernales" no se calman, piden a gritos que el virrey sea suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus reclamos.

Martes 22

Ya desde temprano fueron llegando los "cabildantes". De los 450 invitados sólo concurrieron 251. También estaba presente una "barra" entusiasta. En la plaza French, Beruti y los infernales esperan las novedades. La cosa se fue calentando hasta que empezaron los discursos, que durarán unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia. Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que habiendo caducado el poder real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América. El Fiscal de la Audiencia, Manuel Villota señaló que para poder tomar cualquier determinación había que consultar al resto del virreinato. Villota trataba de ganar tiempo, confiando en que el interior sería favorable a la permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo que no había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta de gobierno.

Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto el que eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.

"Modales"

El debate del 22 fue muy acalorado y despertó las pasiones de ambos bandos. El coronel Francisco Orduña, partidario del virrey, contará horrorizado que mientras hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas revolucionarias "... mientras que a los que no votaban contra el jefe (Cisneros), se les escupía, se les mofaba, se les insultaba y se les chiflaba."

Miércoles 23

Por la mañana se reunió el Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y emite un documento: "hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excmo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excmo. Cabildo (...) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente. El síndico Leiva, adicto al virrey prepara una maniobra: nombrar una Junta presidida por Cisneros.

Jueves 24

Se confirmaron las versiones: el Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey e integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta Muchos como el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia. Cuenta Tomás Guido en sus memorias "En estas circunstancias el señor Don Manuel Belgrano, mayor del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión en la sala contigua, reclinado en un sofá, casi postrado por largas vigilias observando la indecisión de sus amigos, púsose de pie súbitamente y a paso acelerado y con el rostro encendido por el fuego de sangre generosa entró al comedor de la casa del señor Rodríguez Peña y lanzando una mirada en derredor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada dijo: "Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas."
Por la noche una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su renuncia. La junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.

Así recuerda Cisneros sus últimas horas en el poder:
"En aquella misma noche, al celebrarse la primera sesión o acta del Gobierno, se me informó por alguno de los vocales que alguna parte del pueblo no estaba satisfecho con que yo obtuviese el mando de las armas, que pedía mi absoluta separación y que todavía permanecía en el peligro de conmoción, como que en el cuartel de Patricios gritaban descaradamente algunos oficiales y paisanos, y esto era lo que llamaban pueblo, (..). Yo no consentí que el gobierno de las armas se entregase como se solicitaba al teniente coronel de Milicias Urbanas Don Cornelio de Saavedra, arrebatándose de las manos de un general que en todo tiempo las habría conservado y defendido con honor y quien V.M las había confiado como a su virrey y capitán general de estas provincias, y antes de condescender con semejante pretensión, convine con todos los vocales en renunciar los empleos y que el cabildo proveyese de gobierno."

El 25 de mayo de 1810

Todo parece indicar que el 25 de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío. Pero la "sensación térmica" de la gente era otra . Grupos de vecinos y milicianos encabezados por Domingo French y Antonio Beruti se fueron juntando frente al cabildo a la espera de definiciones. Algunos llevaban en sus pechos cintitas azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían usado durante las invasiones inglesas.
Pasaban las horas, hacía frío, llovía y continuaban las discusiones. El cabildo había convocado a los jefes militares y estos le hicieron saber al cuerpo a través de Saavedra que no podían mantener en el poder a la Junta del 24 porque corrían riesgos personales porque sus tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó "¿Dónde está el pueblo?". En esos momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala capitular seguido de algunos infernales y dijo "Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces, Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada." Poco después se anunció finalmente que se había formado una nueva junta de gobierno .El presidente era Cornelio Saavedra; los doctores Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios; fueron designados seis vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu. Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia.

La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII. Así lo recuerda Saavedra en sus memorias "Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos."
Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la "máscara de Fernando", es decir, decían que gobernaban en nombre de Fernando pero en realidad querían declarar la independencia. Pensaban que todavía no había llegado el momento y no se sentían con la fuerza suficiente para dar ese paso tan importante. La máscara de Fernando se mantendrá hasta el 9 de julio de 1816.
Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el manto de Fernando y se resistieron a aceptar la nueva situación.
En Buenos Aires el ex virrey Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no acataba la autoridad de Buenos Aires y logrará ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y enviados a España en un buque inglés.

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MIRAME MADRE CELESTIAL

María Madre de Gracia

María Madre de Gracia y de la Misericordia, te pedimos que presurosa intersedas ante Nuestro Señor Jesucristo, para que convierta nuestros corazones, procurando ser más fieles cada día a Dios Padre.
Dignate... Madre Nuestra, a asistirno a cada momento, para ser más parecidos a Nuestro Señor Jesucristo, y así, lograr la santificación, para que al llegar a la muerte, podamos correr presurosos a los brazos de Nuestro Padre Celestial.
Señora de los cielos, no nos quites tus ojos maternales, no vuelvas tu rostro a estos... tus débiles hijos, que no dudan en ofender a Nuestro Señor Jesucristo.
Intercede Madre de los Cristianos, para que el Rey de Reyes y Señor de Señores, envie al Espíritu Santo... Divino Paráclito, y encienda nuestros Corazones con su Fuego, para que se consuman de Amor por tu Hijo, quien no dudó en dar su vida por nosotros.
Enciende Señor nuestros Corazones que se han congelado y endurecido por el pecado. ¡Quema Señor!... ¡Quema mi corazón para que se purifique!, para que se consuma mi vida de Amor por vos, como una braza se consume por el fuego. Que mi alma arda por tu fuego Santo y sea limpiada, para que quede blanca como la nieve.
Madre Mía... a tí acudo con este deseo ferviente, a tí clamo presuroso por una conversión profunda, por una unión más sólida con la Santa Iglesia, que es la unión con el Tres Veces Santo... con el León de Judá.
Mamá... Mamá del Cielo... acompañanos en este caminar para que seas tú nuestra dulce Guía.
////////////////////////////////////////AMÉN.